En un esfuerzo significativo por establecer límites claros en el entorno digital, el Parlamento de Portugal ha avanzado en una regulación que busca proteger a los ciudadanos más jóvenes. Se trata de una iniciativa legal presentada por el Partido Social Demócrata (PSD), la cual establece que cualquier persona menor de 16 años requerirá obligatoriamente el consentimiento de sus tutores legales para interactuar en redes sociales, lo que implica un incremento en la edad mínima permitida, que actualmente se sitúa en los 13 años.
Esta postura legislativa surge en medio de un clima de alerta global sobre el impacto de la tecnología en la infancia, generando un profundo análisis sobre las responsabilidades de las familias y el Estado en la seguridad digital de los adolescentes.
Nuevas restricciones para el acceso juvenil
La normativa aprobada por los legisladores portugueses determina que los jóvenes que no hayan cumplido los 16 años deberán presentar una autorización expresa de sus padres para la apertura o administración de perfiles digitales. Con este cambio, Portugal busca homologar sus leyes con las de otras naciones del continente, como España, que ya exploran medidas similares para proteger la integridad de los menores.

Para garantizar el cumplimiento de esta ley, el texto detalla que la validación de la edad se efectuará mediante sistemas de clave digital, empleando mecanismos de “autenticación simple o reforzada”. Esta herramienta técnica pretende cerrar las brechas que actualmente permiten a los niños saltarse los controles de edad y así mitigar los peligros inherentes a las plataformas sociales.
Graves sanciones para empresas y usuarios
El proyecto no se queda solo en directrices, sino que incluye un régimen sancionatorio severo. Las corporaciones tecnológicas que gestionan redes sociales y no verifiquen estos permisos podrían enfrentar multas que alcanzan los 2 millones de euros. Por otro lado, si la falta es cometida por individuos particulares, las penalizaciones económicas oscilarían entre los 10.000 y los 250.000 euros.
El radio de acción de esta ley es amplio: incluye desde portales de apuestas y videojuegos en línea hasta servicios de intercambio de material multimedia y cualquier plataforma que difunda contenidos con potencial adictivo, violento o sexual. No obstante, se ha aclarado que los servicios de comunicación electrónica interpersonal, como la mensajería directa, estarán excluidos de esta regulación específica.

Adicionalmente, el PSD ha incluido en su propuesta acciones para combatir el diseño adictivo de las aplicaciones. Se plantea la prohibición de la reproducción automática de videos, la reducción de las notificaciones que no sean urgentes y restricciones severas para las funciones que faciliten la creación de videos falsos o manipulados. El eje central de estas modificaciones es salvaguardar la salud mental de los jóvenes y frenar la dependencia digital.
Un panorama de consenso y debate en la Unión Europea
En el ámbito político, el proyecto recibió el respaldo mayoritario de grupos como el Partido Socialista (PS), el PAN y el JPP. En contraste, hubo abstenciones por parte del CDS-PP, Livre y el BE, mientras que los movimientos Chega e Iniciativa Liberal (IL) se posicionaron en contra. El siguiente paso será un análisis detallado en una comisión especializada antes de que el texto regrese al pleno para su ratificación final.
La situación en Portugal es un reflejo de lo que ocurre en otras latitudes; países como Francia, Dinamarca y Nueva Zelanda están impulsando marcos jurídicos parecidos para limitar la exposición de los menores a los algoritmos y riesgos de internet.

El modelo francés contra la adicción digital
Por su parte, la Asamblea Nacional de Francia ya ha dado luz verde a una legislación que prohíbe el acceso a redes sociales a menores de 15 años y restringe de forma estricta el uso de teléfonos inteligentes dentro de los planteles educativos, medida que entraría en vigor en el próximo ciclo lectivo.
Sobre este tema, el mandatario Emmanuel Macron defendió la postura del gobierno galo con un discurso enfático:
“El cerebro de nuestros niños y de nuestros adolescentes no está en venta. Las emociones de nuestros menores y de nuestros adolescentes no se venden ni se manipulan, ni por las plataformas estadounidenses ni por los algoritmos chinos”
.
Según la explicación del jefe de Estado, esta ley de pocos artículos busca instaurar un orden claro en el uso de dispositivos móviles y plataformas por parte de la población joven.

Esta celeridad en la creación de leyes responde a informes de salud pública, como los de la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES). Dicho organismo ha alertado que redes como TikTok, Instagram y Snapchat pueden deteriorar la estabilidad emocional de los menores al promover la comparación social constante, el acceso a imágenes de violencia y la interrupción del descanso nocturno, incrementando además las posibilidades de sufrir ciberacoso.
Fuente: Fuente