No data was found

Amor prohibido tras los hábitos: 30 años de Daniel y Mercedes

Daniel Genovesi contaba con apenas 16 años cuando experimentó la vocación sacerdotal. Hasta ese momento, su relación con la institución eclesiástica era estrictamente social, participando en grupos juveniles en su parroquia, donde tocaba la guitarra. Según relata, el contacto con el Evangelio en su círculo de amigos lo llevó gradualmente a una conexión personal con la fe.

Originario de Venado Tuerto, en la provincia de Santa Fe, Daniel ingresó al seminario en 1981, mientras cursaba el cuarto año de la secundaria. Su madre apoyó plenamente la decisión, mientras que su padre, un hombre de campo que solo completó el sexto grado, le brindó un respaldo basado en el respeto a su voluntad:

“Lo que elegiste no es de mi agrado, pero tampoco es malo. Andá y probá. Si ves que es lo tuyo, seguí”

. Aquella lección de libertad marcó profundamente al entonces joven seminarista.

Ese mismo año, en Gualeguaychú, Entre Ríos, Mercedes Tarragona tuvo un encuentro fortuito con un grupo de religiosas que definió su destino a los 13 años. A diferencia de Daniel, su vínculo con la religión fue natal; su madre, tras un parto difícil, la había encomendado a la Virgen de la Merced. Al anunciar su deseo de unirse a la congregación, su madre lo aceptó como el cumplimiento de una promesa, afirmando: “Vino a buscarla”.

Mercedes se trasladó a Avellaneda, en Buenos Aires, para formarse en un colegio de la congregación y tomó los hábitos a los 17 años. Por su parte, Daniel completó nueve años de seminario y fue ordenado sacerdote el 12 de octubre de 1990, a la edad de 26 años. Inició su labor en la diócesis de Venado Tuerto, enfocándose en la pastoral juvenil y el equipo misionero.

El 12 de octubre de 1990 Daniel fue ordenado sacerdote en la catedral de Venado Tuerto, Santa Fe

El primer encuentro entre ambos ocurrió en mayo de 1991, durante una festividad parroquial en Firmat. Él tenía 26 años y ella 22. Tras coincidir nuevamente en otro evento, Daniel le propuso colaborar en proyectos destinados a los jóvenes. Sin buscarlo, el afecto mutuo comenzó a crecer. Cabe destacar que ninguno de los dos había tenido pareja previa ni experiencia sentimental alguna.

La transición de la amistad al amor fue compleja debido a su rigurosa formación.

“Nuestra formación era: la cabeza por encima del corazón”

, explica Mercedes. Daniel, quien se definía como una persona sumamente racional y convencida de su celibato, confiesa que llegó un punto en que la emoción fue imposible de ignorar, llevándolo a la determinación de abandonar los hábitos.

Hoy, desde Emporia, Kansas, la pareja relata que su historia no terminó con la salida de la Iglesia, sino que allí comenzó un arduo proceso de reconstrucción que incluyó años de culpa, tres matrimonios, dos hijas y una evolución espiritual que los llevó incluso a mantener correspondencia con el Papa Francisco. Daniel es enfático al decir: “No somos ejemplo para nadie; solo tratamos de ser coherentes con lo que sentíamos”.

Mercedes tomó los hábitos a los 17 años

Las primeras señales de un cambio

Un hito fundamental ocurrió en la Navidad de 1991, cuando Daniel sintió el impulso irrefrenable de llamar a Mercedes al convento para una charla trivial. Días después, el 3 de enero de 1992, compartieron una misión en Rufino, Santa Fe. Allí, durante un momento de oración grupal, se produjo el primer contacto físico: él colocó su mano sobre la de ella y acarició levemente su dedo meñique, gesto que ella aceptó.

Al volver, Mercedes enfrentó la hostilidad de sus superiores. Fue interrogada por la superiora general, quien cuestionó sus miradas hacia el sacerdote y su cambio de actitud. Mientras tanto, Daniel intentaba asimilar sus sentimientos, consciente de que sus vidas parecían destinadas a rumbos opuestos.

Febrero 1992. Mercedes con su congregación en Calmayo, Córdoba. Junto a ella, tomando mate, está Daniel

Nuevas coincidencias los llevaron a viajar juntos a Calmayo, Córdoba, donde la congregación de Mercedes realizaba actividades vocacionales. Aunque Daniel gozaba de mayor autonomía, Mercedes comenzó a sufrir la denominada ley de hielo por parte de sus compañeras; nadie le dirigía la palabra.

Tras ser cuestionada nuevamente en la sede central de Córdoba a mediados de 1992, fue trasladada a Gualeguaychú. Sin embargo, su permanencia fue breve. Mercedes comprendió que, al tomar los hábitos a los 17 años, no había dimensionado la renuncia a formar una familia, ideal que cambió al conocer a Daniel.

Durante un tiempo pensaron que eran solo buenos amigos

La traumática salida de Mercedes

Después de una década en la institución, Mercedes decidió retirarse. Describe su partida como un evento carente de humanidad.

“Me metieron en una habitación y me dijeron: ‘Sacate el hábito y devolvé todo lo que no es tuyo’. Me fui sin un abrazo, sin una bendición, sin un beso. Como si tuviera lepra”

. La culpa la persiguió durante meses, sintiendo que había fallado a sus promesas y a Dios.

