Recientes revelaciones han puesto al descubierto una serie de comunicaciones electrónicas, que datan del año 2009, entre el fallecido financiero estadounidense Jeffrey Epstein y el sultán Ahmed Bin Sulayem. En estos intercambios, se abordaron las crecientes fricciones diplomáticas entre el entonces mandatario de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, y su homólogo venezolano Hugo Chávez.
De acuerdo con la información analizada, el magnate norteamericano desempeñó una función de consultor estratégico para quien fuera en ese entonces el principal directivo de la firma DP World. El propósito fundamental de este vínculo era salvaguardar los intereses y las inversiones de Emiratos Árabes Unidos en la región latinoamericana.

Es fundamental recordar que, durante el periodo comprendido entre julio y agosto de 2009, las relaciones entre Bogotá y Caracas atravesaban una crisis profunda. Este escenario de alta tensión estaba marcado por la polémica instalación de bases militares de Estados Unidos en territorio colombiano, el operativo militar contra el campamento de Raúl Reyes (líder de las Farc) en suelo ecuatoriano y las constantes denuncias de Colombia sobre el presunto refugio de grupos terroristas en Venezuela.
Intereses portuarios y geopolítica
En este contexto de inestabilidad, la compañía emiratí DP World, especializada en la gestión de terminales portuarias, poseía activos significativos en Venezuela, específicamente en Puerto Cabello, donde operaban en alianza con la familia Boulton. No obstante, la determinación del régimen de Hugo Chávez de nacionalizar la infraestructura portuaria del país puso en grave peligro la posición de los inversionistas árabes.

El 12 de agosto de 2009, el sultán Bin Sulayem, entonces director ejecutivo de la empresa, contactó a Epstein para manifestar su preocupación por la situación crítica en el país vecino. Al día siguiente, el grupo Capriles, actuando como contacto en Venezuela, proporcionó actualizaciones sobre el panorama de los negocios portuarios tanto al sultán como a Epstein, quien operaba como un asesor informal en temas geopolíticos regionales.
Los registros demuestran cómo Jeffrey Epstein ejercía una influencia directa sobre el empresario de Dubái, adoptando un rol de consultor especializado. En un mensaje enviado el 14 de agosto de 2009, el financiero recomendó cautela ante cualquier posible reunión con el presidente Álvaro Uribe:
“Chávez es muy sensibilidad; podría decidir, como una chica celosa, que quiere ser tu pareja, en lugar de Uribe… sus celos podrían favorecerte”
El acaudalado financiero advirtió que un encuentro, incluso de carácter social, con Uribe podría ser interpretado por Hugo Chávez como una alianza con su principal adversario. Por ello, Epstein sugirió medir con precisión cualquier acercamiento con el Gobierno colombiano para evitar exacerbar las desconfianzas en Caracas, enfatizando el peso de las emociones en la diplomacia.
El giro estratégico hacia Cuba y Colombia
Posteriormente, las recomendaciones de Epstein se centraron en desviar la atención de los emiratíes hacia Cuba y Colombia, dejando en un segundo plano a Venezuela tras el proceso de nacionalización. El consultor sugirió que los focos de influencia reales se encontraban en la isla caribeña y en el país cafetero:
“Los puntos de influencia son Cuba y Columbia. […] Deberías invitar a los cubanos a Dubái para que lo vean por sí mismos”

El plan estratégico consistía en que DP World expandiera su presencia a la totalidad de las terminales portuarias de ambos países, aunque Epstein aclaró que se trataría de un proceso de largo aliento. Recomendó priorizar los esfuerzos personales en Cuba y postergar cualquier intento de diálogo directo con Chávez debido a la volatilidad del entorno político.
Para finales de ese agosto, Bin Sulayem informó a sus socios sobre sus conversaciones en Venezuela y su intención de viajar a Cuba tras participar en la Asamblea General de la ONU. La consigna recibida por sus asesores era clara: la prioridad para los Emiratos Árabes Unidos debía ser la diversificación de sus activos fuera del territorio venezolano para minimizar riesgos.
Tras estos sucesos, la relación diplomática entre los Emiratos Árabes Unidos y Venezuela mostró un fortalecimiento en diciembre de 2010, cuando el canciller emiratí visitó Caracas y fue recibido por Chávez y Nicolás Maduro. Simultáneamente, se consolidaron los vínculos con Cuba y se mantuvieron los puentes con Colombia; de hecho, en marzo de 2009, una delegación árabe ya había sido recibida por Álvaro Uribe, aunque no existe constancia de una cita directa entre el sultán y el mandatario colombiano.
En sus escritos finales, Jeffrey Epstein enfatizó que el equilibrio de poder en Sudamérica era sumamente complejo y que cualquier alianza mal gestionada podía generar suspicacias profundas, insistiendo en la necesidad de adaptar cada movimiento estratégico a las condiciones regionales en constante transformación.
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