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Presbiacusia y salud cerebral: Riesgos de la pérdida auditiva

La presbiacusia, definida como la disminución de la capacidad auditiva vinculada al avance de la edad, representa un desafío de salud pública que afecta a millones de ciudadanos de la tercera edad en todo el planeta. Investigaciones científicas recientes han determinado que este deterioro no se limita a la dificultad para percibir sonidos, sino que genera alteraciones significativas en la estructura cerebral y en las habilidades cognitivas, incluso antes de que el paciente note los primeros síntomas evidentes.

Desarrollo paulatino y efectos colaterales

De acuerdo con informes de la Mayo Clinic, esta condición es la variante más recurrente de pérdida de audición en adultos mayores. Las estadísticas indican que afecta a más del 50 % de las personas que superan los 75 años de edad. Debido a que su progresión es sumamente lenta y gradual, identificar el déficit de comprensión del habla —particularmente en entornos con contaminación acústica— suele ser una tarea complicada para quien la padece.

Esta evolución silenciosa conlleva un riesgo latente: el retraso en la búsqueda de asistencia médica profesional y la postergación de estrategias preventivas. Entre las señales de alerta iniciales de la presbiacusia se encuentran:

  • Dificultad severa para seguir el hilo de las conversaciones.
  • Necesidad recurrente de elevar el volumen de dispositivos como la televisión o la radio.
  • Aparición de fatiga auditiva debido al esfuerzo mental realizado para escuchar.

En muchas ocasiones, el diagnóstico llega cuando la patología ya ha interferido con la vida social y las relaciones personales del individuo. En sus fases más críticas, la presbiacusia se vincula estrechamente con el aislamiento social, cuadros depresivos y un incremento notable en el riesgo de sufrir deterioro cognitivo.

Los investigadores identificaron un biomarcador que relaciona la pérdida auditiva con el deterioro cognitivo precoz (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los factores determinantes de esta afección son principalmente el envejecimiento biológico y la exposición prolongada a niveles de ruido excesivos. Especialistas de la Mayo Clinic precisan que la base fisiológica radica en el daño sufrido por las células ciliadas, que son diminutos vellos sensoriales situados en el oído interno cuya función es transformar las vibraciones en impulsos eléctricos para el cerebro. A esto se suman factores genéticos y la coexistencia de otras enfermedades que podrían acelerar el proceso de pérdida auditiva.

Vínculo neurobiológico con el cerebro

Un estudio desarrollado por expertos de la Universidad de Tiangong y el Hospital Provincial de Shandong, difundido a través de la revista científica eNeuro, ha permitido identificar un biomarcador crucial: la Relación Funcional-Estructural. Este elemento actúa como el nexo entre la audición y la degeneración de las funciones cerebrales.

El análisis, liderado por el investigador Ning Li, reveló que áreas específicas como el putamen y la circunvolución fusiforme (encargadas de procesar el habla y el sonido), junto con el precúneo y la circunvolución frontal medial superior (claves para la toma de decisiones y la memoria), muestran una conectividad reducida en pacientes con presbiacusia.

“La presbiacusia implica una atrofia estructural y un deterioro funcional tanto en regiones auditivas como en áreas de funciones cognitivas superiores del cerebro”

señaló el equipo de investigación en la citada publicación.

La detección anticipada de la presbiacusia favorece la prevención de daños en la función cerebral (Imagen Ilustrativa Infobae)

La alteración en la Relación Funcional-Estructural se correlaciona con umbrales de audición más elevados y un desempeño deficiente en evaluaciones de función ejecutiva y memoria, incluso cuando los síntomas de la presbiacusia aún no son perceptibles. Ning Li y su equipo advierten que estas modificaciones en el cerebro pueden manifestarse antes del diagnóstico clínico, lo que ofrece una ventana de oportunidad para predecir el riesgo de padecer demencia.

Mantener la salud de los oídos podría ser una barrera protectora para la integridad del cerebro. El uso de técnicas de imagenología cerebral para reconocer estos patrones permitiría una detección precoz y un abordaje terapéutico anticipado en poblaciones vulnerables.

Diagnóstico y medidas de prevención

Para confirmar un caso de presbiacusia, la Mayo Clinic sugiere la realización de exámenes clínicos especializados como la audiometría tonal y test de reconocimiento del habla. Estas herramientas permiten cuantificar la capacidad de audición ante diversos sonidos y determinar el tipo exacto de pérdida, facilitando así un tratamiento a medida. Detectar este trastorno a tiempo es vital para preservar la autonomía personal y asegurar una buena calidad de vida.



El diagnóstico temprano de la pérdida auditiva ayuda a preservar la calidad de vida y la independencia en la vejez (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el ámbito preventivo, la Dra. Gayla Poling, representante de la Mayo Clinic, enfatiza la relevancia de emplear protección auditiva en lugares ruidosos, acudir al médico ante cualquier sospecha de pérdida de audición y realizar chequeos periódicos.

“La mayor parte de las pérdidas auditivas se pueden prevenir”

afirmó la doctora.

Entre las soluciones recomendadas para los adultos mayores se incluye la utilización adecuada de audífonos o el acceso a implantes cocleares, además de fomentar entornos que respeten la salud auditiva. Los nuevos descubrimientos científicos sugieren que monitorizar la Relación Funcional-Estructural mediante escáneres cerebrales se perfila como una herramienta esencial para que los médicos identifiquen a tiempo a quienes poseen mayor predisposición a desarrollar enfermedades neurodegenerativas.

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