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Reino Unido: El asediado liderazgo de Keir Starmer bajo fuego interno

“Hay que acabar con la distracción y hay que cambiar el liderazgo en Downing Street”, manifestó de forma contundente Anas Sarwar, quien encabeza el Partido Laborista Escocés, el pasado 9 de febrero. Con estas palabras, Sarwar se convirtió en la voz de mayor jerarquía dentro de la organización en exigir que Sir Keir Starmer abandone su cargo como primer ministro, tras una semana turbulenta marcada por las renuncias de Morgan McSweeney, jefe de gabinete, y Tim Allan, director de comunicaciones.

Pese a la postura de Sarwar, quien se encamina a unas complejas elecciones en el mes de mayo, los miembros del gabinete ministerial optaron por cerrar filas en torno a Starmer, aunque con diversos niveles de convicción. Angela Rayner, actual vicepresidenta y figura que asoma como posible sucesora, expresó a través de redes sociales su “pleno apoyo” al mandatario. Durante un encuentro con legisladores laboristas esa misma noche, el primer ministro defendió su gestión asegurando que “no estaba dispuesto a retirarse… ni a sumirnos en el caos”. Uno de sus críticos presentes en la reunión describió la intervención como: “Estuvo bien, de verdad. Fuerte”.

Un primer ministro en la cuerda floja

En la actualidad, el panorama para Gran Bretaña es sombrío y ninguno de los nombres que suenan para reemplazar a Starmer parece poseer una estrategia clara para resolver los conflictos estructurales del país. El actual primer ministro podría sostenerse en el poder por un tiempo adicional, supeditado a las exigencias de sus legisladores de ala izquierdista, o bien ser desplazado por un perfil más radical. Independientemente del desenlace, se percibe un gobierno laborista poco inclinado a confrontar la situación real de la nación.

Los datos son implacables: Sir Keir es el primer ministro británico más impopular desde que se tienen registros. Se le describe metafóricamente como un hombre cuya salud política es tan frágil que no podría sobrevivir a un simple resfriado. En este contexto de debilidad, el escándalo que vincula a Peter Mandelson con el agresor sexual convicto Jeffrey Epstein ha resultado extremadamente dañino. La decisión de Starmer de proponer a Lord Mandelson como embajador en Estados Unidos lo colocó en una posición indefendible ante la aparición de nuevos datos comprometedores.

Aunque la designación de Mandelson fue revocada en septiembre, documentos de reciente publicación exponen la profundidad de su vínculo con Epstein, sugiriendo incluso que el exministro pudo haber compartido información estatal reservada durante la crisis financiera global. Ante estos hechos, Sir Keir se ha disculpado por creer las mentiras de Lord Mandelson. Por su parte, Morgan McSweeney, quien impulsó el nombramiento del diplomático, dejó su cargo el 8 de febrero.

Promesas incumplidas y servicios en crisis

De acuerdo con diversos indicadores de seguimiento, Starmer no ha logrado avances significativos en las demandas prioritarias de la ciudadanía. Si bien es cierto que el Reino Unido enfrenta problemas comunes a otras potencias, como un crecimiento económico estancado y una administración en Washington cada vez más hostil, el primer ministro heredó un sistema de servicios públicos en deterioro y crisis financieras en sectores como la educación especial y la asistencia social. No obstante, sus niveles de aprobación son tan bajos que superan negativamente incluso los de Liz Truss durante su breve mandato de 49 días.

Gran parte del problema radica en la falta de preparación del Partido Laborista durante sus años en la oposición. La organización prometió no incrementar la carga impositiva a los trabajadores, un compromiso que resultó insostenible. Bajo la gestión de la canciller Rachel Reeves, se prevé que los impuestos alcancen sus cotas más altas desde la década de 1940. Asimismo, el control migratorio ha fallado: las cifras son más altas que cuando Sir Keir asumió el cargo, pese a la promesa de detener las embarcaciones que cruzan el canal.

“Hay que acabar con la distracción y hay que cambiar el liderazgo en Downing Street”

La carencia de un diagnóstico realista previo ha dejado al Ejecutivo sin la autoridad necesaria para ejecutar medidas difíciles, a pesar de contar con una amplia mayoría en el Parlamento. Esta situación ha generado un clima de rebelión entre sus propios diputados, quienes ven cómo las políticas polémicas desgastan su capital político antes de ser eventualmente descartadas.

Desorden interno en Downing Street

Las críticas internas apuntan a una gestión errática y autoritaria por parte del equipo de Starmer. La inestabilidad es evidente: en apenas 19 meses, el primer ministro ha visto pasar a dos jefes de gabinete, cuatro directores de comunicación y 11 ministros. Sin una base ideológica sólida, el mandatario parece sobrepasado por la coyuntura, dejando a menudo el peso estratégico en manos del saliente McSweeney.

La percepción ciudadana es que el cambio prometido no ha llegado. Tras años de escándalos bajo el mandato conservador y el incremento del costo de vida desde 2021, el mensaje de Starmer en 2024 sobre “dar prioridad al país” y terminar con el caos parece haberse diluido. Sin embargo, el desorden ha continuado, provocando comparaciones nostálgicas y negativas con las administraciones de Theresa May y Boris Johnson por parte de exfuncionarios conservadores.

El impacto electoral ya se siente. Casi la mitad de quienes votaron por los laboristas en 2024 aseguran que cambiarían su voto por otro partido. Mientras tanto, Reform UK, la fuerza populista de derecha liderada por Nigel Farage, se mantiene a la cabeza de las encuestas de opinión desde mayo de 2025. El temor a perder sus puestos ha llevado a muchos legisladores oficialistas a debatir abiertamente sobre el desenlace del mandato de Starmer.

El factor sucesorio

A pesar de la presión, Starmer se mantiene en el cargo debido a que no existe un sucesor de consenso en el corto plazo. Para iniciar un proceso de relevo, un candidato requiere el respaldo de al menos 81 diputados (el 20% de la bancada laborista). Los perfiles más visibles enfrentan obstáculos propios:

  • Angela Rayner: Favorita en las apuestas, pero bajo escrutinio de las autoridades fiscales.
  • Wes Streeting: Secretario de Salud, cuya cercanía con Lord Mandelson le resta puntos entre la militancia y tendría dificultades para ganar su apoyo.
  • Andy Burnham: Alcalde de Gran Manchester y muy popular en las bases, pero inhabilitado para liderar el partido por no poseer un escaño parlamentario.

El escenario más probable es que Sir Keir siga luchando, radicalizando su agenda hacia posturas más progresistas para retener el apoyo de sus parlamentarios. Algunos legisladores de base consideran que un primer ministro débil les otorga mayor margen de maniobra. No obstante, las elecciones locales del 7 de mayo representan una amenaza inminente, sumada a la posible publicación de más documentos comprometedores sobre el nombramiento de Mandelson que el gobierno ha aceptado revelar.

Dentro de las filas laboristas, son pocos los que abogan por medidas de fondo, como el control del gasto social. Debido a la mayoría parlamentaria, no se prevén elecciones generales a corto plazo, lo que augura un periodo de drama interno y distracciones políticas, alejándose de la estabilidad que se le prometió al electorado.

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