La influencia del calentamiento global provocado por las actividades humanas ha tenido una repercusión determinante en la ferocidad de los incendios forestales recientes que golpearon diversas zonas de Chile y la Patagonia argentina. De acuerdo con una advertencia emitida este miércoles por un grupo especializado de investigadores, las condiciones climáticas de peligro extremo que desencadenaron estos fuegos masivos son ahora hasta tres veces más probables de lo que serían en un contexto sin cambio climático.
El fenómeno caracterizado por un clima cálido, seco y racheado, que intensificó los incendios fatales ocurridos el mes pasado en las regiones central y sur de Chile, incrementó su probabilidad en aproximadamente un 200% debido a la acumulación de gases de efecto invernadero. Por otro lado, en el sur de Argentina, las condiciones críticas que permitieron el avance de los siniestros se volvieron un 150% más probables, según detalla la organización World Weather Attribution, un organismo científico dedicado a estudiar la relación entre el clima extremo y el calentamiento global inmediatamente después de su aparición.
Los especialistas recalcaron que estas probabilidades continuarán en ascenso mientras las sociedades sigan basando su energía en la quema de combustibles fósiles y liberando gases que retienen el calor en la atmósfera terrestre.
En el territorio chileno, las llamas que devastaron las regiones de Biobío y Ñuble a mediados de enero dejaron un saldo trágico de 23 personas fallecidas. Además, el fuego destruyó por completo más de 1.000 viviendas y otras infraestructuras, forzando el desplazamiento de decenas de miles de habitantes. Estos incidentes fueron provocados por acciones humanas, ya sea mediante negligencia o de forma intencionada.

En lo que respecta al sur de Argentina, el origen de los focos ígneos fue natural, provocados inicialmente por caída de rayos. Esta situación derivó en la evacuación de miles de residentes y turistas, afectando una superficie superior a las 45.000 hectáreas de bosque nativo. Entre las zonas más perjudicadas se encuentra el Parque Nacional Los Alerces, sitio distinguido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y hogar de ejemplares arbóreos que superan los 2.600 años de antigüedad.
La ciencia detrás de los desastres naturales
Este nuevo reporte científico constituye la primera evaluación formal sobre cómo el calentamiento del planeta ha intensificado las emergencias forestales más críticas registradas en Chile y Argentina en la historia reciente. Los hallazgos confirman las sospechas de diversos sectores sobre el impacto ambiental actual.
Dicho análisis representa un hito en la denominada atribución meteorológica, una rama de la ciencia climática que ha crecido exponencialmente para satisfacer la demanda de información sobre la relación directa entre el cambio climático y las catástrofes naturales. Aunque el informe de World Weather Attribution aún está pendiente de revisión por pares, su metodología se sustenta en simulaciones de modelos computarizados y el análisis exhaustivo de datos para contrastar los patrones meteorológicos históricos con el presente.

“En general, podemos afirmar con certeza que el principal factor de este aumento del riesgo de incendios es el calentamiento antropogénico. Se prevé que estas tendencias se mantengan en el futuro mientras sigamos quemando combustibles fósiles”
Esta declaración fue brindada por Clair Barnes, investigadora asociada de la organización mencionada, durante un encuentro informativo con la prensa.
Condiciones de sequedad: un terreno fértil para el fuego
La investigación determinó que la combinación de sequías históricas y temperaturas sumamente elevadas generó el escenario perfecto para los incendios en ambas naciones sudamericanas. Un factor agravante ha sido la presencia de plantaciones de especies exóticas altamente combustibles, como los pinos, que facilitaron la propagación de las llamas. Estas especies invasoras han desplazado gradualmente a la flora nativa, la cual posee una mayor resistencia natural al fuego, convirtiendo el paisaje en material inflamable.
En la región de la Patagonia argentina, el termómetro alcanzó cifras alarmantes. La localidad de El Bolsón documentó su temperatura más alta para un mes de enero con 38,4 grados Celsius. Por su parte, en Esquel, cerca de Los Alerces, se registraron 11 días seguidos de máximas extremas durante el mismo mes, marcando la segunda ola de calor más prolongada en los últimos 65 años. En Chile, aunque no se rompieron récords históricos previos a los incendios, las temperaturas se mantuvieron inusualmente altas.
Los científicos calcularon que el nivel de lluvias registrado entre noviembre y enero, periodo previo a la temporada crítica de quemas, fue un 25% menor en Chile y un 20% menos intenso en Argentina de lo que se esperaría sin el aumento de 1,3 grados Celsius en la temperatura global acumulado desde la era preindustrial.

“Esto, sumado a temperaturas superiores a la media, provocó que la vegetación se viera sometida a estrés y a una humedad del suelo muy baja. Una vez que comenzaron los incendios forestales, se acumuló suficiente combustible para extenderse y mantenerse en el tiempo”
Así lo explicó Juan Antonio Rivera, investigador de origen argentino y coautor del documento científico.
Capacidad de respuesta y contrastes políticos
La gestión de la crisis ha mostrado marcadas diferencias presupuestarias. En Chile, bajo el mandato del presidente Gabriel Boric, el presupuesto destinado a la lucha contra incendios se incrementó en un 110% durante los últimos cuatro años, permitiendo mejores sistemas de prevención y la adquisición de tecnología avanzada.
Por el contrario, en Argentina, la implementación de políticas de austeridad por parte del gobierno de Javier Milei habría mermado la capacidad operativa para enfrentar estas catástrofes. Los investigadores señalan que el recorte de fondos para equipos de extinción, la falta de una planificación sólida y la desregulación turística en parques nacionales han sido factores negativos. Estos datos fueron corroborados por testimonios de guardabosques, bomberos y personal de socorro en la zona.
El mandatario argentino, quien ha cuestionado públicamente el vínculo humano con el cambio climático, no emitió comentarios oficiales ante las consultas sobre este informe.

“Desafortunadamente, con un gobierno que no comprende el cambio climático y su conexión con las actividades humanas, donde la naturaleza ocupa un lugar secundario en cuanto a prioridades, estas situaciones se agravan y los incendios forestales terminan teniendo un impacto mayor del que deberían. La situación aún no está bajo control”
Concluyó Rivera, enfatizando la gravedad de la falta de políticas ambientales coordinadas.
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