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EE. UU. transfiere a miles de detenidos de ISIS a Irak tras operativo

Las fuerzas militares de los Estados Unidos han finalizado de manera casi total el proceso de entrega de miles de individuos vinculados al Estado Islámico a las autoridades de Irak. Este movimiento estratégico, según fuentes cercanas a la operación, prepara el terreno para lo que se prevé será el retiro de una gran parte, o incluso la totalidad, del contingente estadounidense desplegado en Siria en los próximos meses. El traslado masivo involucró a una población de entre 6.000 y 7.000 detenidos, una labor que se extendió por varias semanas y que podría darse por concluida oficialmente este viernes.

Esta movilización de prisioneros marca el cierre inminente de una misión que duró años bajo la supervisión de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). Este grupo, de mayoría kurda y aliado de Washington, era el encargado de administrar los centros de reclusión en las zonas que controlaban al noreste de Siria. Con la transferencia, se pone fin a una etapa logística compleja coordinada por soldados estadounidenses, las FDS y fuerzas iraquíes, utilizando tanto transporte aéreo como convoyes terrestres fuertemente custodiados.

Un giro estratégico en la lucha contra el terrorismo

El operativo representa uno de los hitos más relevantes en años respecto a los remanentes del Estado Islámico, cuya ofensiva en la región provocó una coalición internacional en 2014. Mientras la mayoría de los prisioneros ya se encuentran en suelo iraquí, se estima que un grupo menor de aproximadamente 2.000 ciudadanos sirios permanecerá en centros gestionados por las FDS hasta ser entregados finalmente al gobierno de su país. Gran parte de los trasladados han sido reubicados en la prisión de Al-Karkh, situada cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad; esta infraestructura es conocida históricamente como Campo Cropper, recinto que el ejército de EE. UU. utilizó durante la guerra de Irak.

Desde la Casa Blanca, se emitió un comunicado destacando que el presidente Donald Trump mantiene su compromiso con una Siria que sea “estable, unificada y en paz consigo misma y con sus vecinos”. La administración enfatizó que es vital evitar que el país se convierta en una plataforma para el terrorismo internacional. Asimismo, aseguraron que el gobierno estadounidense supervisa de cerca la situación para garantizar que

“los detenidos de ISIS permanezcan en detención”

, asegurando una transición controlada de los centros hacia el mando sirio.

Este cambio de rumbo ocurre bajo la gestión de Donald Trump, quien ha mostrado sintonía con el actual líder sirio, Ahmed al-Sharaa. El objetivo es retirar a los 1.000 soldados estadounidenses que servían de contención contra un posible resurgimiento de la organización extremista. No obstante, las alarmas no han desaparecido: un reporte de la Agencia de Inteligencia de Defensa alertó que el Estado Islámico buscará “reconstituir su capacidad de ataque”, incluyendo planes para liberar prisioneros y golpear objetivos en Occidente. Cabe recordar que, en diciembre pasado, un ataque atribuido al grupo acabó con la vida de tres soldados estadounidenses en Siria, lo que derivó en bombardeos de represalia ordenados por Trump.

Ahmed al-Sharaa, presidente de Siria (REUTERS/Khalil Ashawi/Archivo)

El nuevo escenario político en Siria

El panorama regional cambió drásticamente tras la caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024. Ahmed al-Sharaa, antiguo integrante de al-Qaeda que se distanció de dicha organización en 2016, lidera ahora el proceso de unificación tras décadas de guerra civil y atrocidades. Según un informe de las Naciones Unidas, Sharaa ha sido blanco de múltiples intentos de asesinato por parte de ISIS en el último año. Como parte del repliegue, fuerzas de EE. UU. entregaron este miércoles el control de la guarnición de Tanf a las tropas de Sharaa. El almirante Brad Cooper, máxima autoridad de operaciones en la zona, declaró que se mantiene la vigilancia para responder ante cualquier amenaza extremista.

Es probable que otras bases militares pasen a manos de las fuerzas de Sharaa próximamente, facilitando que Trump cumpla su meta de finalizar la misión en Siria. El mandatario estadounidense ha minimizado el historial de Sharaa, describiéndolo ante la prensa como un líder que está “trabajando muy duro” y justificando su perfil agresivo con la frase:

“No vas a poner ahí a un monaguillo y que haga el trabajo”

.

Sin embargo, existen dudas razonables. En conversaciones privadas, Washington advirtió a Bagdad que el control de Sharaa sobre los prisioneros podría ser inestable, sugiriendo que existía el riesgo de fugas que amenazaran nuevamente la seguridad de Irak. Estos temores se materializaron parcialmente el 19 de enero, cuando una ofensiva de las fuerzas de Sharaa sobre instalaciones de las FDS, como la prisión de Shaddadi y el campo de al-Hol, permitió el escape de unos 200 detenidos. Aunque se trataba de combatientes de bajo rango y muchos fueron recapturados, el incidente motivó llamadas de alto nivel entre Cooper, Trump y Sharaa.

Fuerzas kurdas en Tel Hamis (REUTERS/Orhan Qereman/Archivo)

Reacciones y tensiones regionales

La entrega de prisioneros no ha estado exenta de críticas. Abdulkarim Omar, del gobierno civil de las FDS, calificó el avance de las tropas de Sharaa como una “agresión” y lamentó que el pueblo kurdo haya sido “víctima de arreglos internacionales concluidos sobre sus cabezas”. A pesar de esto, el presidente Trump afirmó haber resuelto

“un problema tremendo en conjunto con Siria y salvado muchas vidas”

tras comunicarse con Sharaa.

Por otro lado, el asesor de seguridad de Irak, Hussein Allawi, manifestó que su nación está preparada para asumir la custodia, aunque pidió a otros países repatriar a sus ciudadanos vinculados a ISIS para no saturar la infraestructura iraquí. En contraste, el investigador kurdo Jiwan Soz se mostró escéptico, señalando que Sharaa enfrenta dificultades para controlar a las diversas facciones y tribus armadas en el territorio. “Hay enormes desafíos allí, y no creo que Al-Sharaa pueda tener éxito”, sentenció.

Desde el gobierno sirio, el funcionario Nawar Rahawie admitió que la tregua actual es delicada y que se están investigando crímenes pasados del régimen de Assad para buscar justicia. Finalmente, el exembajador James Jeffrey expresó ante el Congreso de EE. UU. una postura cautelosa pero optimista, resaltando que Sharaa ha combatido la influencia de Irán y al propio Estado Islámico, cumpliendo así con objetivos clave de la política exterior estadounidense.

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