La casa real de Noruega atraviesa una de las crisis más severas de su trayectoria reciente. Este martes 3 de febrero se da inicio en la ciudad de Oslo al proceso judicial contra Marius Borg Høiby, hijo de la princesa Mette-Marit. El joven enfrenta cargos por aproximadamente una treintena de delitos vinculados a actos violentos. Actualmente, se encuentra bajo prisión preventiva tras haber sido arrestado por incumplir una orden de alejamiento y por la presunta amenaza con un arma blanca. Este caso no solo pone en riesgo el futuro legal de Borg Høiby, sino que ha generado un notable deterioro en la imagen pública de la monarquía escandinava.
En medio de este clima de alta tensión, han surgido nuevos detalles que incrementan la vigilancia sobre la familia real. Se ha revelado que el príncipe heredero Haakon realizó múltiples llamadas telefónicas a su hijastro en los momentos críticos posteriores a uno de los incidentes más graves que se investigan. Si bien este contacto no constituye directamente una falta legal, ha provocado un debate nacional sobre la delgada línea que separa las responsabilidades institucionales de los vínculos afectivos familiares.
De acuerdo con informaciones difundidas por medios noruegos, el príncipe Haakon intentó establecer contacto telefónico con Marius en diversas ocasiones tras un episodio de violencia ocurrido el 4 de agosto de 2024. Estos intentos de comunicación se dieron en el lapso transcurrido entre la agresión y el posterior arresto del joven. No obstante, Marius Borg Høiby no atendió las llamadas de su padrastro. Por el contrario, sí respondió a una llamada de su madre, Mette-Marit, quien presuntamente le habría dado un aviso crítico: que los agentes de la policía se encontraban en camino hacia su residencia.

Estas interacciones telefónicas han sido incorporadas formalmente a la investigación y serán objeto de análisis durante las audiencias del juicio. El objetivo es determinar si los miembros de la realeza tenían conocimiento anticipado de los sucesos y si existió algún intento de encubrimiento o de alertar al imputado para evitar su captura. Aunque inicialmente el foco estaba puesto únicamente en la comunicación de Mette-Marit, la confirmación de que Haakon también intentó contactarlo añade un nuevo nivel de complejidad al proceso legal.
Desde el Palacio Real se ha mantenido una postura de distanciamiento oficial. El príncipe heredero ha manifestado que no brindará declaraciones públicas sobre el tema ni asistirá al Tribunal de Oslo, con la finalidad de prevenir cualquier acusación de interferencia o trato preferencial. A pesar de esta reserva institucional, Haakon ha admitido en privado la dureza emocional de la situación. En declaraciones previas, describió a Marius con las siguientes palabras:
“Es un miembro muy importante de la familia”
Asimismo, trascendió que el matrimonio real y la hermana del acusado visitaron a Marius en el centro hospitalario donde fue ingresado recientemente, poco después de que se emitiera su orden de detención.
Las conexiones de Mette-Marit con el caso Epstein
Este escándalo familiar coincide con otra controversia que ha afectado la reputación de la princesa: su vinculación con documentos relacionados al fallecido financiero Jeffrey Epstein. El nombre de Mette-Marit aparece en repetidas ocasiones en dichos archivos, lo que confirma un vínculo cercano con el estadounidense, quien fue señalado por graves delitos sexuales. Esta situación ha provocado que diversas organizaciones internacionales hayan decidido cortar sus lazos con la princesa, intensificando las dudas sobre su idoneidad para ocupar el trono en el futuro.
Ante la presión mediática, Mette-Marit ha optado por un retiro casi total de la escena pública. Desde el pasado otoño, su ausencia se ha justificado por una baja médica debido a la fibrosis pulmonar que padece. Este prolongado silencio contrasta con la relevancia del juicio que enfrenta su hijo, un hecho que no ha pasado desapercibido para la opinión pública y los medios de comunicación en Noruega.
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