No data was found

Donald Trump y el desafío de una Perestroika en la Cuba actual

En el mes de noviembre de 1992, el panorama político estadounidense dio un giro cuando Bill Clinton, el candidato por el Partido Demócrata, alcanzó la presidencia al vencer a George Herbert Bush, quien buscaba la reelección tras gobernar desde 1988. Con apenas 46 años de edad, el entonces exgobernador de Arkansas logró capturar el 43 por ciento de los sufragios, superando el 37,4 por ciento obtenido por Bush. Un dato relevante de aquel proceso electoral fue la irrupción del empresario Ross Perot, quien acumuló cerca del 19 por ciento de la votación total.

Durante su gestión, Clinton puso a Warren Christopher a cargo de la Secretaría de Estado. Tras la culminación de la liberación de Kuwait en 1991, territorio que había sido tomado por el régimen de Saddam Hussein, Washington enfocó sus esfuerzos en la pacificación de Medio Oriente. Bajo este contexto, se gestaron los Acuerdos de Oslo de 1993, donde el líder demócrata facilitó el encuentro en Camp David entre el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, y el titular de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasser Arafat. Este pacto fue fundamental al establecer un autogobierno limitado en la Franja de Gaza y en Jericó.

Intervenciones internacionales y el quiebre cubano

Para octubre de 1994, las gestiones diplomáticas de Estados Unidos permitieron el retorno al poder de Jean-Bertrand Aristide en Haití, tras haber sufrido un golpe de Estado en 1991. Paralelamente, en el escenario de la guerra en la antigua Yugoslavia, el equipo de Clinton medió para la rúbrica de un tratado de paz entre los mandatarios de Bosnia, Croacia y Serbia.

Sin embargo, el escenario caribeño cambió drásticamente tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989. El vínculo entre Washington y la Cuba liderada por Fidel Castro entró en una fase crítica. La disolución del bloque soviético devastó las finanzas isleñas, provocando que para inicios de 1993 el Producto Bruto Interno (PBI) cayera un 30 por ciento.

Poco antes de entregar el mando en 1992, George H. Bush ratificó la Ley Torricelli (Cuban Democracy Act), intensificando el bloqueo económico. Esta legislación restringió severamente el comercio exterior cubano, prohibiendo transacciones con filiales de compañías estadounidenses ubicadas en otros países.

Crisis sociales y tragedias aéreas

En el verano de 1994, estalló el conocido Maleconazo, una protesta masiva donde miles de habaneros demandaron libertad frente a la asfixiante situación económica. Como respuesta a la crisis migratoria, la administración Clinton implementó la política de “Pies secos – Pies mojados”. Según esta normativa, cualquier cubano interceptado en el mar por la Guardia Costera era repatriado o enviado a un tercer país; no obstante, si lograban tocar tierra firme, se les otorgaba el permiso de permanencia y la opción de residencia al cabo de un año.

La tensión escaló al punto máximo el 24 de febrero de 1996. Ese día, dos cazas MIG de origen ruso despegaron de la base San Antonio de los Baños para interceptar y derribar dos avionetas civiles Cessna operadas por Hermanos al Rescate, que habían salido desde Miami.

“El ataque resultó en el fallecimiento de cuatro pilotos: Armando Alejandre Jr. (45 años), Carlos Costa (29), Mario de la Peña (24) y Pablo Morales (24).”

Una tercera aeronave, pilotada por José Basulto, logró eludir el ataque. Hermanos al Rescate operaba desde 1991 brindando auxilio humanitario a balseros en el estrecho de Florida, bajo la premisa de apoyar la liberación de la isla mediante la no violencia.

Resoluciones internacionales y la Ley Helms-Burton

Las investigaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) determinaron que el derribo ocurrió en aguas internacionales, a una distancia de entre 6 y 9 millas náuticas fuera de la jurisdicción cubana. En 1999, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) responsabilizó a Cuba por el incidente, calificándolo como una “ejecución extrajudicial premeditada”.

Asimismo, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió la Resolución 1067, condenando la acción como una violación a la seguridad aérea internacional. Esta medida fue aprobada con 13 votos a favor y las abstenciones de China y Rusia.

Ante estos hechos, el Congreso estadounidense impulsó la Ley Helms-Burton (Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubana). Fue promovida por Jesse Helms y Dan Burton, siendo firmada por Clinton bajo presión republicana en marzo de 1996. Esta ley endureció el embargo y permitió que ciudadanos estadounidenses demanden a empresas que operen con bienes confiscados por la Revolución (Título III). La norma establece que el embargo solo cesará si hay un cambio político con elecciones libres.

De Obama a la era Trump

Si bien Barack Obama mantuvo suspendido el Título III para evitar litigios, Donald Trump reactivó su aplicación durante su primer mandato. Trump intensificó el cerco financiero, limitó los viajes y suspendió la entrega de visas en La Habana. Justo antes de concluir su periodo en 2021, reintegró a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, una clasificación que el presidente Joe Biden ha mantenido.

En su regreso al poder, Trump ha reafirmado su postura de aislamiento. El Departamento de Estado, bajo la dirección de Marco Rubio, ha señalado que la isla no colabora en la lucha antiterrorista. Simultáneamente, se han restringido exportaciones de seguridad hacia el gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Recientemente, se puso fin formalmente a la política de “pies mojados, pies secos” mediante una resolución de Trump para frenar la migración irregular. En el plano regional, tras el arresto de Nicolás Maduro en Venezuela, el régimen cubano ha reportado un desabastecimiento severo de combustible. Díaz-Canel ha denunciado una supuesta guerra psicológica desde EE. UU., aunque se mostró “dispuesto a un diálogo” con Trump.

La crisis energética actual, derivada de la reducción de suministros desde Venezuela (pese al apoyo de México), ha paralizado servicios básicos y la agricultura en la isla. Los reportes de seguridad nacional de la administración Trump consideran a Cuba, junto a Venezuela y Nicaragua, como amenazas estratégicas debido a sus lazos con Rusia y China.

El interrogante final es si la gestión de Donald Trump logrará forzar una transición política en la isla. De alcanzarse una democratización o una suerte de Perestroika cubana, el presidente republicano podría posicionarse como un firme candidato al Premio Nobel de la Paz.

Fuente: Fuente

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER