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Claves del entrenamiento militar: Técnica y constancia sobre intensidad

En el ámbito del entrenamiento físico contemporáneo, la conversación suele fragmentarse entre quienes buscan fines puramente estéticos y aquellos programas de alta exigencia que aseguran resultados casi inmediatos. No obstante, en esta dinámica suele ignorarse la capacidad real del organismo para enfrentar desafíos cotidianos, tales como cargar objetos pesados, preservar una postura saludable o resistir el agotamiento físico extremo. Ante esta realidad, el enfoque militar propone una alternativa donde la funcionalidad prevalece sobre la apariencia externa.

A través de un reciente informe compartido por Men’s Health, el especialista Farren Morgan, quien se desempeñó como fisioterapeuta del ejército británico, detalló una metodología centrada en la disciplina, la regularidad y la fuerza aplicable. El objetivo principal de este sistema es forjar un cuerpo capaz de responder eficazmente bajo situaciones de presión constante.

El ejercicio “dead bugs” forma parte del plan propuesto por Farren Morgan para mejorar la estabilidad del core y el control del movimiento (Captura de video: YouTube)

La estrategia de Morgan se distancia de los ejercicios focalizados en el denominado “músculo espejo”. En su lugar, busca cimentar una base física robusta que soporte el esfuerzo del día a día, sin que el individuo tenga que depender de picos de motivación temporales para cumplir con su rutina.

La mentalidad: el motor del cambio físico

Para el experto, la evolución en el rendimiento no se origina en las pesas, sino en la mente. Farren Morgan observó que, durante los primeros meses del año, muchas personas se debaten entre continuar con antiguos hábitos o transformar su rendimiento mediante metas claras. En este punto, sugiere que la clave reside en un cambio de identidad profundo.

“Adopta la identidad de alguien que se presenta con constancia en lugar de alguien que espera a sentirse motivado o aspira a sesiones perfectas”

Según explicó en su análisis, durante las etapas iniciales de un programa, el organismo presenta adaptaciones veloces, pero esto ocurre únicamente si existe una regularidad estricta. La mentalidad, por tanto, se convierte en el factor determinante para mantener el compromiso, especialmente cuando los cambios físicos no son visibles de forma instantánea.

Dentro del circuito propuesto, las flexiones se utilizan para desarrollar fuerza del tren superior sin necesidad de equipamiento complejo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Planificación realista y el valor de la frecuencia

El ex fisioterapeuta militar subrayó que cualquier plan de entrenamiento debe ser compatible con las obligaciones diarias. Bajo esta premisa, indicó que realizar entre dos y tres sesiones de fuerza bien estructuradas a la semana es un objetivo alcanzable para la mayoría de los principiantes, garantizando además el tiempo necesario para la recuperación de los tejidos.

Este esquema base puede fortalecerse incorporando ejercicios cardiovasculares específicos. Morgan sugiere aprovechar los días de recuperación activa para realizar caminatas a ritmo ágil o incluso caminatas con carga adicional. La intensidad de estas actividades puede medirse mediante la percepción del esfuerzo o la frecuencia cardíaca, sugiriendo un ritmo que permita mantener una conversación antes de pasar a niveles más exigentes.

Esta visión tiene sustento científico. Morgan cita una investigación del European Journal of Social Psychology, la cual determina que la frecuencia de la actividad es el elemento vital para que el ejercicio se transforme en un hábito sólido, teniendo más peso que la intensidad de las sesiones durante la fase de inicio.

Evitando los fallos que detienen el progreso

En su análisis, el especialista identificó errores críticos que suelen cometer los novatos.

“El principal error es buscar la intensidad antes de aprender la técnica adecuada, ya que esto aumenta el riesgo de lesiones y frena el progreso”

, enfatizó Farren Morgan. Para mitigar este riesgo, la recomendación es disminuir la velocidad y priorizar el control absoluto sobre cada movimiento.

Morgan advierte sobre el error de buscar intensidad antes de dominar la técnica, lo que incrementa el riesgo de lesiones y obstaculiza el avance (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otro obstáculo recurrente es el sobreentrenamiento. Esto sucede cuando se adoptan rutinas de gran volumen sin un proceso de acondicionamiento previo. El experto aconseja limitar los entrenamientos de alta intensidad a un máximo de dos o tres veces por semana. Asimismo, advirtió sobre el peligro de entrenar sin metas definidas, pues los esfuerzos sin dirección no arrojan resultados que se puedan medir en el tiempo.

Un esquema funcional para todo el cuerpo

Para facilitar el inicio, Morgan planteó una rutina de cuerpo completo fundamentada en movimientos esenciales. El formato de circuito es ideal para quienes comienzan, debido a su simplicidad y eficiencia temporal. Este puede ejecutarse en tres rondas con descansos de 60 a 90 segundos, o mediante la modalidad AMRAP (tantas rondas como sea posible) en un periodo de 15 minutos.

“El enfoque se centra en la forma, no en la velocidad”

El programa recomendado consta de los siguientes movimientos:

  • Sentadilla: entre 8 y 12 repeticiones.
  • Peso muerto rumano: de 8 a 12 repeticiones.
  • Flexiones de pecho: de 6 a 12 repeticiones.
  • Remo con un brazo: entre 8 y 10 repeticiones por cada lado.
  • Caminata del granjero: duración de 30 a 45 segundos.
  • Insecto muerto (Dead Bug): de 6 a 8 repeticiones por lado.

Una rutina de cuerpo completo con ejercicios fundamentales, como caminata del granjero y peso muerto rumano, facilita un entrenamiento eficiente y accesible (Imagen Ilustrativa Infobae)

El especialista aclara que las sentadillas y las bisagras de cadera son fundamentales para perfeccionar la mecánica de levantamiento de cargas de forma segura. Por otro lado, los ejercicios de empuje y tracción son vitales para fortalecer la postura. Destacó especialmente que los transportes de peso, como la caminata del granjero, potencian la fuerza de agarre y la estabilidad del core, habilidades que se traducen directamente en beneficios para la vida diaria.

Finalmente, Farren Morgan concluye que el éxito a largo plazo depende de la estructura y no del estado de ánimo. Para él, el impulso real proviene de planificar entrenamientos que encajen en la vida real. Es necesario aceptar la incomodidad de los primeros días como algo natural y mantener estándares innegociables: técnica impecable, progresión lógica y asistencia constante.

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