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Memorias de una ‘Nena’ de Sandro: Lealtad y pasión por Roberto Sánchez

El fenómeno de Las Nenas de Sandro no fue producto de una campaña de marketing ni de una estrategia comercial. Se trató de un vínculo afectivo que se gestó de forma espontánea durante décadas. Antes de que el propio Roberto Sánchez las bautizara con ese nombre, estas mujeres ya acompañaban al artista en sus presentaciones por teatros de provincia, clubes de barrio y extensas giras.

Durante los años setenta y ochenta, la devoción por Sandro exigía un compromiso diferente al de la actualidad. Sin la inmediatez de las redes sociales, seguir al ídolo demandaba esfuerzo, tiempo y una constancia inquebrantable. La relación se nutría de cartas, clubes de admiradoras y esperas prolongadas, siempre bajo un código de respeto mutuo. Con el paso del tiempo, muchas de aquellas jóvenes se alejaron de la esfera pública, guardando sus vivencias como un tesoro personal.

La historia de Graciela Loviza

Entre las seguidoras históricas destaca Graciela Loviza, quien conoció al cantante en 1978, a la edad de 17 años. A pesar de haber estado presente en momentos clave de la trayectoria del artista, siempre optó por mantener una postura discreta. Hoy, desde su retiro en Ituzaingó, Graciela recuerda aquellos años como una experiencia colectiva que definió a toda una generación.

—Él marcó ese camino de ser tan, tan perfil bajo. Realmente. Y para la persona que lo quiso y que lo respetó —yo voy a hablar de mí en primera persona— eso también era una forma de acompañarlo. Yo siempre dije: soy perfil bajo. Y sí, yo soy así. Inclusive antes de que existiera esto de “las nenas”, porque cuando él empezó a bautizarnos con ese nombre, yo ya tenía una historia. Yo lo conocí en el 78. Imagináte si hace años.

Las Nenas de Sandro surgieron de un lazo afectivo genuino que se forjó a lo largo de los años entre el artista y sus seguidores.

El desafío de seguir a un ídolo sin tecnología

Graciela explica que, a diferencia de la facilidad que ofrecen hoy las plataformas digitales para contactar a una celebridad, en su época el acceso era limitado. Sandro no solía frecuentar sitios públicos y resguardaba celosamente su privacidad.

A pesar de no tener una tradición familiar de fanatismo, Graciela descubrió al artista a los ocho o nueve años, iniciando lo que define como un amor eterno. Al cumplir los 16, su única vía para acercarse fue integrarse a un club de admiradoras.

—Fue algo muy tranquilo. Era otra época. No sé si hoy se podría hacer lo mismo con la inseguridad que hay. Íbamos a verlo a lugares muy distintos, desde el Teatro Ópera hasta clubes barriales. Él recorría pueblos y ciudades chicas.

El perfil bajo y la discreción definieron tanto la vida privada de Sandro como la actitud de sus admiradoras históricas.

Las giras y el origen de las ‘Nenas’

Mientras sus amigas preferían otras actividades recreativas, Graciela dedicaba su tiempo a seguir las rutas del cantante. Recuerda un ambiente sano donde compartían charlas con los músicos hasta el amanecer.

El término “mis nenas” surgió en la etapa final de su carrera. Graciela recuerda que la masividad del grupo creció cuando Sandro comenzó a recibir a sus seguidoras en su casa para sus cumpleaños, un gesto inusual en figuras de su talla.

Graciela Loviza y Sandro: en las décadas de 1970 y 1980, las fans demostraron una lealtad inquebrantable a través de clubes de fans y encuentros presenciales.

—Muchas vivencias muy bonitas. Cuando el club se disuelve, quedamos muy pocas. Una de ellas fue Mabel Armentía. Otra, yo. Pero yo siempre fui bastante reticente. En algún momento sentí que esas vivencias eran mías. No me cambiaba la vida publicarlas. Hoy, con 64 años, digo que tuve muchas cosas positivas y que no tengo nada que perder.

