Mantener conversaciones mientras se conduce un vehículo es una práctica sumamente habitual, pero una investigación académica desarrollada por la Universidad de Salud de Fujita, en Japón, revela que esta acción genera un preocupante retraso en la atención visual de los conductores. El estudio pone el foco sobre cómo las distracciones impactan negativamente en la seguridad vial a nivel global.
El informe científico, que fue divulgado en la revista especializada PLOS ONE bajo la coordinación del profesor Shintaro Uehara, determinó que el habla interfiere con los mecanismos de atención visual indispensables para operar un motorizado. Los resultados indican que aquellos que manejan experimentan una mayor demora para detectar y enfocar objetos en su entorno, factor que eleva la posibilidad de ignorar señales o peligros inminentes.
“El habla provoca retrasos en el tiempo que necesitamos para detectar el objeto, mover la vista y reaccionar”
señaló puntualmente el profesor Uehara. Según los datos recopilados, conducir un automóvil es una de las tareas diarias con mayor nivel de riesgo que se ve comprometida por la denominada distracción cognitiva.
El reporte también advierte que el uso de dispositivos móviles al volante es una fuente crítica de peligro, llegando a incrementar el riesgo de sufrir un accidente hasta cuatro veces en comparación con una conducción normal. Los expertos comparan la gravedad de las alteraciones causadas por manipular un teléfono con las deficiencias que presenta un conductor en estado de ebriedad.
Metodología y hallazgos del estudio

El proceso de investigación no se limitó a contabilizar siniestros, sino que profundizó en el análisis de la mirada del conductor para comprender el efecto de añadir una conversación al ejercicio de manejo. Los especialistas realizaron pruebas controladas con un grupo de 30 adultos para medir los tiempos de detección de objetos laterales bajo tres escenarios específicos: hablar, escuchar y estar concentrados exclusivamente en el camino.
Las conclusiones fueron claras: hablar produce demoras significativas en el tiempo de respuesta y en el movimiento ocular, funciones que son vitales para la conducción segura. Aunque estas variaciones se contabilizaron en microsegundos, dicha diferencia puede resultar crítica cuando se transita por carreteras a altas velocidades, donde cualquier retraso para enfocar un obstáculo imprevisto puede ser fatal.
Un detalle relevante hallado por los científicos es que estas demoras se vuelven más profundas cuando el estímulo visual se presenta en la zona inferior del campo de visión, área donde usualmente se ubican elementos clave de la ruta. Este efecto ocurre debido al esfuerzo mental que requiere estructurar una respuesta hablada, lo cual entorpece el control de los ojos necesario para manejar.

En cuanto a las modalidades de comunicación, el estudio no encontró variaciones notables de riesgo entre conversar con un pasajero o utilizar un sistema de manos libres; en ambos casos, la atención se ve comprometida. Sin embargo, investigaciones de la Universidad de Utah sugieren que un acompañante físico podría reducir ligeramente el peligro, dado que este puede observar el tráfico y pausar el diálogo en momentos de alta exigencia vial.
Es importante considerar que, aunque el experimento japonés se realizó en un entorno de laboratorio y no registró accidentes reales en tiempo real, permite comprender con precisión cómo las distracciones cognitivas elevan los riesgos en la vía pública.
El peligro de la mente ocupada

Sobre este tema, la licenciada María Cristina Isoba, psicóloga y directiva de la organización Luchemos por la Vida, comentó que el uso del celular es un factor determinante en el aumento de la siniestralidad. La experta señaló que la atención que requiere una llamada distrae al conductor, mientras que la tensión emocional del diálogo puede provocar errores o demoras en las maniobras.
Isoba enfatizó que el problema no radica únicamente en las manos, sino en el cerebro: “La cuestión es tener la ‘mente libre’ de cualquier otra preocupación que no sea la conducción. Por ello, la ley de tránsito prohíbe su uso durante la conducción”.

De acuerdo con la especialista, incluso con sistemas manos libres, se pierde la concentración necesaria: no se sostiene una velocidad uniforme, se reduce la distancia de seguridad con otros autos y el tiempo de reacción se alarga entre medio segundo y dos segundos adicionales.
Otros datos mencionados por Isoba revelan que, tras solo 90 segundos de conversación telefónica, el conductor deja de percibir el 40% de las señales de tránsito, su velocidad promedio cae un 12% y su ritmo cardíaco se altera notablemente. Por ello, la experta insiste en la necesidad de generar conciencia sobre la dependencia del celular y urge a las autoridades a controlar y sancionar estas conductas para proteger la vida de los ciudadanos en las calles.
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