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El ayuno de 16 horas potencia la inmunoterapia contra el cáncer

Durante décadas, los ajustes en la nutrición de los pacientes oncológicos fueron considerados un aspecto secundario en comparación con la potencia de los fármacos tradicionales. No obstante, una investigación reciente difundida por la revista Cell Metabolism está transformando este paradigma científico.

Expertos en oncología han determinado que implementar un ayuno breve de 16 horas posee la capacidad de incrementar notablemente la efectividad de las inmunoterapias. Este hallazgo ha captado la atención de los especialistas a nivel global, pues propone una intervención de baja complejidad técnica con un impacto profundo en la ruta del tratamiento contra el cáncer.

El reconocido cardiólogo Eric Topol ha manifestado su respaldo a estos descubrimientos, señalando que, a pesar de que el ayuno intermitente no arroja resultados uniformes en todos los contextos clínicos, existen “beneficios específicos documentados” que demuestran una mejora tangible al combinarse con tratamientos de inmunoterapia.

La ventana metabólica que debilita al tumor

Bajo el liderazgo de Sheng Chen, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang, el equipo de investigación confirmó que un periodo de 16 horas de restricción alimentaria logra modificar el entorno químico interno del tumor. Los científicos explican que

“este estrés nutricional transitorio altera las preferencias de nutrientes de las células tumorales y abre una ventana que puede aprovecharse para mejorar los resultados del tratamiento”.

El núcleo de este proceso biológico reside en la isoleucina. Este aminoácido se concentra dentro de la masa tumoral durante el ayuno, actuando como un combustible que refuerza la capacidad operativa de los linfocitos T CD8+, que son los agentes celulares encargados de identificar y destruir las formaciones malignas.

Investigadores de la Universidad de Zhejiang hallaron que el ayuno altera el entorno tumoral y favorece la acción del sistema inmune (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las pruebas realizadas tanto en modelos animales como en pacientes diagnosticados con cáncer colorrectal evidenciaron que el ayuno permite a los linfocitos recuperar su vigor para atacar al tumor, fortaleciendo la respuesta general a la inmunoterapia. El informe detalla que

“el ayuno promovió la expansión y la actividad citotóxica de las células T efectoras de memoria”

, destacando además que el protocolo es clínicamente viable y bien tolerado por los pacientes, similar al ayuno que se requiere antes de una cirugía.

Por su parte, Topol enfatizó la trascendencia de estos datos, reiterando que esta intervención metabólica es una herramienta clave para garantizar el éxito de la inmunoterapia en diversos tipos de cáncer.

Dentro del microambiente de un tumor existe una competencia feroz por los nutrientes entre las células cancerosas y las defensas del cuerpo. Habitualmente, las células malignas ganan esta disputa, anulando al sistema inmune. Sin embargo, el ayuno genera una oportunidad donde las células defensivas aprovechan metabolitos que el tumor deja de utilizar.

“Este hallazgo sienta las bases para diseñar terapias combinadas que aprovechen las vulnerabilidades metabólicas del tumor”

, afirmaron los autores vinculados a Cell Metabolism.

El cardiólogo Eric Topol destacó beneficios específicos del ayuno intermitente en tratamientos oncológicos combinados (Freepik)

En esta misma línea de investigación, un metaanálisis dirigido por Zeyao Wang y publicado en el portal medRxiv confirma la seguridad de esta práctica. Según el estudio,

“el ayuno es un tratamiento coadyuvante seguro y eficaz para el cáncer, que mejora los resultados terapéuticos al tiempo que garantiza la seguridad del paciente”

. El análisis exhaustivo de datos provenientes de ensayos clínicos y del UK Biobank reveló que integrar el ayuno al tratamiento estándar incrementó la tasa de respuesta tumoral (RR=1,22; IC 95% [1,03, 1,44]; P=0,02).

Los datos suministrados por Wang indican que las tasas de respuesta completa y parcial fueron significativamente superiores en los grupos que siguieron el ayuno frente a quienes mantuvieron una dieta convencional. Adicionalmente, se observó una reducción en el daño genético de las células inmunes y una optimización en los niveles de glucosa, insulina y el factor de crecimiento IGF-1, sin reportarse complicaciones hematológicas graves.

El ayuno promueve la acumulación de isoleucina en el tumor, potenciando la función de los linfocitos T CD8+ (Freepik)

Impacto en la calidad de vida y reducción de efectos adversos

Revisiones adicionales efectuadas por diversas instituciones sugieren que el ayuno intermitente es una medida segura durante los ciclos de quimioterapia. Se ha vinculado esta práctica con una disminución de efectos secundarios comunes como la fatiga, las náuseas y las cefaleas. Aunque los indicadores glucémicos mejoran y se protege el ADN de los glóbulos blancos, los científicos aclaran que aún no hay evidencia concluyente sobre si el ayuno previene la recurrencia del cáncer o prolonga la supervivencia a largo plazo.

Según la National University of Health Sciences,

“no hubo evidencia clara de que el ayuno influyera en la eficacia de la quimioterapia, la reducción tumoral o la tasa de recurrencia”

, lo que subraya la necesidad de seguir investigando en estas áreas específicas.

En conclusión, el consenso médico actual apunta a que el ayuno, cuando es supervisado profesionalmente, constituye una estrategia prometedora para potenciar las terapias oncológicas modernas. La monitorización de la insulina y el IGF-1 podría servir en el futuro como indicadores de éxito terapéutico, aunque la implementación masiva en hospitales requiere aún de estudios de mayor escala y un enfoque multidisciplinario.

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