El concepto de “podredumbre cerebral” ha pasado de ser un término coloquial utilizado en redes sociales a una preocupación real para la comunidad científica. Esta expresión describe el agotamiento cognitivo que experimentan los usuarios tras someterse a jornadas prolongadas de consumo de contenido digital repetitivo, revelando patrones de alteraciones en el funcionamiento del cerebro derivados del uso intensivo de dispositivos electrónicos.
En la actualidad, la cotidianidad está saturada de notificaciones constantes y videos de corta duración que fragmentan la atención. Este flujo ininterrumpido de estímulos ha generado serios interrogantes sobre la capacidad de concentración y el desarrollo neurológico, con un énfasis especial en la población de niños y adolescentes.
Diversas investigaciones han confirmado que la exposición desmedida a las pantallas no solo perjudica la higiene del sueño, sino que modifica de forma estructural el cerebro.
La influencia de los videos cortos en la memoria
La experta Catherine Price, quien escribió el libro Cómo romper con tu teléfono, ha señalado que la incapacidad para concentrarse es una de las mayores quejas en la actualidad. Según Price, personas que anteriormente tenían el hábito de la lectura ahora encuentran serias dificultades para terminar un libro. Sobre este fenómeno, la autora puntualizó:
“Creo que eso explica gran parte del estrés y el agotamiento que muchas personas experimentan estos días”.
El consumo de clips rápidos en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube Shorts tiene un efecto directo en la reducción de la memoria y los periodos de atención.
Un metaanálisis reciente ha vinculado el uso frecuente de estos formatos con un deterioro de las funciones cognitivas y un incremento notable en los niveles de ansiedad entre los usuarios.
Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano reacciona a estímulos inesperados, pero la fragmentación digital actual impide mantener el enfoque en tareas de larga duración. Nataliya Kos’myna, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha observado que para un usuario habituado a la inmediatez, incluso ver un tutorial de 20 minutos puede resultar una tarea tediosa.
Transformaciones en la estructura cerebral
El especialista en psicología y neurociencia de la Universidad de Temple, Jason Chein, ha identificado variaciones en las conexiones neuronales al comparar a individuos con alta conectividad digital frente a quienes tienen un uso moderado.
Aunque Chein aclara que la correlación no siempre implica una causa directa, sugiere que las personas con mayor tendencia a la distracción podrían estar buscando estos estímulos digitales de forma más recurrente.
Por otro lado, un estudio publicado en 2025 por la revista Translational Psychiatry, que analizó a más de 7.000 menores en Estados Unidos, arrojó datos alarmantes. Se descubrió que el uso excesivo de pantallas está ligado a una disminución del grosor cortical en áreas cerebrales clave para la toma de decisiones, el control de la impulsividad y el manejo inhibitorio.
Mitch Prinstein, asesor de la Asociación Estadounidense de Psicología, destacó que estas zonas también gestionan los comportamientos adictivos. Además, la investigación estableció un vínculo entre el tiempo de pantalla y el incremento de síntomas relacionados con el Trastorno por Déficit de Atentción e Hiperactividad (TDAH).
El desarrollo adolescente y la falta de descanso
El uso nocturno de tecnología es señalado como el principal responsable de la privación de sueño en jóvenes. Prinstein sostiene que esta falta de descanso crónico durante etapas críticas del crecimiento afecta directamente a la sustancia blanca del cerebro, la cual es vital para la transmisión de señales entre neuronas.
Una reducción en la calidad de la sustancia blanca puede derivar en problemas de comprensión lectora, limitación del vocabulario y mayor impulsividad.
Inteligencia Artificial: ¿Un atajo peligroso?
El rol de los chatbots de inteligencia artificial en el ámbito educativo también ha sido analizado. Un estudio dirigido por Kos’myna demostró que los estudiantes que redactaron trabajos utilizando IA no lograron retener la información y presentaron una menor actividad en sus procesos cerebrales. 
Respecto a este hallazgo, la investigadora aclaró que
“lo que medimos se llama conectividad cerebral funcional”
, enfatizando que no es una cuestión de capacidad intelectual, sino de cómo interactúan las regiones del cerebro al delegar el esfuerzo cognitivo. Kos’myna advirtió que
“a nuestros cerebros les encantan los atajos”
, y que dejar de ejercitar ciertas habilidades puede llevar a su atrofia.
Medidas para proteger la salud mental
Para mitigar estos efectos, los expertos recomiendan centrarse en el tipo de contenido y no solo en las horas de uso. Algunas estrategias sugeridas incluyen:
- Eliminar redes sociales de los dispositivos de los niños para reducir el impacto negativo.
- Mantener los teléfonos y tablets fuera de los dormitorios durante la noche.
- Utilizar bloqueadores de aplicaciones para gestionar el tiempo de conexión.
- Fomentar desafíos cognitivos constantes que estimulen el aprendizaje real.
La moderación y la elección consciente de las herramientas digitales son fundamentales para salvaguardar la salud cognitiva en un mundo cada vez más automatizado.
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