La práctica de reutilizar agujas y jeringas para la administración de insulina conlleva riesgos sustanciales para el bienestar de los pacientes. Ante esta costumbre que persiste en muchos hogares, diversos especialistas colocan el autocuidado en el centro de la conversación sobre el tratamiento de la diabetes, subrayando que una inyección realizada bajo normas de seguridad es, fundamentalmente, una muestra de cuidado personal.
De acuerdo con la Mariana Buss, PhD, la eficacia del tratamiento no reside únicamente en la farmacología. “De acuerdo con recomendaciones globales, la insulina es un pilar fundamental dentro del tratamiento integral de la diabetes, pero su eficacia no depende únicamente de la dosis o del tipo de insulina, sino también de cómo se administra. El uso adecuado de dispositivos de un solo uso, como agujas y jeringas, es clave para asegurar una absorción correcta, reducir complicaciones y proteger la salud de la persona”, puntualiza la experta.
La seguridad del paciente en riesgo

La doctora Buss advierte que volver a emplear estos dispositivos compromete de forma directa la seguridad del proceso terapéutico. Con cada inserción, las agujas pierden su condición de esterilidad, la punta sufre un desgaste microscópico y el lubricante que facilita la entrada en la piel desaparece. A esto se suma el peligro latente de una contaminación bacteriana.
Estas condiciones derivan en procedimientos mucho más molestos para el paciente, provocando inyecciones dolorosas, una mayor incidencia de sangrado, hematomas o el desarrollo de infecciones en la zona de la punción.
A largo plazo, una de las secuelas más críticas es la aparición de lipodistrofias. Estos son bultos o zonas endurecidas bajo el tejido cutáneo que interfieren con la correcta absorción de la insulina, saboteando el control de los niveles de azúcar. Si la hormona no ingresa al torrente sanguíneo de forma estable, las cifras de glucosa pueden volverse inestables, elevando la vulnerabilidad ante crisis agudas o daños crónicos.
Pese a las advertencias médicas, las estadísticas reflejan una realidad preocupante. Según informes de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), se estima que el 40% de las personas con diabetes reutilizan las agujas entre tres y cinco veces. Aún más alarmante es que un 14% las emplea más de diez veces antes de desecharlas. Generalmente, esto ocurre por falta de información o por la falsa creencia de que no existen riesgos reales.
Ventajas de la utilización de dispositivos desechables

Las normativas clínicas internacionales son claras al respecto: evitar la reutilización de insumos y aplicar una técnica de inyección impecable ofrece beneficios directos para la salud del paciente, tales como:
- Mejor control glucémico: permite que la insulina se absorba de manera constante y predecible.
- Reducción de riesgos físicos: disminuye la posibilidad de sufrir inflamación, infecciones o sangrados innecesarios.
- Confort en el tratamiento: al conservar el filo original, se minimiza el dolor y la molestia durante la aplicación.
- Prevención de daños en el tejido: evita las lipohipertrofias que afectan la calidad de vida a largo plazo.
Para la doctora Buss, quien también se desempeña como gerente médica para embecta Latinoamérica, el desafío principal es la educación. “La reutilización de agujas y jeringas es común por costumbre o desconocimiento, sin saber que cada aplicación con un dispositivo usado incrementa los riesgos. La educación terapéutica en diabetes y el acompañamiento de profesionales de la salud son fundamentales para cambiar y mejorar estos hábitos”, comenta.
Guía para una administración segura

Para garantizar un manejo adecuado de la condición, la especialista sugiere una serie de pautas esenciales que deben realizarse bajo supervisión médica:
- Emplear obligatoriamente una aguja o jeringa nueva en cada pinchazo.
- Cumplir con el lavado de manos previo a la manipulación de los insumos.
- Implementar la rotación de las zonas de inyección (abdomen, muslos, glúteos o brazos), manteniendo distancia entre cada punto de punción.
- Realizar inspecciones visuales y táctiles de la piel para descartar endurecimientos o zonas con dolor.
- Gestionar el desecho seguro de los materiales en recipientes resistentes rotulados.
- Mantener una comunicación abierta con el personal de salud ante cualquier irregularidad detectada.
Diversos grupos de médicos y asociaciones de pacientes recalcan que incluso los medicamentos más avanzados pueden fallar si la técnica de aplicación es deficiente. No es suficiente tener acceso a insulinas de vanguardia si estas se administran con herramientas deterioradas.
En este contexto, la compañía embecta reafirma la importancia de la educación continua para quienes conviven con esta patología. Fomentar prácticas de inyección correctas no solo estabiliza los niveles de glucosa, sino que protege la integridad de la piel y mejora significativamente la calidad de vida diaria de los pacientes.
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