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El resurgimiento de la amenaza atómica: China, Rusia y EE.UU. en pugna

En los albores de la era nuclear, Robert Oppenheimer, figura central en la creación de la bomba atómica en Estados Unidos, comparó la tensión entre su nación y la Unión Soviética con la imagen de “dos escorpiones en una botella”. Durante décadas, esta peligrosa paridad fue gestionada a través de pactos de control de armamento, siendo el más reciente el Nuevo START. No obstante, este acuerdo fundamental caduca el próximo 5 de febrero sin que se vislumbre un relevo diplomático. La situación se torna más crítica al considerar que ahora existe un tercer actor de peso en la ecuación: China. El gigante asiático lidera el crecimiento nuclear más acelerado desde el final de la Guerra Fría, una expansión que anticipa una respuesta inminente de Washington y el inicio de una nueva competencia bélica global.

Cuando Xi Jinping asumió el liderazgo de China en el año 2012, el inventario nuclear de su país se limitaba a unas 240 ojivas. Esta cifra representaba apenas una mínima parte frente a las 1550 ojivas desplegadas que Rusia y Estados Unidos tienen permitido mantener bajo las restricciones del Nuevo START. En aquel entonces, los analistas militares norteamericanos proyectaban que su superioridad numérica les permitiría imponerse en cualquier escenario de conflicto con Pekín. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente: China posee actualmente cerca de 600 ojivas y proyecta superar las 1000 para el año 2030, de acuerdo con los reportes de inteligencia estadounidense.

La retórica de la moderación frente a la realidad militar

Oficialmente, China sostiene una postura de “máxima moderación”. Los documentos oficiales de política exterior aseguran que la nación

“nunca ha participado ni participará en una carrera armamentística nuclear con ningún otro país”

. No obstante, si se contabilizan las ojivas almacenadas y no solo las operativas, tanto Rusia como Estados Unidos superan las 5.000 unidades. A pesar de su discurso, el gobierno de Xi Jinping ha consolidado una tríada nuclear capaz de atacar territorio estadounidense desde plataformas aéreas, terrestres y marítimas. De hecho, un desfile militar reciente sirvió como vitrina para exhibir misiles de dimensiones tan vastas que requieren ser movilizados en tres secciones independientes.

Mientras el Nuevo START permanezca vigente, Estados Unidos tiene prohibido incrementar su arsenal en respuesta a estos movimientos. Esta limitación podría explicar el desinterés de la administración norteamericana por renovar el pacto. Mientras el gobierno ruso advierte que la eliminación de los límites debería “alarmarnos a todos” y propone una extensión voluntaria de las restricciones por un año, el presidente Donald Trump se ha mostrado impasible. Ante la posibilidad de que el tratado expire, el mandatario sentenció el mes pasado: “Si expira, expira”.

Nuevos desafíos estratégicos y alianzas geopolíticas

La preocupación en Washington se centra ahora en la posibilidad de un conflicto simultáneo con China y Rusia. La reciente estrategia de defensa nacional subraya que las fuerzas aliadas deben estar

“preparados para la posibilidad de que… posibles oponentes actúen juntos de forma coordinada u oportunista en múltiples escenarios”

. En 2023, una comisión bipartidista del Congreso calificó esta situación como un “desafío existencial para el cual Estados Unidos está mal preparado”. Esta inquietud se ve alimentada por la creciente cooperación entre Pekín y Moscú, que incluye el intercambio de tecnología crítica y maniobras militares con bombarderos de capacidad nuclear. Dado que el arsenal estadounidense fue diseñado para disuadir principalmente a Rusia, la expansión china obliga a un cambio total de paradigma.

Phillip Saunders, experto de la Universidad de Defensa Nacional, destaca que el poderío nuclear chino no solo se está expandiendo, sino que se está sofisticando y diversificando. Las fuerzas asiáticas están adoptando una postura de alerta máxima, incrementando su capacidad de “lanzar al aviso”, lo que implica detectar una agresión enemiga y ejecutar un contraataque antes de recibir el impacto.

Infraestructura y objetivos estratégicos de Xi Jinping

Informes del Pentágono indican que China ha optimizado su red de satélites y radares de matriz en fase para detectar lanzamientos en un margen de 3 a 4 minutos. Asimismo, se ha reportado el despliegue de aproximadamente 100 misiles en silos de combustible sólido en tres complejos masivos que podrían albergar hasta 320 proyectiles. En 2024, China demostró su alcance al disparar un misil nuclear al Pacífico con un trayecto de 11.000 km, seguido de lanzamientos múltiples hacia su región occidental meses después.

Los analistas debaten las razones detrás de este despliegue. Saunders identifica tres metas principales:

  • Capacidad de segundo ataque: Garantizar que el arsenal sobreviva a una ofensiva inicial para poder responder.
  • Flexibilidad operativa: El desarrollo de ojivas de baja potencia (menos de diez kilotones) para usos tácticos, como el misil DF-26, apodado el “asesino de Guam”, diseñado para atacar bases estadounidenses en el Pacífico o defender Taiwán.
  • Estatus de potencia: Reforzar la imagen de China como una superpoblación global que busca paridad con las potencias tradicionales.

Por otro lado, Tong Zhao, del Carnegie Endowment for International Peace, advierte sobre la ambigüedad de la doctrina china. Aunque aseguran que no usarán armas nucleares primero, Zhao señala que

“Si China se enfrenta a una derrota convencional terrible y catastrófica, nadie puede descartar que decida usar armas nucleares primero”

, recordando que, en última instancia, “la autoridad reside en una sola persona”.

El dilema de la respuesta estadounidense

Dentro de Estados Unidos, las propuestas para responder a este escenario varían notablemente. La Fundación Heritage sugiere duplicar el arsenal desplegado de 1770 a 4625 ojivas para el año 2050. Otros expertos, como Vipin Narang, proponen un incremento más moderado de 500 armas adicionales enfocadas en neutralizar los nuevos silos chinos, afirmando que “No hay una cifra mágica. Todo depende del riesgo que se quiera asumir”. Franklin Miller, antiguo estratega del Pentágono, estima que 300 serían suficientes.

Independientemente de la decisión política, la modernización de la tríada nuclear estadounidense (misiles Sentinel, submarinos Columbia y bombarderos B-21) enfrenta retrasos y problemas presupuestarios. En el corto plazo, Washington solo puede optar por cargar ojivas adicionales de sus reservas en sistemas ya existentes. Este proceso podría tomar desde días para bombarderos hasta dos años para convertir los misiles Minuteman III. Aunque Estados Unidos podría sumar unas 1900 ojivas rápidamente, su capacidad de producción masiva es inferior a la de Rusia, que puede fabricar cientos de ojivas anualmente frente a las decenas que produce el Tío Sam.

Un futuro de inestabilidad global

La tendencia de reducción de arsenales de los últimos 40 años ha llegado a su fin. La nueva carrera armamentista es más compleja que la anterior: un aumento en el arsenal de Estados Unidos provocará una reacción en Rusia, lo que a su vez podría empujar a India a fortalecerse frente a China, y a Pakistán a hacer lo propio ante India. Además, la incertidumbre sobre el compromiso de Trump con sus aliados genera temor en naciones como Corea del Sur, que podrían considerar el desarrollo de sus propias capacidades atómicas. El mundo transita de un escenario de riesgos nucleares controlados hacia una era de peligros multiplicados e impredecibles.

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