La reciente divulgación de una serie de correos electrónicos privados entre la princesa Mette-Marit de Noruega y el fallecido magnate Jeffrey Epstein ha sumergido a la monarquía noruega en una crisis de proporciones históricas. Este nuevo escándalo golpea a la institución en un momento extremadamente vulnerable, coincidiendo con el complejo proceso judicial que enfrenta Marius Borg, el hijo mayor de la princesa. El joven de 27 años se encuentra bajo la lupa legal tras ser acusado de un total de 38 cargos, entre los cuales figuran cuatro denuncias por el delito de violación. Bajo este panorama de asedio mediático, la estrategia del silencio por parte de la corona ha quedado descartada.
Presionada por el clamor público y la atención de la prensa internacional, la Casa Real de Noruega se vio obligada a emitir un segundo pronunciamiento oficial. En el documento, la institución no solo reitera sus disculpas, sino que asegura que la futura reina consorte ofrecerá una explicación exhaustiva cuando las circunstancias lo permitan. No obstante, el punto que más ha resonado es el reconocimiento directo de una relación de amistad con el financiero estadounidense, quien fue sentenciado por crímenes de carácter sexual. Esta confesión representa un cambio drástico frente a las versiones limitadas que el Palacio había sostenido anteriormente.
El texto oficial comienza enfatizando que la Casa Real es consciente del impacto social que han tenido las filtraciones de los últimos días. Asimismo, recalca el rechazo absoluto de la esposa del príncipe heredero hacia las actividades ilícitas del magnate:
“Entendemos el enorme revuelo ante lo que ha surgido en los últimos días. La Princesa Heredera rechaza rotundamente los abusos y actos criminales de Epstein. Lamenta profundamente no haber comprendido a tiempo qué clase de persona era. La Princesa Heredera quiere contar lo sucedido y explicarse con más detalles”
.
Pese a la voluntad de transparencia, el comunicado advierte que los detalles adicionales no se conocerán de forma inmediata, alegando el delicado estado emocional de la princesa. “No puede hacerlo ahora. La Princesa Heredera se encuentra en una situación muy difícil. Espera que se comprenda que necesita tiempo para recomponerse”, subraya el documento oficial. Posteriormente, se incluye una declaración personal de la propia Mette-Marit, donde manifiesta su arrepentimiento:
“Quisiera expresar mi más profundo pesar por mi amistad con Jeffrey Epstein. Es importante disculparme con todos ustedes por haberlos decepcionado. Algunos mensajes entre Epstein y yo no representan la persona que quiero ser. También me disculpo por la situación en la que he puesto a la Familia Real, especialmente al Rey y a la Reina”.
El peso del término “vennskap”
Los analistas y la opinión pública noruega han puesto el foco en una palabra específica utilizada en el comunicado: “vennskap”. En el idioma noruego, este vocablo se traduce como amistad, pero conlleva una connotación de calidez, cercanía y un fuerte sentido de apoyo mutuo en la comunidad. Al emplear este término, la Casa Real admite tácitamente que el vínculo registrado en los correos electrónicos fue significativamente más íntimo y frecuente de lo que se había intentado proyectar en años anteriores.
Con esta maniobra comunicacional, la princesa heredera parece ganar un margen de maniobra necesario ante una situación que se torna más compleja cada hora. La prensa local aún se encuentra analizando una masiva filtración de tres millones de archivos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Entre los hallazgos recientes, han aparecido fotografías que comprueban que en el año 2012, tanto la princesa como su hijo Marius Borg coincidieron en al menos un encuentro con Ghislaine Maxwell, quien fuera la mano derecha de Epstein y pieza fundamental en la red de tráfico sexual.

Para mitigar las críticas, la Casa Real ha recordado el contexto personal adverso que enfrenta Mette-Marit. A la crisis legal de su hijo mayor se suma su delicado estado de salud, ya que padece una enfermedad crónica que eventualmente requerirá de un trasplante de pulmón. Junto con la nueva declaración, el Palacio ha publicado un historial de todas las aclaraciones oficiales emitidas desde el año 2019, fecha en la que se vinculó por primera vez el nombre de la princesa con el de Jeffrey Epstein.
En dicha recopilación de datos, se mantiene la postura de que la princesa cortó todo vínculo con el magnate en 2014, aunque existe una contradicción con reportes previos que situaban la ruptura en 2013. El documento insiste en que ella no conocía la magnitud de los delitos cometidos por el financiero y que los encuentros ocurrieron en un plano puramente social, principalmente en Estados Unidos. Según esta versión, solo visitó la mansión de Epstein en Palm Beach en una ocasión, a través de un contacto común. Sin embargo, los correos sugieren lo contrario: en uno de los mensajes, la princesa menciona haberlo “buscado en Google”, una acción realizada en un periodo donde ya existían condenas previas contra Epstein por tráfico de menores. Además, las comunicaciones apuntan a planes de reuniones adicionales en territorio europeo, de las cuales aún no se tiene confirmación física.
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