Operación militar en aguas internacionales
En una maniobra coordinada, las fuerzas militares de Estados Unidos ejecutaron el abordaje del Aquila II, un buque petrolero con nexos directos con Venezuela. La acción se desarrolló en aguas del Océano Índico y fue comunicada oficialmente por el Secretario de Defensa estadounidense durante la noche del 9 de febrero. Aunque el anuncio se realizó al finalizar la jornada, el material visual compartido por el Pentágono evidencia que el despliegue ocurrió a plena luz del día. Los registros de geolocalización de la embarcación confirmaron su posición en el Índico en esa fecha, tras haber sido rastreada por el Departamento de Defensa desde que abandonó la zona del Caribe.
El Comando Indo-Pacífico (INDOPACOM) fue el ente responsable de supervisar esta misión, la cual fue calificada como un ejercicio de “derecho de visita, interdicción marítima y abordaje” realizado sin mayores contratiempos. De acuerdo con el reporte de las autoridades norteamericanas, el Aquila II operaba ignorando la cuarentena de buques sancionados que rige en la región caribeña. Tras un intento de evasión, la nave fue interceptada por unidades militares, momento en el cual el Departamento de Defensa reafirmó su postura estratégica:
“Ninguna otra nación del planeta Tierra tiene la capacidad de imponer su voluntad en ningún ámbito. Por tierra, aire o mar, nuestras Fuerzas Armadas los encontrarán e impartirán justicia. Se quedarán sin combustible mucho antes de que puedan escapar de nosotros”.
Estrategia de presión contra la ‘flota oscura’
Desde finales de 2025 y los primeros meses de 2026, la administración de Estados Unidos ha intensificado una política sistemática de interceptación contra embarcaciones asociadas a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). Esta ofensiva se divide en dos frentes críticos: la vigilancia de la denominada “flota oscura” petrolera y acciones directas contra presuntas redes de narcotráfico. El gobierno estadounidense sostiene que estos barcos violan normativas internacionales al navegar con transpondedores apagados y utilizar “banderas de conveniencia” para ocultar sus trayectorias comerciales.
En diciembre de 2025, bajo el mandato de Donald Trump, quien retomó la presidencia ese mismo año, se efectuó la incautación del buque Skipper tras su salida de territorio venezolano. Mientras Caracas tildó la operación como un acto de “piratería internacional”, Washington alegó que la nave financiaba actividades ilícitas. Posteriormente, el 7 de enero de 2026, las fuerzas norteamericanas lanzaron operativos simultáneos en el Atlántico Norte y el Caribe. Durante estos hechos, el petrolero Bella 1 (renombrado como Marinera) intentó evadir el control cambiando su bandera por la de Rusia. A pesar de contar con la escolta de un submarino ruso, las fuerzas estadounidenses procedieron con el abordaje respaldadas por órdenes judiciales de decomiso.

De forma paralela a las acciones contra los petroleros, el despliegue en el Caribe ha incluido operaciones letales contra embarcaciones menores identificadas como “narco-lanchas”. En estos despliegues se ha empleado tecnología de punta, incluyendo portaaviones, destructores y cazas F-35, para consolidar el dominio militar en la zona. El Departamento de Defensa ha sido enfático al señalar que la política de “estrangulamiento total” a las exportaciones de crudo venezolano y al tráfico marítimo ilegal continuará, con el objetivo de anular cualquier intento de actores sancionados por desafiar el poder de Estados Unidos en las rutas globales.
Fuente: Fuente