La clásica distinción entre personas que madrugan y aquellas que prefieren la noche ha sido superada por una investigación profunda liderada por la Universidad McGill en Canadá. El trabajo científico, difundido por la prestigiosa revista Nature Communications, sostiene que hay al menos cinco categorías de personas según su comportamiento al dormir. Esta nueva taxonomía trasciende los términos comunes y plantea consecuencias directas sobre el bienestar físico y psicológico.
Contrario a la idea convencional de que levantarse temprano es garantía de una salud óptima, el equipo de expertos detectó configuraciones mucho más complejas. El análisis se basó en el estudio de más de 27.000 adultos, utilizando herramientas como imágenes cerebrales, historiales médicos y cuestionarios exhaustivos. Los datos demuestran que el horario de descanso no es el único factor determinante, sino que también influye la respuesta del organismo durante el día y las costumbres que acompañan a cada individuo.
La conclusión principal de los especialistas es que no existe un modelo de sueño que funcione para toda la población por igual. Cada uno de los subtipos hallados posee una mezcla particular de beneficios y peligros, lo que resalta la urgencia de personalizar las rutinas diarias basándose en las necesidades biológicas de cada quien, en lugar de imponer horarios estrictos.
Las cinco categorías del descanso
La investigación segmentó a los sujetos en cinco grupos diferenciados. El primero, identificado como búho nocturno 1, muestra una tendencia hacia conductas de riesgo y dificultades en la regulación de sus emociones, aunque paradójicamente registra una capacidad cognitiva más alta. Este perfil suele estar vinculado al uso frecuente de smartphones, consumo de tabaco y alcohol, conducción veloz, convivencia con niños y una exposición reducida a la luz del sol, lo que marca ciclos de vigilia muy tardíos.
El denominado búho nocturno 2 también prefiere los horarios tardíos, pero sus rasgos son distintos. Este grupo se relaciona con una mayor afición a los videojuegos, menores ingresos económicos y una baja actividad física. Además, este perfil reporta una mayor prevalencia de depresión, tabaquismo y diversas complicaciones cardiovasculares.
En el ámbito de quienes prefieren la mañana, el madrugador 1 incluye a individuos que inician su día temprano, evitan el tabaco y el alcohol, y tienen poca tolerancia al riesgo. Si bien suelen mostrarse más preocupados o nerviosos, gozan de una mejor salud integral con pocos inconvenientes físicos. Por su parte, el madrugador 2 tiene una mayor presencia de mujeres y se asocia con niveles hormonales bajos, trastornos del ciclo menstrual, síntomas de depresión y el uso de fármacos antidepresivos.
Finalmente, el grupo búho nocturno 3 está compuesto mayoritariamente por hombres. Este perfil está ligado a afecciones como la hipertensión, enfermedades de la próstata y calvicie. Asimismo, presentan niveles elevados de testosterona, conductas impulsivas, depresión y un consumo frecuente de alcohol, tabaco y cannabis.
Recomendaciones para un descanso efectivo
Este estudio realizado por la Universidad McGill rompe el mito de que los problemas de salud son exclusivos de quienes trasnochan. Mientras que el grupo de madrugadores 1 registra la menor cantidad de patologías, el madrugador 2 evidencia una relación directa con cuadros depresivos. En cuanto a la agilidad mental, el primer tipo de búho nocturno supera a los madrugadores, pese a sus retos emocionales.

Para los autores, estos perfiles son el resultado de una red de factores que incluyen la genética, el entorno y el estilo de vida. Por ello, recomiendan adoptar horarios de sueño constantes y buscar la exposición a la luz solar al despertar para ayudar al ritmo circadiano. Los expertos sugieren descansar entre seis y nueve horas diarias y prestar atención a cómo se siente el cuerpo durante la jornada para determinar la efectividad del descanso. La clave reside en respetar la individualidad biológica para garantizar una salud sostenible a largo plazo.
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