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El fin de la era centauro: el futuro del trabajo frente a la IA

Recientemente se han identificado señales claras sobre la transformación del mercado laboral global. La inteligencia artificial está comenzando a sustituir puestos de oficina en áreas de alta especialización como el derecho, las finanzas, el desarrollo de software y la medicina. Este fenómeno ocurre a una velocidad significativamente mayor que cualquier proceso de automatización previo. Según Dario Amodei, CEO de Anthropic, nos encontramos actualmente en la denominada “fase centauro”: un periodo transitorio donde seres humanos y sistemas tecnológicos cooperan, justo antes de que la tecnología logre operar sin la necesidad de intervención humana. Si en el ajedrez este proceso tomó dos décadas, en la economía mundial, según advierte Amodei, el plazo podría reducirse a pocos años.

La gran interrogante que surge ahora es determinar qué ocurrirá una vez que este periodo de transición concluya.

Un vacío en las herramientas económicas actuales

El concepto de “fase centauro” describe el breve periodo en que humanos y máquinas colaboran antes de que la IA prescinda totalmente del trabajo humano (Imagen Ilustrativa Infobae)

Annie Lowrey, analista de The Atlantic, ha profundizado en esta problemática señalando que el dilema principal no es solo la desaparición de empleos, sino la carencia de mecanismos gubernamentales para enfrentar dicha situación. Las crisis económicas tradicionales suelen combatirse con estímulos fiscales, reducción de tasas de interés y aumento del gasto público, asumiendo que las compañías recontratarán personal al finalizar la recesión.

No obstante, si la inteligencia artificial elimina roles de analistas, abogados, gerentes o especialistas en recursos humanos, las empresas no tendrán incentivos para volver a contratarlos. Esto daría lugar a un desempleo estructural en lugar de uno cíclico. El problema radica en que los manuales de economía vigentes no contemplan soluciones para un escenario de esta naturaleza.

Las evidencias ya son palpables. En Estados Unidos, los graduados universitarios representan actualmente el 25% de la población desempleada, una cifra récord. Por primera vez en la historia reciente, quienes solo tienen educación secundaria consiguen empleo con mayor celeridad que los profesionales con título. Casos concretos como el de la firma legal Baker McKenzie, que recortó 700 puestos atribuyéndolo a la eficiencia de la IA, refuerzan esta tendencia. Además, un experimento realizado por dos periodistas de CNBC demostró que es posible replicar una plataforma compleja como Monday.com en menos de 60 minutos usando IA generativa; tras este evento, las acciones de dicha empresa sufrieron una caída superior al 20%.

La IA generativa permite desarrollar herramientas laborales en minutos, como demostró el experimento de CNBC que afectó el valor bursátil de Monday.com (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sombra del declive industrial

Lowrey establece una analogía con la crisis que afectó al Cinturón del Óxido (Rust Belt) estadounidense. Desde la década de los 70, la automatización y la globalización devastaron centros industriales como Detroit y Pittsburgh, dejando a los trabajadores en situaciones de pobreza y con una menor esperanza de vida. Los programas de reinserción laboral en aquellas zonas han mostrado resultados muy limitados o negativos.

La diferencia fundamental en la actualidad es que el impacto no se limita a trabajadores de baja cualificación, sino que golpea directamente a la clase media profesional. En territorio estadounidense, los seguros de desempleo oscilan entre los 500 y 600 dólares semanales durante apenas medio año, un monto insuficiente para quienes percibían salarios de profesionales senior y enfrentan un desempleo que podría durar años.

Iniciativas gubernamentales frente a la rapidez tecnológica

Ante este panorama, el Departamento de Trabajo de Estados Unidos lanzó el 13 de febrero un marco nacional para la alfabetización en inteligencia artificial. Este plan busca capacitar a estudiantes y trabajadores en cinco competencias fundamentales:

  • Comprensión del funcionamiento técnico de la IA.
  • Exploración de aplicaciones prácticas.
  • Capacidad de dirección de sistemas inteligentes.
  • Evaluación crítica de los resultados obtenidos.
  • Uso ético de las herramientas tecnológicas.

A pesar de ser un avance, la analista advierte que la reconversión laboral históricamente no ha tenido éxito. Existe una brecha insalvable entre la rapidez con la que avanza la tecnología y los tiempos de la burocracia estatal.

El debate sobre el ingreso básico universal

Referentes como Sam Altman, líder de OpenAI, defienden la implementación de un ingreso básico universal para permitir que las personas se dediquen al arte o al activismo social. Sin embargo, Annie Lowrey lo define como un

“resultado distópico disfrazado de utopía”

.

Para financiar pagos mensuales superiores a los 1.500 dólares, se requeriría una carga impositiva sobre las corporaciones que las mismas tecnológicas rechazarían. Además, existe un factor psicológico: el empleo otorga identidad, propósito y sentido de pertenencia. La falta de trabajo estable genera inestabilidad política y afecta la salud mental de las comunidades.

La situación crítica en América Latina

América Latina enfrenta riesgos mayores ante la automatización, debido a su debilidad institucional y mercados laborales más informales respecto a Estados Unidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

En nuestra región, el panorama es aún más complejo. La OCDE proyecta que más del 25% de los empleos en Latinoamérica están bajo amenaza de automatización. Según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 (CEPAL y Cenia de Chile), la conclusión es contundente: “los países tienen mucho interés, pero ningún sentido de urgencia.”

Chile destaca como el país con las políticas más avanzadas mediante su Centro Nacional de Inteligencia Artificial, habiendo estudiado el impacto en los 100 cargos más habituales del país. Aun así, existen 1,9 millones de trabajadores en puestos de baja productividad y alta exposición a la IA. Mientras Brasil y Uruguay avanzan con estrategias nacionales, naciones con grandes fuerzas laborales como Argentina, México y Colombia aún carecen de planes concretos de reconversión para sus profesionales.

En conclusión, el fin de la “fase centauro” planteada por Amodei es inminente. Como señala Lowrey, el desafío final no residirá en la capacidad de las máquinas, sino en la respuesta humana, política y social ante una realidad sin precedentes.

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