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Silvia Severino: ¿Por qué no debemos tomarnos nada de forma personal?

Es habitual que en el día a día nos enfrentemos a situaciones que pueden resultar desconcertantes: un mensaje que queda sin respuesta, una cancelación de planes de último minuto, alguien que evita saludarnos al pasar o un incremento injustificado en el volumen de voz de un interlocutor. Estas vivencias, aunque parezcan insignificantes, tienen la capacidad de instalarse en nuestra mente como un pensamiento recurrente que es difícil de ignorar.

De esta manera se originan los ciclos de rumiación mental, donde un simple detalle se transforma en una interrogante agobiante. Uno de los factores principales que alimentan este proceso es la tendencia casi instintiva de tratar de descifrar las razones detrás de la conducta ajena, intentando adivinar pensamientos, intenciones o motivos ocultos tras cada acción.

Nuestra capacidad de análisis busca llenar los vacíos de información con conjeturas que, generalmente, terminan siendo negativas para nuestra propia percepción. En ese instante surge la incertidumbre y nos cuestionamos: ¿habré cometido un error?, ¿se habrán ofendido por algo que dije?, o ¿debería haber actuado de forma distinta?

Cuando una persona no responde los mensajes, solemos entrar en un bucle de pensamiento que nos responsabiliza de ese comportamiento. (Freepik)

El diálogo interno en estas circunstancias suele caracterizarse por una dureza extrema. Nos juzgamos con una severidad que jamás aplicaríamos a terceros, posicionándonos en el epicentro del conflicto y, en múltiples ocasiones, tomando la responsabilidad de una culpa que ni siquiera comprendemos del todo. Es una narrativa construida exclusivamente desde la perspectiva del ego, a pesar de que el problema real sea externo.

Bajo este escenario, la experta en salud mental Silvia Severino, a través de su contenido en la plataforma TikTok (@silviaseverinopsico), propone una transformación en la forma de percibir estas situaciones. Su enfoque no busca la autocomplacencia, sino que es netamente pragmático: entender que no somos el centro de todas las acciones de los demás. Su recomendación fundamental es clara:

“No te lo tomes personal”

.

Hacia una nueva interpretación de las conductas externas

La especialista ilustra esta problemática con ejemplos cotidianos con los que cualquier persona puede identificarse: desde el ignorar un saludo o un mensaje, hasta el incumplimiento de un compromiso o los gritos injustificados. Aunque las situaciones varíen, la estructura mental se repite: una interpretación personalista de los actos de terceros que nos afecta directamente.

Para contrarrestar esto, Silvia Severino sugiere un ejercicio lingüístico con un impacto psicológico profundo:

“Quita el ‘me’. ‘No saludaron, no respondieron, cancelaron, fallaron, gritaron’”

. Al eliminar ese pronombre, la situación deja de ser un ataque directo para convertirse en un hecho objetivo, despojado de interpretaciones subjetivas inmediatas.

Este cambio es vital porque, según explica la psicóloga, “su comportamiento habla de ellos”. Cada individuo actúa condicionado por sus propias circunstancias, su nivel de agotamiento, sus problemas personales o sus limitaciones emocionales. Por ello, vincular esas acciones con una supuesta falla propia es asumir una carga emocional que no nos pertenece y que resulta injusta.

Sin embargo, dejar de lado el pronombre personal no significa caer en la apatía. La otra parte fundamental del proceso radica en nuestra reacción. “Tu respuesta habla de ti”, enfatiza Severino. Lo que hagamos a continuación, nuestras reacciones y las decisiones que tomemos tras el evento, son las únicas variables que realmente están bajo nuestro control y voluntad.

Finalmente, para alcanzar este equilibrio emocional, la psicóloga destaca la importancia de un paso previo fundamental:

“Mira la verdad y luego toma decisión”

. Esto implica observar los hechos tal cual ocurrieron, sin añadir suposiciones ni adornos mentales. Solo desde esa claridad objetiva es posible determinar si es necesario dialogar, establecer límites, pedir explicaciones o, simplemente, dejar ir la situación.

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