Luego de alcanzar el éxito con tres presentaciones agotadas en el estadio River Plate y consolidarse como uno de los sucesos musicales más importantes del verano, Bad Bunny se despidió de Argentina mediante un dispositivo de seguridad sumamente rígido que priorizó el hermetismo en todo momento. En lugar de ofrecer despedidas públicas, el intérprete de Puerto Rico eligió una salida estratégicamente planeada que involucró camionetas con cristales polarizados, protección privada y un traslado sin escalas hacia la zona de vuelos privados en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.
El cantante, que arribó a territorio argentino como parte de su gira internacional DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour, realizó su salida desde el Palacio Duhau —su lugar de hospedaje— utilizando el garaje interno. En dicho punto lo esperaban diversos vehículos negros con vidrios totalmente oscurecidos y cortinas en su interior, una táctica implementada para eludir cualquier interacción con los seguidores que se habían congregado desde tempranas horas con la esperanza de verlo.



La maniobra fue ejecutada con rapidez y discreción. El equipo de custodia privada coordinó cada paso para bloquear la captura de imágenes próximas y asegurar un desplazamiento sin exposición mediática. En un lapso de pocos segundos, la caravana de vehículos dejó el hotel con destino al FBO (Fixed Base Operator), el área reservada para vuelos ejecutivos y privados del aeropuerto bonaerense.
La reserva continuó al llegar a la terminal aérea. En las instalaciones del FBO, el músico descendió del transporte acompañado por su novia, Gabriela Berlingeri. Los agentes de seguridad establecieron un cerco humano para obstruir la visibilidad y dificultar la labor de los periodistas presentes. Sin brindar declaraciones ni gestos de saludo, el artista se encaminó de forma directa hacia la aeronave que aguardaba en la pista.


Para el traslado del cantante y sus músicos se utilizó un avión privado Bombardier de la empresa VistaJet. En los registros obtenidos se observa al intérprete subiendo la escalera del avión, flanqueado siempre por su equipo de trabajo, manteniendo un perfil reservado hasta el último instante de su estancia en el país.
Un aspecto que capturó la atención de los presentes fue que un miembro de su staff vestía una camiseta del Inter Miami con el dorsal número 10 de Lionel Messi. Este detalle vinculado al fútbol provocó reacciones inmediatas en las redes sociales, considerando la relevancia global del capitán de la selección argentina.

Inconvenientes técnicos antes del despegue
Pese a la planificación, la salida no fue inmediata. Cuando la aeronave se disponía a partir, se registró una demora técnica de aproximadamente 20 minutos debido a un desperfecto en los equipos de remolque. El avión tuvo que permanecer en la pista de Ezeiza más tiempo de lo anticipado mientras el equipo de mantenimiento trabajaba en la falla. Finalmente, el inconveniente se resolvió y el Bombardier pudo iniciar el carreteo para el despegue definitivo.
Con estas medidas de protección extremas y una logística detallada, Bad Bunny finalizó su paso por la nación austral. Sus tres noches en el Estadio Monumental no solo reunieron a miles de fanáticos, sino que también generaron un impacto mediático considerable con invitados de renombre en el sector VIP conocido como “La Casita” y una fuerte repercusión digital.


El nivel de seguridad empleado en su partida coincide con la actitud mantenida durante toda su estancia: escasas apariciones públicas fuera del show y una reserva absoluta en cada uno de sus traslados. Tanto en sus ingresos como en sus egresos del hotel, el contacto con el público fue prácticamente inexistente.
De esta forma, el músico se despidió de Buenos Aires ratificando su estatus de estrella de talla mundial, con un despliegue acorde a su relevancia actual. Tras sus tres funciones consagradas en el estadio de River Plate y una partida rodeada de seguridad privada y vidrios oscuros, el tramo argentino de su gira concluyó oficialmente.
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