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Ainhoa Vila: El error de creer que la libertad es hacer lo que deseamos

Por décadas, el concepto de bienestar emocional ha sido vinculado a una percepción de estabilidad casi inamovible, donde la felicidad se entiende como la ausencia definitiva de sensaciones como la tristeza, la ansiedad o la incomodidad. Sin embargo, la realidad diaria contradice esta visión romántica: el acto de vivir conlleva necesariamente enfrentarse a la incertidumbre y a conflictos emocionales que no siempre son placenteros.

Persiste en la sociedad una convicción profunda de que la plenitud solo se alcanzará cuando los problemas se disipen de forma definitiva. Es común pensar que la vida comenzará realmente cuando ocurran los siguientes hitos:

  • Se supere una etapa de alta presión en el ámbito laboral.
  • Se logre solucionar un conflicto sentimental o de pareja.
  • Los episodios de ansiedad desaparezcan por completo.
  • El entorno general se encuentre en un estado de calma absoluta.

Bajo este esquema de pensamiento, el bienestar se transforma en un objetivo constantemente postergado, sujeto a que los factores externos se alineen perfectamente. El inconveniente principal es que ese estado de tranquilidad total podría no materializarse nunca. Pese a esto, muchos individuos mantienen su existencia en pausa, aguardando a “sentirse bien” para empezar a ejecutar sus deseos. Según la psicóloga Ainhoa Vila, es en este punto donde reside una de las mayores confusiones sobre la autonomía y el equilibrio emocional.

“Hay una idea superextendida de la libertad que en consulta se cae superrápido. Y es que creemos que ser libres es hacer lo que nos apetece y muchas veces es justamente lo contrario”

En su labor terapéutica, Vila detecta cómo esta noción colisiona con la estructura psicológica de pacientes que llegan convencidos de que seguir el deseo inmediato es la máxima expresión de su independencia personal.

La psicóloga Ainhoa Vila recuerda que evitar el malestar no lleva a la felicidad. (Freepik)

El mecanismo de la evitación

Desde la perspectiva de la psicología de la conducta, la experta advierte que esta forma de razonar puede ser sumamente engañosa. Ella señala que

“desde la psicología de la conducta, hacer solo lo que te apetece suele ser un componente de la evitación y además es que a mí se me disparan las alarmas”

. Acciones que parecen decisiones autónomas —como no asistir a un compromiso que genera nerviosismo o postergar una charla difícil— son, en el fondo, tácticas para eludir el malestar.

Para ilustrar este fenómeno, la especialista utiliza la metáfora del termostato. Ella argumenta que

“si solo te mueves cuando la temperatura está perfecta, tu rango de vida se hace mínimo y es que esto lo veo muchísimo en mi consulta”

. Esta dinámica genera una existencia condicionada por la búsqueda de placer inmediato y el rechazo a cualquier sensación negativa.

Esta conducta de evitación, en lugar de ampliar los horizontes personales, los restringe severamente. Al limitar las vivencias solo a aquellas que aseguran un bienestar instantáneo, el margen de maniobra del individuo se reduce drásticamente. En su consulta, Ainhoa Vila escucha con regularidad premisas que reflejan esta espera eterna:

“Personas que me dicen: ‘Oye, es que cuando me sienta mejor, cuando yo decida, haré esto’”

El problema crítico, según la psicóloga, es que ese escenario ideal

“nunca llega porque tenemos que tener en cuenta un montón de variables que no controlamos

. La idea de actuar solo ante la ausencia de malestar detiene el progreso vital: se frenan proyectos y decisiones cruciales esperando un estado anímico óptimo que depende de factores externos azarosos. Mientras tanto, el sentimiento de estancamiento personal se profundiza con el paso del tiempo.

Ante este panorama, la experta propone una nueva visión de la autonomía:

“La libertad no es la ausencia de malestar, sino que es la capacidad de poder actuar a pesar de este”

. El objetivo no es erradicar las emociones difíciles, sino integrarlas sin que estas tomen el control de las acciones. La psicóloga concluye con una premisa contundente:

“Cuanto más evitas sentirte mal, menos libre eres”

.

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