Las dietas cetogénicas, comúnmente denominadas keto, han ganado una enorme popularidad por su capacidad para reducir el peso corporal de forma acelerada. Sin embargo, un nuevo reporte científico del Departamento de Ciencias de la Nutrición de la Universidad Estatal de Pensilvania advierte que estos planes alimenticios, especialmente aquellos con un alto contenido de grasas saturadas, podrían generar daño hepático significativo en apenas pocas semanas, incluso si el paciente no incrementa su ingesta calórica total.
De acuerdo con la definición proporcionada por la Mayo Clinic, este régimen consiste en un plan bajo en carbohidratos y sumamente elevado en grasas. El objetivo principal es forzar al organismo a entrar en un estado metabólico denominado cetosis. En dicha condición, ante la carencia de carbohidratos, el cuerpo se ve obligado a utilizar la grasa como su combustible primario en lugar de la glucosa habitual. Generalmente, este estilo de vida incluye el consumo de carnes, huevos, quesos, aceites y frutos secos, mientras restringe casi totalmente el pan, las pastas, las frutas y los azúcares.

Frente a la tendencia de estos esquemas ricos en lípidos, la investigación difundida en el Journal of Nutrition destaca un hallazgo relevante: aquellas dietas que poseían una mayor proporción de carbohidratos refinados demostraron un impacto negativo menor en la salud del hígado en comparación con los regímenes con niveles extremos de grasas saturadas.
Diseño del experimento y comparación de dietas
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de expertos trabajó con un modelo de ratones divididos en cuatro subgrupos, cada uno bajo un régimen específico donde el aporte de proteínas se fijó en el 18% de las calorías totales, variando únicamente el origen de la energía restante:
- Dieta cetogénica: compuesta por un 1% de carbohidratos y un 81% de grasas (predominantemente saturadas).
- Dieta alta en grasas: con un 42% de carbohidratos y un 40% de grasas.
- Dieta alta en carbohidratos: integrada por un 70% de carbohidratos y un 11% de grasa.
- Dieta estándar de control: basada en cereales integrales, con 29% de proteínas, 57,5% de carbohidratos y 13,5% de grasas.
Tras 16 semanas de observación, los datos fueron contundentes: los animales bajo la dieta cetogénica y la alta en grasas duplicaron su peso inicial. Por el contrario, el grupo con la dieta estándar solo aumentó un 10%, cifra acorde al desarrollo natural por su edad. Dado que la ingesta de calorías fue equivalente en todos los grupos, los científicos enfatizan que el origen de los nutrientes es el factor determinante en la salud metabólica.

Consecuencias en el hígado y alteraciones metabólicas
El estudio reveló que tanto la dieta alta en grasas como la keto alteraron la tolerancia a la glucosa y provocaron un deterioro severo en los marcadores hepáticos. Los síntomas de afectación, que incluyeron el incremento de los niveles de azúcar en la sangre y la aparición de lesiones en el tejido del hígado, se hicieron presentes tan solo dos semanas después de iniciados estos planes alimenticios.
Específicamente, en los sujetos sometidos a la dieta cetogénica se detectaron niveles preocupantes de triglicéridos, lípidos que en concentraciones altas elevan el riesgo de patologías cardíacas. Asimismo, se observó inflamación sistémica, acumulación de grasa en el órgano hepático (hígado graso) y la activación de genes vinculados directamente con la fibrosis o cicatrización del hígado, factores que predisponen a futuras complicaciones cardiovasculares.

El autor principal y profesor asociado, Vishal Singh, fue enfático en sus declaraciones tras analizar los resultados:
“la dieta cetogénica fue muy perjudicial para el hígado y la salud global de los ratones con peso regular”
Aunque el metabolismo humano posee la capacidad de emplear la grasa como energía, Singh alertó sobre los efectos secundarios de este cambio drástico y recomendó que cualquier persona interesada en la dieta cetogénica lo haga exclusivamente bajo una rigurosa supervisión médica. Por otro lado, el estudio notó que la dieta rica en carbohidratos refinados (harinas blancas y azúcares), aunque no es saludable, provocó un daño hepático menos agresivo que el observado con las grasas saturadas.
La relevancia de la fibra y la nutrición personalizada
Las recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón sugieren que las grasas saturadas no deben representar más del 6% del consumo calórico diario. Estos hallazgos reafirman dicha norma, pues la dieta basada en granos integrales fue la que arrojó mejores indicadores de salud y un control de peso óptimo.
Un aspecto clave mencionado por los investigadores fue el rol de la fibra alimentaria. Al introducir fibra en la dieta cetogénica de modelos obesos, se logró estabilizar el peso y mejorar los marcadores metabólicos sin interrumpir el estado de cetosis. La inclusión de fibra podría mitigar problemas digestivos comunes en estas dietas sin anular los objetivos terapéuticos.

Finalmente, los especialistas reiteran que no existen soluciones mágicas en nutrición y que cada individuo requiere un enfoque personalizado. Singh concluyó que, si bien la ciencia ha avanzado en identificar qué alimentos son nocivos, no existe una dieta única que funcione para todos por igual. Ante la evidencia de que el tipo de grasa ingerido impacta directamente en la salud hepática, es fundamental fundamentar cualquier cambio alimenticio en evidencia científica y asesoría profesional.
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