Un momento de relajación en el hogar se transformó en una emergencia médica sin precedentes para Reymy Amelinckx. La mujer terminó con una cuchara de 17 centímetros alojada en su interior debido a un movimiento brusco de su mascota. Mientras se encontraba en su sofá con el utensilio en la boca para liberar sus manos y responder un mensaje, su perro de raza vizsla húngaro, llamado Marley, saltó repentinamente sobre ella.
“Tenía tanto miedo que eché la cabeza hacia atrás y, sin darme cuenta, la cuchara se me había atascado en la garganta. Me puse de pie y empecé a entrar en pánico”
, relató la protagonista del incidente.
En medio de la desesperación, Amelinckx intentó retirar el objeto con sus manos, pero la cuchara comenzó a desplazarse hacia su tracto digestivo. Ante el riesgo inminente de asfixia, tomó una decisión drástica en cuestión de segundos.
“Todo pasó tan rápido que tuve que tragármela o atragantarme”
, explicó Reymy, quien prefirió que el objeto descendiera al estómago antes que obstruir sus vías respiratorias.
Pese a la gravedad de lo ocurrido, la joven no informó a su pareja de inmediato debido al pudor que le generaba la situación. No fue hasta después de la cena cuando empezó a dimensionar el peligro real de tener un metal de ese tamaño en su cuerpo tras realizar consultas en la web.
“No me sentía nada mal, así que no dije nada de inmediato. Fue solo después de cenar que me di cuenta de que la situación era realmente muy grave. Buscó en internet, y decían lo mismo: acude a urgencias de inmediato. Solo entonces me di cuenta de lo peligroso que podía ser”
, detalló.
Dos días de malestar y vigilancia médica
Tras acudir al hospital, los especialistas determinaron que la cuchara, por sus dimensiones de 17 centímetros, no podría ser expulsada de manera natural por el organismo. Esto obligó a programar una intervención, dejando a la paciente en un estado de incomodidad constante durante 48 horas. En ese tiempo, experimentó náuseas, hinchazón y severas dificultades para descansar.
“Sentía la cuchara moviéndose, a veces justo entre mis costillas. Fue realmente aterrador. No podía comer sin sentirme rara y dormir era difícil porque cada posición me recordaba la cuchara en el estómago”
, confesó.

Extracción mediante procedimiento especializado
Para resolver la emergencia, se optó por realizar una gastroscopia bajo anestesia local, lo que permitió evitar una cirugía abdominal abierta. Durante el procedimiento, los médicos tuvieron que girar el utensilio dentro del estómago para poder extraerlo de forma segura. Aunque la maniobra causó una hemorragia gástrica leve, se logró retirar el objeto con éxito.
“Estoy tan contenta de que finalmente me hayan quitado la cuchara con una gastroscopia y de que no hayan tenido que abrirme el estómago quirúrgicamente”
, manifestó con alivio tras la operación.
El proceso de recuperación fue satisfactorio y la paciente recibió el alta pocas horas después de la intervención. A pesar de haber sufrido daños en el esófago, sensibilidad estomacal y dolor de garganta, Reymy no presentó secuelas permanentes. Según sus declaraciones, la rapidez con la que su cuerpo sanó permitió que volviera a sus actividades habituales casi de inmediato.
Un recuerdo insólito y lecciones aprendidas
La noticia causó tal impacto que, al retornar a su puesto de trabajo, sus colegas dudaron de la veracidad del relato. Para convencerlos, tuvo que mostrar la radiografía donde se observaba el cubierto en su abdomen. Curiosamente, decidió conservar el objeto como un recordatorio de lo sucedido.
“Mi novio quiere convertirla en una obra de arte. No sabe exactamente cómo, pero será una pieza única”
, reveló sobre el futuro del utensilio.
Finalmente, la mujer hizo un llamado a la precaución para otros dueños de animales, sugiriendo entrenar a las mascotas con órdenes como “espera” para evitar accidentes domésticos.
“Perros entusiastas y comer en el regazo es igual a zona de riesgo. La vergüenza es temporal, el daño interno no”
, concluyó como advertencia para la comunidad.
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