A raíz de la desclasificación de documentos vinculados al polémico financista Jeffrey Epstein, se ha revelado su implicación en la gestión de una de las crisis más mediáticas del gobierno estadounidense en territorio extranjero. Se trata del escándalo sexual protagonizado por agentes del Servicio Secreto durante la visita del expresidente Barack Obama a Cartagena en el año 2012.
En aquel momento, la seguridad del mandatario norteamericano quedó en entredicho tras conocerse que varios de sus efectivos contrataron los servicios de trabajadoras sexuales en la capital del departamento de Bolívar. El incidente se hizo público cuando uno de los agentes protagonizó una disputa en el lobby del hotel donde se hospedaba, presuntamente al rehusarse a pagar por los servicios recibidos, lo que atrajo la atención de las autoridades locales.
Nuevos detalles indican que Epstein habría brindado asesoramiento informal a Kathy Ruemmler, quien ocupaba el cargo de asesora legal en la Casa Blanca. El objetivo de estas comunicaciones era diseñar una estrategia de respuesta ante la presión de la prensa internacional que cuestionaba la conducta de los agentes que custodiaban la gira presidencial.

El origen de la crisis diplomática
La controversia estalló formalmente cuando una trabajadora sexual interpuso una queja ante la Policía en Cartagena debido al impago de un servicio. La noticia escaló rápidamente al Departamento de Estado y, posteriormente, a las altas esferas de la Casa Blanca, poniendo bajo el microscopio el comportamiento de una docena de agentes federales y las políticas internas de Estados Unidos.
Este episodio trajo consigo el reconocimiento mediático de figuras como Dania Londoño, mientras que medios de gran influencia como The Washington Post centraron sus investigaciones en Jonathan Dach, quien formaba parte de la avanzada de seguridad. A pesar de los señalamientos que lo vinculaban como presunto cliente, la administración estadounidense no profundizó en investigaciones administrativas en su contra en aquel entonces.
Recientes análisis de los archivos de Epstein muestran intercambios de correos electrónicos fundamentales que tuvieron lugar entre el 8 y el 17 de octubre de 2014. En estos mensajes, el financista asumió un rol de editor y estratega, puliendo las declaraciones institucionales sobre el caso.

La estrategia de defensa y las citas clave
Según los registros digitales, Jeffrey Epstein sugirió corregir borradores y recomendó a Ruemmler que se enfatizara públicamente la condición de Jonathan Dach como un simple voluntario, carente de acceso a información clasificada o responsabilidades críticas de seguridad.
En una de las interacciones, el equipo legal de Dach remitió una misiva a Kathy Ruemmler destinada a la periodista Carol Leonning. En dicha carta, se insistía en que se debía destacar la ausencia del nombre de Dach en los registros de huéspedes del hotel colombiano y sus constantes negativas sobre los hechos.
Por su parte, Ruemmler compartió con Epstein un borrador donde afirmaba que las indagaciones internas no habían hallado pruebas concluyentes de conducta indebida por parte del voluntario. Ante este texto, Epstein intervino con cuestionamientos directos:
“¿Dach todavía lo niega? Punto importante”
Además, el financista ofreció una versión ajustada de la respuesta oficial y puso en duda la credibilidad de los testimonios recogidos en Cartagena, preguntando:
“Si no fue el recepcionista del hotel quien lo escribió, ¿con qué frecuencia mienten las prostitutas sobre a qué habitación se dirigen?”

Manejo de fuentes y resultados de la investigación
La asesora legal de la presidencia admitió en las comunicaciones que nunca se logró determinar con absoluta certeza la identidad de los testigos, aceptando la posibilidad de que se tratara tanto de empleados hoteleros como de trabajadoras sexuales. Este intercambio de mensajes revela una marcada preocupación por la fiabilidad de las fuentes y el control de la narrativa en los medios de comunicación.
Epstein subrayó que el origen de la versión de los hechos (una trabajadora sexual en Colombia) debía ser un factor para matizar la interpretación del incidente. Bajo esta lógica, la Casa Blanca mantuvo la postura de que Dach era solo un colaborador sin roles decisivos.
Finalmente, una investigación de la Oficina de Seguridad Nacional identificó a trece trabajadores del Servicio Secreto, un empleado de la Agencia de Comunicaciones de la Casa Blanca y a un miembro de la avanzada como implicados en encuentros personales con ciudadanas colombianas, aunque nunca se establecieron pruebas oficiales de faltas cometidas por Jonathan Dach.
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