En un movimiento diplomático de alto nivel, el ministro de Asuntos Exteriores de Bélgica, Maxime Prévot, ha procedido a convocar de forma inmediata al embajador de Estados Unidos en el país, Bill White. Esta acción responde a lo que la cancillería belga califica como una acusación «insultante e inaceptable» proferida por el diplomático estadounidense contra el Gobierno soberano.
La tensión escaló luego de que White señalara a la administración belga por un presunto «acoso antisemita». Estas afirmaciones se producen en el marco de un proceso judicial que se sigue en la ciudad de Amberes, donde se investigan diversos casos de circuncisiones practicadas a menores en la comunidad judía. Según las investigaciones, estas intervenciones fueron realizadas de manera ilegal por personal que carece de la formación médica exigida por las leyes locales.
Rechazo tajante a la desinformación
«Cualquier insinuación de que Bélgica es antisemita es falsa, insultante e inaceptable», sentenció Prévot en un comunicado oficial.
El jefe de la diplomacia de Bélgica subrayó que este tipo de declaraciones no solo son erróneas, sino que representan una «peligrosa desinformación» que pone en riesgo la lucha legítima contra el odio. Para el Ejecutivo belga, las palabras del embajador Bill White constituyen una injerencia directa en la independencia de su sistema judicial.
El foco del conflicto también involucra ataques personales. White arremetió contra el ministro de Sanidad belga, el liberal Frank Vandenbroucke, a quien tachó de ser una persona «ruda». El embajador estadounidense llegó a sugerir que Vandenbroucke no ha intervenido para detener el juicio contra los mohel (encargados de la circuncisión ritual) debido a que supuestamente «no le gusta Estados Unidos».
Defensa de la soberanía y las normas diplomáticas
Ante estos señalamientos, el ministro Prévot recordó que la labor de un diplomático acreditado conlleva responsabilidades éticas y legales:
- Respeto irrestricto a las instituciones democráticas del país anfitrión.
- No injerencia en los asuntos jurídicos internos.
- Mantenimiento del respeto hacia los representantes electos.
El canciller belga fue enfático al declarar que «el respeto de la soberanía funciona en las dos direcciones» y que, aunque el país está siempre abierto al diálogo con sus aliados, existen límites institucionales que no deben ser cruzados bajo ninguna circunstancia. Reiteró que combatir el antisemitismo es una prioridad absoluta para su nación y que no aceptarán lecciones basadas en premisas infundadas.
Finalmente, se clarificó la postura legal respecto a las prácticas religiosas. Bélgica defiende que cualquier ciudadano debe poder ejercer su fe sin temor a persecuciones, pero recuerda que la circuncisión ritual es legal en su territorio únicamente cuando es ejecutada por un «médico cualificado bajo estrictas normas de salud y seguridad», tal como lo estipula el ordenamiento jurídico vigente.
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