Sandro en la memoria colectiva y en TikTok

La vigencia del intérprete de «Rosa Rosa» se mantiene intacta. En 2025, año en que el ídolo habría cumplido 80 años, se realizaron múltiples homenajes. Graciela observa con asombro cómo las nuevas generaciones lo redescubren a través de plataformas como TikTok.

Recuerdos personales de Graciela Loviza.

—Lo que pasa es que, a ver… Yo no quiero hablar mal de nadie, pero convengamos en que lo que Sandro le ponía era el alma a la música. Él llevaba la pasión a todo. Su carrera fue realmente una pasión. Así como hay gente que estudia medicina y vive eso como una vocación absoluta, él vivía su música de esa manera. Mucha gente canta, pero él, además de cantante, era autor. Y le ponía el corazón. Y el romanticismo. Ese amor y ese respeto hacia la mujer, que es lo que realmente conquistaba a una mujer en una pareja. Sin irnos a lo chabacano, a lo vulgar.

Graciela Loviza junto a Sandro en uno de los encuentros que marcaron una relación construida con los años desde el respeto y la cercanía.

Para Graciela, el éxito de Sandro radicaba en su capacidad de conectar desde el romanticismo puro y el respeto, alejándose de lo vulgar y manteniendo siempre un lenguaje cuidado en sus composiciones.

—Él siempre se mantuvo dentro de ese contexto de respeto, de romanticismo puro. Y muchos chicos jóvenes, muchas generaciones que nunca lo habían escuchado, de pronto creo que hoy invierten su tiempo en escucharlo o lo están redescubriendo. Y se están dando cuenta del artista que tuvimos. Y que, gracias a Dios, como digo yo siempre, fue un artista argentino. Gracias a Dios.

¿Qué implica ser una ‘Nena’?

Para esta seguidora histórica, la entrega fue total, comparándola con la pasión que un hincha siente por su club de fútbol. A pesar de los sacrificios en amistades o salidas, asegura que no se arrepiente de nada.

Postal de una fan de Sandro (Editorial Atlántida)

—No. Yo hace años que me abrí. Cuando hay eventos oficiales voy. El resto del año lo recuerdo desde otro lugar. Siento que mi misión ya terminó.

Una vida dedicada a la salud en Ituzaingó

Hoy, Graciela Loviza lleva una vida apacible. Trabajó gran parte de su trayectoria en el sector sanitario, desempeñándose en emergencias médicas y en internación domiciliaria. Actualmente, tras jubilarse hace tres años en el mes de octubre, vive con su hermano, su cuñada y sus cuatro sobrinas.

La vigencia de Sandro se refleja en nuevas generaciones que lo redescubren a través de redes sociales como TikTok y en homenajes recientes.

Su amor por Ituzaingó es profundo, aunque observa con nostalgia cómo la urbanización y la construcción de edificios han transformado el paisaje de las casas de época de su infancia.

El encuentro que lo cambió todo

El recuerdo más nítido de Graciela se remonta al lunes 12 de julio de 1978. Ese día, en las oficinas ubicadas en calle Tucumán al 1400, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, finalmente estuvo frente a su ídolo.

—El día que lo conocí fue tocar el cielo con las manos. Lo descubrí cuando tenía ocho o nueve años, en la época de Pipo Mancera y Héctor Coire. Soñaba con él. El día que lo conocí, a los diecisiete años, fue una noche mágica… Entré y lo vi ahí contra la pared. Fue mi sueño hecho realidad. Fue una conjunción perfecta de emociones, muchos nervios y pasión.

El club de fans de Sandro funcionó como un espacio de amistad y vivencias únicas, alejadas de cualquier tipo de publicidad o exposición mediática.

Con el tiempo, la idealización dio paso a la comprensión del hombre detrás del mito. Graciela aprendió a valorar la rapidez mental, la lealtad con sus amistades y la generosidad anónima que caracterizaba a Sandro, quien siempre ayudaba a los demás sin buscar reconocimiento público.

Recuerdos de giras, clubes de fans y esperas que forjaron el vínculo de las nenas de Sandro, una experiencia colectiva que hoy se resignifica en la memoria y el legado del artista.

Fuente: Fuente

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