El regreso a la vida civil fue difícil. Mercedes confiesa que sentía vergüenza de mostrar su cabello o sus piernas, y carecía de habilidades sociales básicas fuera del ámbito religioso. “Salí sintiendo que tenía algo malo”, afirma al recordar el trato recibido por quienes consideraban su salida como una traición.

Marzo 1993. Daniel con Juan Pablo II en el Vaticano. Junto a él Ernesto José Fernández, actual obispo auxiliar de Rosario

El fin del ministerio de Daniel

Daniel dejó el sacerdocio en noviembre de 1993. Intentó dialogar con sus superiores sobre sus sentimientos, pero no halló comprensión. Durante un retiro de discernimiento en Rosario, descubrió que el obispo había citado a Mercedes en un bar para ofrecerle dinero a cambio de que se alejara. “¿Cuánto querés?“, fue la pregunta que quebró la confianza de Daniel en la jerarquía eclesiástica.

Ante la manipulación evidente, Daniel solicitó una reunión final con el obispo y declaró:

“Voy a seguir el camino del amor con Mercedes y dejar el ministerio sacerdotal”

. A pesar de los intentos de disuasión, se retiró del obispado con sus escasas pertenencias: libros, una muda de ropa y un cepillo de dientes.

La noticia sobre el sacerdote enamorado de la monja fue tapa de los medios locales

La noticia causó un gran revuelo en Venado Tuerto, apareciendo en portadas locales como La Ciudad. La gente los apodaba “La extraña dama”. Al igual que Mercedes, Daniel experimentó el olvido institucional tras dedicar trece años de su vida a la Iglesia. La dispensa del celibato le fue negada inicialmente, bajo el argumento de que el Vaticano solo trataba casos de personas mayores de 40 años para asegurar la estabilidad de la decisión.

El 13 de noviembre de 1993, ya retirados de la Iglesia católica, Mercedes y Daniel improvisaron su primer casamiento frente a un crucifijo en una pequeña habitación que ella alquilaba en Venado Tuerto

Construyendo un futuro común

Al iniciar su vida juntos, Daniel tenía 29 años y Mercedes 25. Se instalaron en un departamento pequeño en Venado Tuerto y el 13 de noviembre de 1993 realizaron una promesa de amor privada. Contaron con el apoyo fundamental de un amigo llamado René, quien les ayudó en aspectos cotidianos como buscar empleo, comprar ropa e incluso aprender a maquillarse o manejarse en un restaurante.

En el ámbito íntimo, ambos enfrentaron barreras psicológicas debido a los patrones de culpa arraigados. Daniel relata que tuvieron que trabajar con paciencia y diálogo para superar la falta de experiencia y los prejuicios religiosos. Poco después, enfrentaron la pérdida de su primer hijo, quien nació prematuro y falleció a las dos horas de vida, un hecho que algunos sectores religiosos calificaron como un “castigo divino”.

El 21 de julio de 2001 dieron el

Siete años después de su salida, la pareja encontró un nuevo espacio en la Iglesia anglicana. Daniel retomó el ministerio, sirviendo en Hurlingham y luego como obispo en Uruguay. Actualmente, ejerce en la parroquia Saint Andrew’s en Emporia. Mercedes, por su parte, trabaja como counselor y lidera círculos de desarrollo personal para mujeres.

La carta dque Daniel le envió al Papa Francisco

En marzo de 2013, tras la asunción de Francisco, Daniel le envió una carta consultando sobre el trato a los sacerdotes que dejan el ministerio. El Papa respondió meses después, reconociendo la problemática:

“Lo que exponés es real y lo recibo como un llamado de Dios a plantear el problema y buscar caminos”

. Este intercambio, publicado luego en el libro Querido hermano, fue fundamental para el cierre de su duelo espiritual.

La respuesta de Francisco llegó un par de meses después.

Una familia consolidada

La pareja ha celebrado su unión en tres ocasiones distintas:

  • 13 de noviembre de 1993: Ceremonia íntima en Venado Tuerto.
  • 15 de abril de 1994: Matrimonio civil tras el embarazo de Mercedes.
  • 21 de julio de 2001: Boda en la Iglesia anglicana, acompañados por sus hijas María Carla (30) y Camila (27).

La familia Genovesi: Camila, Daniel, Mercedes y María Carla

Reflexionando sobre su historia, plasmada en la novela El silencio de los ángeles, Daniel sostiene que, aunque hubo coraje e inconsciencia, su experiencia demuestra que el amor puede hacer posible lo que parece imposible. Para él, lo fundamental es la fidelidad a los propios sentimientos y la búsqueda de la plenitud humana.

Daniel Genovesi es autor de siete libros: Diario de un prisionero, Transformación interior, ¿Qué hizo el hijo mayor?, EXELIXH, Querido hermano, Decisión crítica y la novela autobiográfica El silencio de los ángeles.

Con 61 y 57 años respectivamente, Daniel y Mercedes continúan su camino juntos, reafirmando que su decisión, aunque difícil, fue el inicio de una vida auténtica. Como cita Daniel en su obra: “Cuando los ángeles callan, el cielo sabe que se ha abierto una puerta que da lugar a que surja lo imposible”.

En Venado Tuerto en 1993; en Punta del Este en 2021

Fuente: Fuente

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER