En la capital japonesa, la noticia no necesitó de grandes despliegues mediáticos ni de filtraciones visuales para generar un impacto masivo. Fue un mensaje directo en redes sociales lo que desató el desconcierto generalizado:
“Organizo una cena especial. Plato principal: mis genitales. Interesados, escriban por privado.”
Estas líneas, publicadas desde el perfil de un joven ilustrador, representaron un reto sin precedentes incluso para la vanguardia artística de Japón. El autor del anuncio era Mao Sugiyama, un nombre que hasta ese momento solo circulaba en nichos específicos del mundo del manga. No obstante, durante una madrugada de abril de 2012, su propuesta se viralizó con rapidez: una performance culinaria abierta al público donde el menú estelar serían las partes íntimas del propio anfitrión.
En pocas horas, la convocatoria se dispersó por foros digitales, aplicaciones de mensajería y portales de noticias. Mientras algunos sectores lo calificaban como una estrategia publicitaria, otros lo veían como un síntoma de crisis personal o una transgresión extrema. Sin embargo, Sugiyama mantuvo su postura, respaldando su oferta con informes médicos, un plan logístico detallado y una declaración contundente:
“No es broma. No es un delito. Es mi cuerpo y mi decisión.”

Mao Sugiyama: entre el aislamiento y la búsqueda de identidad
Previo a este suceso, Sugiyama residía en un pequeño apartamento localizado en el distrito de Suginami, al oeste de Tokio. El joven, nacido en 1990, creció como el tercer hijo de una familia perteneciente a la clase media. Sus años escolares no fueron sencillos según sus propios testimonios: “Me sentía fuera de lugar”, admitió en las pocas intervenciones que tuvo con la prensa tras el evento. Además, añadió sobre su identidad:
“No podía ni quería ser un chico, pero tampoco una chica. No era nada.”
Al llegar a la adolescencia, el peso de las normas sociales japonesas respecto a la masculinidad se volvió asfixiante. En un entorno donde la ambigüedad suele derivar en el aislamiento social, el joven se volcó al arte gráfico, concentrándose en la creación de personajes con anatomías neutras y géneros no definidos.
Cerca de cumplir los 20 años, y tras investigar profundamente en textos médicos y foros especializados, Sugiyama se identificó como una persona asexual. Al no experimentar atracción sexual ni deseo, la posibilidad de alcanzar una neutralidad física total a través de la extirpación de sus órganos sexuales se convirtió en un objetivo firme.

El camino hacia la neutralidad corporal
Esta determinación no fue un arrebato. Sugiyama llevó a cabo un proceso consultivo con diversos psiquiatras, abogados y especialistas médicos. Si bien en Japón la cirugía para el cambio de sexo está regulada, la mutilación voluntaria sin fines de reasignación se encuentra en una zona gris legal. Tras meses de gestiones, un centro hospitalario accedió a realizar el procedimiento basándose en el principio de la autonomía del paciente sobre su propio cuerpo.
La intervención quirúrgica se realizó bajo estrictos estándares clínicos. Al finalizar, Sugiyama solicitó que le entregaran sus restos orgánicos, los cuales fueron almacenados de forma hermética en el congelador de su hogar. Aunque inicialmente no tenía una intención específica para ellos, pronto comprendió que el acto quirúrgico debía trascender lo privado.
“Cuando vi los órganos fuera de mi cuerpo, sentí alivio. Ya no era ni hombre ni mujer. Era yo, y eso era suficiente”, manifestó el artista días después de la operación.
El fenómeno de los ‘nullos’ y la ruptura del tabú
La experiencia de Sugiyama no es aislada. Desde el inicio del nuevo milenio, ha ganado visibilidad una subcultura global conocida como los nullos. Se trata de individuos —principalmente varones biológicos— que optan por la extirpación genital para alcanzar una apariencia y estado biológico de neutralidad absoluta.

En plataformas digitales como Eunuch Archive, los miembros de esta comunidad debaten sobre métodos, peligros y motivaciones personales. Estas razones suelen incluir el rechazo al impulso sexual, la disconformidad con la propia biología o la voluntad de romper barreras físicas. El objetivo central es “llegar a cero”, evadiendo las categorías sexuales tradicionales.
Dentro del contexto japonés, este fenómeno opera de manera discreta en círculos artísticos alternativos y chats privados. Los riesgos son elevados para quienes buscan procedimientos fuera de los canales oficiales, enfrentando peligrosas hemorragias, infecciones graves e incluso el riesgo de muerte.
Detalles del banquete: una logística quirúrgica
Lo que inició con un tuit culminó el 13 de abril de 2012 en un salón de eventos de Suginami. El local tenía un aforo limitado a 70 asistentes y cada entrada tenía un costo de 20.000 yenes (alrededor de 250 dólares al cambio de la época).
La organización fue meticulosa. Sugiyama presentó certificados médicos que garantizaban la ausencia de enfermedades infecciosas. Para asegurar que no hubiera riesgos sanitarios, la cocción de los órganos fue supervisada por un chef profesional.
La demanda fue total y las entradas se agotaron rápidamente. El público asistente estaba compuesto por una mezcla de activistas, periodistas, artistas y personas movidas por la curiosidad, todos sumidos en un ambiente de incertidumbre.
Durante la velada, Sugiyama, ataviado con un kimono de color azul, observó en silencio cómo el chef preparaba el plato. Los órganos fueron salteados y servidos con una guarnición de perejil, champiñones y limón. Solo cinco comensales tuvieron acceso al plato principal, mientras que el resto de los presentes consumió carne de res para evitar conflictos legales mayores.
Las reacciones tras la degustación
La performance no incluyó grandes discursos, sino que se centró en la crudeza del acto mismo. Los cinco elegidos ingirieron los restos frente a la mirada de los demás asistentes. “El sabor es gomoso, insípido, nada especial”, señaló uno de los comensales tras la experiencia. Otro participante afirmó:
“Lo hice por curiosidad, por el arte, por ir más allá del tabú.”
A pesar de que se tomaron registros audiovisuales del suceso, la gran mayoría del material gráfico se ha mantenido fuera del alcance del público general.
Consecuencias legales y el dilema del arte extremo
Mientras la prensa nipona trató el tema con cierta reserva, en el ámbito internacional se generó una ola de críticas y estupor. Se abrió un intenso debate sobre si la acción calificaba como un atentado contra la salud pública o como un acto de canibalismo por consentimiento.
Pese a las denuncias recibidas, las autoridades de Japón concluyeron que no existían bases legales para procesar a Sugiyama. Se determinó que los restos eran propiedad del artista, que hubo consentimiento mutuo y que el evento no tuvo una finalidad lucrativa ilícita más allá de cubrir los gastos operativos.
El caso reavivó la discusión sobre los límites de la expresión artística. Algunos críticos señalaron que se trataba de un acto narcisista carente de sentido, mientras que otros lo interpretaron como la máxima expresión de la soberanía corporal.
En sus declaraciones, Sugiyama fue enfático:
“Esto no es para todos. No busco seguidores. Quise mostrar que la neutralidad es posible. Que podemos existir en el vacío.”
La comunidad nullo a nivel global recibió la noticia con opiniones divididas; algunos celebraron la visibilidad del tema, mientras otros sintieron que se estaba banalizando una condición que a menudo conlleva sufrimiento personal.

El retiro de Mao Sugiyama
Posterior a la cena, Sugiyama optó por retirarse del foco público. Clausuró sus perfiles en plataformas digitales y dejó de conceder entrevistas. Solo mediante algunas publicaciones aisladas en blogs de arte se pudo conocer parte de su reflexión posterior:
“No busco fama. No quiero ser símbolo de nada. Solo quiero existir sin ser definido por lo que tengo o dejo de tener.”
Se cree que el artista abandonó su residencia en Suginami meses después del escándalo. Actualmente, existen rumores de que sigue trabajando en la ilustración bajo una identidad secreta, explorando conceptos de anatomías imposibles.
Desde aquel incidente, la visibilidad de las personas que buscan la neutralidad genital ha aumentado ligeramente, aunque persiste el estigma y la clandestinidad. Los riesgos médicos continúan siendo la principal barrera, ya que la mayoría de los marcos legales prohíben la mutilación voluntaria, lo que empuja a médicos y pacientes a actuar fuera de la ley.
Un expediente sin cargos
El registro final sobre la actividad de Sugiyama es meramente administrativo: el artista cumplió con sus obligaciones fiscales derivadas del evento y pagó los servicios del chef. El caso fue archivado por la municipalidad de Suginami sin que se presentaran demandas adicionales.
Hoy en día, el nombre de Mao Sugiyama ha desaparecido de los registros públicos, dejando tras de sí un debate inconcluso sobre la autonomía humana y los límites de la provocación artística.
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