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Riesgos del multitasking: Cómo la hiperproductividad daña la mente

En la actualidad, completar todas las horas de nuestra jornada con una infinidad de obligaciones parece no ser suficiente. Ha surgido una necesidad imperante de realizar múltiples actividades de forma simultánea. Nos encontramos sumergidos en una cultura de la productividad que exalta el sacrificio constante, castiga el descanso y fomenta una autoexigencia desmedida que ya trasciende lo laboral para invadir cada rincón de nuestra cotidianidad.

Esta urgencia por el rendimiento ha colonizado incluso el tiempo libre, transformando el ocio en un espacio que debe ser optimizado. Es común observar a personas revisando sus dispositivos móviles mientras ven una película o escuchando un podcast mientras pasean a su mascota. El cerebro permanece anclado a diversas experiencias simultáneas con el único fin de evitar el aburrimiento, un estado que hoy se percibe como un adversario a vencer.

Este comportamiento, propio de la sociedad de la hiperproductividad, es identificado técnicamente como multitasking o multitarea. Especialistas en salud mental advierten que esta práctica acarrea repercusiones graves en la capacidad de atención y el equilibrio emocional. Simón Rodríguez, psicólogo y psicoterapeuta de Sens Psicología (centro con atención en Madrid y modalidad online), analiza cómo esta tendencia se ha consolidado y cuáles son las rutas para desacelerar nuestro ritmo de vida.

La cultura de la productividad constante ha provocado que cada vez más personas perciban el descanso como algo negativo. (Canva)

¿Por qué se ha popularizado el multitasking?

Para el experto Simón Rodríguez, el auge de la multitarea no es fortuito ni un problema meramente individual, sino que responde directamente al estilo de vida actual. Según explica, nuestra sociedad otorga un valor desproporcionado a la velocidad, la eficiencia y la hiperconectividad. En este entorno, ser capaz de atender varios frentes a la vez es visto como una cualidad positiva y no como un síntoma de saturación mental.

Apoyándose en el pensamiento de Byung-Chul Han sobre la sociedad del rendimiento, Rodríguez señala que el individuo moderno ha pasado de tener un supervisor externo a ser su propio capataz:

“ya no necesitamos que alguien nos exija desde fuera, hemos interiorizado la presión de producir, responder y aprovechar cada minuto”

. Bajo esta lógica, el multitasking es una respuesta adaptativa para intentar “estar a la altura” de las intensas demandas de los ecosistemas digitales, sociales y profesionales.

La optimización del tiempo libre y el miedo al silencio

Uno de los puntos más críticos de este fenómeno es la transformación del ocio. El psicólogo destaca que incluso los momentos de esparcimiento se viven bajo la presión de ser aprovechados al máximo. Ejemplos cotidianos como chatear mientras se disfruta de una función de cine o caminar oyendo audios revelan una incapacidad de no hacer nada.

Todos los momentos del día se aprovechan para hacer tareas, incluso los paseos de las mascotas. (Freepik)

Para un segmento amplio de la población, el silencio o la atención plena generan una profunda incomodidad. Rodríguez advierte sobre la pérdida de la capacidad contemplativa, donde el tiempo de descanso deja de ser regenerativo para volverse una forma de consumo encubierto. El especialista invita a reflexionar sobre si realizamos estas actividades “por disfrute o por imposibilidad de estar con una sola cosa a la vez”.

Aunque el fenómeno afecta a todos, se manifiesta de forma distinta según la edad. Mientras que en los más jóvenes el multitasking está normalizado por su crianza digital, en los adultos se vincula a la carga laboral y familiar. Los perfiles más propensos son aquellos con alta autoexigencia, temor a quedar rezagados o quienes vinculan su valor como personas exclusivamente a sus logros y productividad.

En un contexto de hiperproductividad, es frecuente aplazar, acortar o eliminar el cansancio de las rutinas diarias. (Freepik)

Impacto en la salud física y psicológica

Al analizar los efectos a corto plazo, el multitasking genera una falsa sensación de éxito. No obstante, rápidamente surgen el agotamiento mental, la irritabilidad y una saturación agobiante. A medio plazo, esto evoluciona hacia estrés crónico y ansiedad, dificultando seriamente la desconexión necesaria para el descanso real.

En el largo plazo, este patrón sostenido puede derivar en desmotivación y una crisis de sentido. El psicoterapeuta de Sens Psicología menciona el concepto de “cansancio del alma”: un agotamiento existencial que no se soluciona simplemente con dormir, ya que afecta la estructura misma del bienestar del individuo.

Deterioro de la concentración y la memoria

La ciencia psicológica confirma que la multitarea no optimiza la atención, sino que la fragmenta. El cerebro humano no procesa varias tareas complejas al mismo tiempo; en realidad, salta rápidamente entre ellas, provocando un desgaste severo y bajando la calidad de la información procesada.

El multitasking puede provocar agotamiento mental. (Freepik)

Esto deriva en consultas frecuentes por olvidos cotidianos, dispersión y dificultad para finalizar tareas o seguir una lectura extensa. Rodríguez aclara que muchos pacientes temen sufrir un deterioro cognitivo real, cuando el problema es el exceso de estímulos:

“La atención necesita continuidad para consolidar la memoria: cuando todo se hace de forma fragmentada, la información no logra fijarse adecuadamente”

. Esta ineficacia termina por golpear la autoestima de la persona.

Consecuencias en el entorno social

La multitarea también erosiona los vínculos afectivos al fragmentar la presencia emocional. Intentar conversar mientras se revisan notificaciones degrada la calidad de la interacción. En terapia, esto se traduce en sentimientos de soledad y desconexión entre parejas o amigos, quienes sienten que no son escuchados realmente.

La necesidad de estar constantemente haciendo cosas también afecta a las relaciones personales. (Freepik)

El camino hacia el ‘monotasking’

Para abandonar esta dinámica, Simón Rodríguez enfatiza la necesidad de ser conscientes del modo de vida que llevamos. El mayor reto no es la organización del tiempo, sino la culpa que surge al no ser productivo. El primer paso es observar la ansiedad o la inquietud que aparece al intentar hacer una sola cosa sin distracciones.

Frente a la dispersión, surge el monotasking como una herramienta de cuidado personal. No se trata solo de hacer una tarea a la vez, sino de recuperar la presencia y la capacidad de habitar la experiencia actual. Favorecer espacios para reflexionar, divagar o incluso aburrirse es vital para la creatividad y la regulación de las emociones.

Lograr concentrarse en una sola actividad —como caminar, leer o conversar— genera una coherencia interna que aquieta el cuerpo y ordena la mente. En una sociedad que exige velocidad constante, el monotasking se presenta como un acto de resistencia y salud emocional.

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