La profunda crisis que atraviesa Cuba ha alcanzado un nuevo punto crítico al golpear severamente al transporte público. Esta problemática se suma a una cadena de carencias que ya afectaba el funcionamiento de ambulancias, la llegada de insumos médicos esenciales por vía aérea y la estabilidad del servicio eléctrico en los centros hospitalarios de la isla.
Para un ciudadano promedio en La Habana, los gastos de movilización representan aproximadamente el 16% de su salario mensual. Maykel, un residente de 35 años, ejemplifica el drama de miles de cubanos que lidian diariamente con el colapso de la movilidad. Aunque la población está habituada a un sistema limitado, el escenario actual ha sobrepasado cualquier expectativa previa.
“Pero, bueno, sobrevivimos”
, declaró Maykel.
Medidas gubernamentales y restricciones
Frente a este panorama, el régimen liderado por Miguel Díaz-Canel ha puesto en marcha un esquema de contingencia centrado en la reducción del transporte público y un estricto racionamiento de combustible. Estas medidas han provocado un incremento desmedido en los valores del mercado informal. Además, las sanciones de Estados Unidos contra las naciones que proveen petróleo a la isla siguen impactando una economía que suma ya seis años de deterioro continuo.
La ausencia de autobuses en las zonas urbanas es cada vez más notoria, dejando las paradas con multitudes desesperadas o bancos vacíos debido a la resignación de los usuarios.

El sentimiento de incertidumbre es generalizado. Miguel Leyva, un jubilado de 71 años, relató haber esperado bajo el sol de la capital durante cuatro horas sin éxito.
“El transporte está pésimo. Las guaguas no las ponen. Ponen una y después a las 10 horas no ponen más. No hay dinero ni para pagar ni para comer”
, expresó con amargura. Su situación es precaria, ya que percibe una pensión de apenas 2.000 pesos cubanos, lo que equivale a unos cuatro dólares en el mercado informal de divisas.
Un mercado de hidrocarburos paralizado
La carencia de hidrocarburos ha dejado las arterias viales prácticamente desiertas. Mientras las estaciones de servicio que cobran en moneda nacional han dejado de operar y las de diésel permanecen clausuradas, las gasolineras que venden en dólares exigen reservar turno mediante una aplicación móvil. En esta plataforma, la espera puede extenderse por meses para obtener un cupo máximo de 20 litros. A este obstáculo se añade la inestable red de internet inalámbrica en el país.
Debido al encarecimiento del mercado negro, ciudadanos como Andrés, de 67 años, han recurrido al uso de la bicicleta.
“Si pago esos precios me voy a la ruina. Yo no veo que haya ningún tipo de prosperidad. Aquí la gente se va a cualquier parte del planeta porque ya aquí hoy es invivible”
, afirmó. Es importante señalar que Cuba solo produce el 40% del combustible que requiere para su consumo, dependiendo históricamente de aliados como Venezuela y Rusia para abastecer su déficit energético.
Incluso alternativas como los triciclos eléctricos enfrentan barreras, ya que los constantes apagones impiden su recarga diaria. Crespo, un transportista de 60 años, detalló cómo la falta de diésel afecta incluso el uso de sus generadores. Durante la jornada del jueves, el tráfico en La Habana desapareció casi por completo, obligando a los habitantes a desplazarse en motos, bicicletas o triciclos.

Impacto en el sistema sanitario
Paralelamente, el sistema de salud se encuentra en una situación alarmante. El ministro de Salud reconoció que servicios de alta complejidad, tales como cardiología, ortopedia, oncología y la atención a pacientes graves que dependen de soporte eléctrico, están sufriendo directamente por la contingencia actual.
A pesar de que históricamente el modelo cubano mantuvo indicadores sociales destacados —como una baja mortalidad infantil y una alta esperanza de vida—, la crisis económica agudizada tras la pandemia de coronavirus hace cinco años ha transformado radicalmente la vida cotidiana en la isla.
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