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Chimpancés y el lenguaje de señas: hitos y límites de la comunicación

Desde la década de 1960, la comunidad científica ha seguido de cerca los ensayos que involucran a chimpancés y el uso del lenguaje de señas. Diversas investigaciones académicas han profundizado en este campo, destacando casos emblemáticos que cuestionan las fronteras entre el lenguaje humano y animal. Uno de los ejemplos más citados es el de Washoe, una chimpancé que fue criada por Allen y Beatrix Gardner en un ambiente diseñado para emular la crianza de un infante humano, utilizando la Lengua de Señas Americana (ASL) como único medio de interacción.

Iniciado en 1966 por los Gardner, este proyecto se basó en la inmersión absoluta. Los cuidadores que rodeaban a Washoe empleaban únicamente señas, facilitando un entorno de aprendizaje natural infantil. Gracias a este método, la primate logró dominar e integrar a su comunicación más de cien signos para interactuar con sus cuidadores humanos.

No obstante, el estudio de la cognición animal no se detuvo ahí. También resaltan los trabajos realizados con Nim Chimpsky y Loulis. En el caso de Nim, el investigador Herbert Terrace buscaba determinar si estos animales eran capaces de estructurar oraciones gramaticales complejas mediante los signos aprendidos. Por otro lado, Loulis representó un hito al adquirir el lenguaje de señas mediante la observación e interacción con sus pares chimpancés, sin que mediara un entrenamiento humano directo.

Washoe, la chimpancé entrenada por Allen y Beatrix Gardner, logró aprender y usar más de 100 signos del lenguaje de señas americano (Imagen Ilustrativa Infobae)

Resultados y obstáculos en el diálogo con primates

Las investigaciones revelaron que los sujetos eran capaces de memorizar una cifra importante de señas para identificar elementos cotidianos o manifestar necesidades inmediatas. Por ejemplo, Washoe utilizaba sus más de 100 signos no solo para pedir alimento o señalar objetos, sino también para exteriorizar estados emocionales simples.

Sin embargo, los estudios hallaron barreras significativas: aunque los chimpancés podían encadenar gestos, estas secuencias carecían de una estructura gramatical sofisticada. No se detectó la capacidad de construir frases complejas como lo haría un niño pequeño; sus interacciones eran más bien series de palabras clave supeditadas al contexto inmediato.

El estudio de Nim Chimpsky fue determinante para entender estas limitaciones. El análisis pormenorizado indicó que el uso de señas se fundamentaba principalmente en la repetición e imitación de los cuidadores, más que en una producción lingüística espontánea o creativa. Nim solía replicar las acciones de los especialistas en lugar de mostrar una iniciativa comunicativa independiente. Respecto a Loulis, aunque se confirmó la transferencia de signos entre miembros de la misma especie, este fenómeno se mantuvo en un repertorio limitado y contextos muy puntuales, sin mostrar expansión creativa.

El método de inmersión total permitió a Washoe comunicarse con cuidadores humanos a niveles comparables al desarrollo lingüístico infantil (Imagen Ilustrativa Infobae)

Implicaciones sobre la cognición y la evolución lingüística

Estos experimentos plantean un debate profundo sobre las capacidades compartidas entre humanos y chimpancés en lo que respecta a la comunicación simbólica. El hecho de que puedan vincular símbolos con acciones u objetos demuestra que poseen mecanismos de aprendizaje social, tales como la memoria asociativa y la imitación, los cuales también son pilares del lenguaje humano.

La transmisión de señas de Washoe hacia Loulis es una prueba de procesos de aprendizaje que guardan similitudes con las etapas tempranas del desarrollo lingüístico infantil. No obstante, la carencia de una gramática estructurada y de la posibilidad de generar frases inéditas marca una división clara. El salto evolutivo hacia el lenguaje humano requiere de adaptaciones biológicas y facultades cognitivas que, hasta la fecha, no se han hallado plenamente en otras especies.

Estas investigaciones ayudan a situar a los primates en el espectro evolutivo, confirmando que el lenguaje humano es una facultad única que combina capacidades presentes solo de forma parcial en el resto de los animales.

Las secuencias de signos empleadas por los chimpancés carecen de una estructura gramatical compleja propia del lenguaje humano (AdobeStock)

Debates científicos y el desafío del antropomorfismo

La interpretación de estos datos ha dado pie a discusiones fundamentales en el ámbito científico. Una de las mayores controversias es si los primates realmente entienden el simbolismo del lenguaje o si actúan bajo procesos de condicionamiento e imitación.

El análisis de los datos dirigido por Herbert Terrace concluyó que Nim no producía frases nuevas ni complejas, sino que sus combinaciones de signos eran respuestas a estímulos o repeticiones de las acciones de los cuidadores.

Este hallazgo llevó a muchos especialistas a poner en duda que los chimpancés comprendan la función simbólica y estructural del lenguaje, considerando que en muchos casos solo asocian gestos a recompensas o situaciones inmediatas. Asimismo, la ciencia advierte sobre el antropomorfismo, es decir, el riesgo de proyectar intenciones humanas en los animales, lo que podría distorsionar la interpretación de las conductas reales de los chimpancés.

A pesar de estos límites, el estudio de estos grandes simios ha expandido nuestra visión sobre la mente animal e impulsado nuevas interrogantes sobre el aprendizaje, aunque el consenso científico actual mantiene que el lenguaje humano sigue siendo un sistema de comunicación inigualable en su flexibilidad y complejidad.

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