Al menos seis filtros de seguridad deben cruzar quienes acceden hasta el Centro de Privación de Libertad Santa Elena n.º 1, más conocido como Cárcel del Encuentro.
Desde hace tres meses, esta prisión considerada de máxima seguridad se mantiene en operaciones, sin recibir visitas de familiares de reos ni de abogados. También se evita el traslado de detenidos por atenciones en los exteriores.
Acceso y controles en la Cárcel del Encuentro
Fachada del ingreso a la Cárcel del Encuentro. Foto: EL UNIVERSO
Desde la comuna Juntas del Pacífico, quienes buscan llegar al centro deben acceder por un camino de segundo orden que ahora es asfaltado. A pocos metros del centro poblado, la ruta tiene un primer punto de control militar, armado con una carpa y sacos de cemento. Desde allí se limita el acceso. No hay paso para civiles que no justifiquen su cruce hacia la cárcel.
Como parte de los protocolos, el Gobierno estableció un perímetro de seguridad de 2,5 kilómetros a la redonda, donde no se puede levantar ninguna construcción y hay restricciones de paso vehicular y peatonal.
Luego de veinte minutos de viaje en auto, otro punto militar similar al primero realiza un segundo control a pocos metros del reclusorio.
Unos metros más adelante asoma la gigante estructura de la prisión, cuyo perímetro está limitado en la parte frontal por un muro de gaviones y una garita con puerta metálica. Allí, así como en decenas de puntos, se replican las cámaras de distinta tecnología.
Ya adentro, en una primera edificación, policías realizan registros de las personas y luego chequeos corporales, de rayos X y detectores de metales. Nadie puede acceder con teléfonos celulares, joyas, dinero, correas ni otros objetos que podrían representar un riesgo.
Revisiones por parte de personal policial en el ingreso a la cárcel. Foto: EL UNIVERSO
Avanzando varios metros por una loma, aparece el edificio administrativo de la cárcel, donde se replican nuevos filtros policiales, nuevamente con equipos especiales.
Finalmente, este edificio desemboca en un patio plano que está limitado por dos franjas de rejas metálicas adornadas con alambres de púas y en cada esquina hay torres de control. Antes de cruzar, otros policías también realizan vigilancia.
En los alrededores de los pabellones se mantienen torres de control.
En el patio principal se distribuyen los cuatro primeros polígonos que ya están ocupados y uno restante, al fondo a la derecha, queda aún desocupado.
En el acceso a cada uno de estos hay más policías encargados de puertas metálicas y de rejas que conducen a las celdas.
Los reos, que lucen un aspecto rapado e indumentaria naranja, no salen de estos espacios, se mantienen en el interior durante las 24 horas, con una lámpara prendida de manera ininterrumpida.
Cada una de las celdas aloja a un promedio de cuatro reos. Allí tienen literas, ducha y retrete para sus necesidades fisiológicas.
En la parte superior de la puerta de las celdas hay un ventanal, por el cual pueden ser observados desde el exterior, y en la parte baja solo hay una compuerta para entregarles medicinas, comida y ropa.
Tecnología y seguridad avanzada
El ministro del Interior, John Reimberg, resaltó que el centro tiene equipos especiales para cortar cualquier tipo de señal de telecomunicaciones, a pesar de que la zona de alta vegetación ya tiene limitaciones de acceso a las telefónicas con servicio local.
Durante todo el día, los reos pasan en sus celdas. Foto: EL UNIVERSO
Con los aparatos implantados en la zona, el personal de la cárcel ha podido detectar y bajar al menos 500 drones desde que arrancó la construcción del centro. Mientras, a partir de noviembre del año pasado, cuando arrancaron las operaciones, se hizo lo mismo con 18 aparatos, en su mayoría de medios de comunicación.
“Ya hubo un ataque a la construcción, luego de eso fue que se tomaron medidas adicionales y se pudo llegar al término de la construcción que han visto”, dijo el ministro del Interior.
El ministro refirió que con el uso de drones se pretendía sacar imágenes, tratar de atacar, intimidar a trabajadores que realizaban labores en el centro.
“Llevar el proceso de construcción fue muy complejo, hubo que poner mucha seguridad, sobre todo la gente que trabajaba acá tenía que pasar por varios filtros de seguridad para que puedan trabajar aquí”, explicó Reimberg.
A fin de evitar actos de corrupción, Reimberg remarcó que todos los trabajadores, incluyendo policías, han tenido que pasar por varios filtros. Según personal del SNAI, hay tres directores para este centro de máxima seguridad, así uno siempre queda responsable de las llaves del sitio y por cualquier novedad. Ellos también han cumplido pruebas de confianza.
El ministro del Interior, John Reimberg, y el comandante de Policía, Pablo Dávila, en recorrido con este Diario en la Cárcel del Encuentro. Foto: EL UNIVERSO
A la par, el Ministerio del Interior tiene tres centros de mando encargados del monitoreo de cámaras de vigilancia instaladas en la prisión. Uno se ubica en la misma cárcel y otros dos en puntos estratégicos. “Si sucede algo somos informados, me incluyo, inmediatamente si algo sucediera”, remarcó Reimberg.
Por ahora, la prisión alberga a 635 de las 800 plazas disponibles en sus celdas. Para evitar traslados, el centro cuenta con un centro de salud, con emergencia y varias especialidades, además tiene comedor propio para la elaboración de alimentos, así como una planta de agua potable, paneles solares y generadores para dotar de energía a parte del centro.
Reimberg dijo que se ha dejado un espacio necesario para futuras capturas de objetivos de alto valor. No hay plazo fijo para completar el cupo de capacidad de la prisión.
Expansión y planes futuros
Entre fines de marzo e inicios de abril próximo, el ministro adelantó que se espera iniciar labores de construcción de un nuevo centro penitenciario con capacidad para 15.120 personas privadas de la libertad.
A la par, en cuatro semanas se espera tener lista la cárcel La Roca, para que sea usada por mujeres consideradas de alta peligrosidad.
fuente El universo