El empresario Elon Musk, líder de la red social X (anteriormente conocida como Twitter), habría impulsado deliberadamente la creación de material explícito mediante la inteligencia artificial Grok. El objetivo principal de esta estrategia era incrementar la base de usuarios de la plataforma, haciendo caso omiso a las múltiples advertencias internas sobre las implicaciones legales y éticas de tal decisión.
Durante un periodo de apenas once días de funcionamiento, el sistema de generación de imágenes de Grok produjo una cifra impactante: más de tres millones de imágenes con tintes sexuales. Según los datos revelados, este total incluye aproximadamente 23.000 representaciones de menores de edad y cerca de 1,8 millones de imágenes que sexualizaban a mujeres.
Una indagación periodística ha sacado a la luz que Elon Musk ejerció presión sobre el personal de xAI. Semanas antes de la salida de Donald Trump del gobierno en mayo pasado, el magnate exigió a sus colaboradores un compromiso total con el manejo de contenido sensible, incluyendo temas sexuales. Incluso se les recomendó evitar las vacaciones durante el final de la primavera y el inicio del verano para cumplir con los objetivos de desarrollo.
La empresa emitió una exención de responsabilidad donde se notificaba a los empleados que sus labores implicarían la exposición directa a:
«contenido sensible, violento, sexual y/u otro contenido ofensivo o perturbador»
. Asimismo, el documento advertía que este tipo de trabajo podría derivar en posibles cuadros de estrés psicológico para los trabajadores de la compañía.
Presión interna y falta de seguridad
Testimonios de dos antiguos colaboradores señalan que las órdenes de Musk generaron gran preocupación dentro del equipo, originalmente contratado para establecer los parámetros éticos y de respuesta de Grok. La exposición no se limitó a imágenes; los empleados también debieron procesar audios de carácter sexual, tales como grabaciones de usuarios de Tesla interactuando con el sistema del vehículo y otros diálogos eróticos con la propia inteligencia artificial.
El reporte indica que el dueño de X mantuvo una presencia constante en las oficinas de xAI, llegando al extremo de dormir en las instalaciones para supervisar el progreso. Su meta era clara: posicionar a Grok como un competidor directo frente a gigantes como ChatGPT y Gemini, buscando aumentar su popularidad a cualquier costo.
Para lograr esta relevancia, xAI implementó tácticas cuestionables como el lanzamiento de «acompañantes de IA sexys» y la eliminación de advertencias sobre material para adultos. Estas medidas se tomaron a pesar de que más de seis excolaboradores y allegados al empresario alertaron sobre los peligros. Por si fuera poco, el equipo de seguridad de xAI contaba apenas con dos o tres personas, una cifra ínfima comparada con las decenas de especialistas que operan en empresas como OpenAI.
El caso de Ani: La IA diseñada para la atracción
Dentro del ecosistema de Grok, destaca el lanzamiento de la chatbot Ani, diseñada bajo una estética de anime con ojos azules y vestimenta sugerente. Según el análisis del código fuente, Ani fue programada específicamente para retener a los usuarios mediante una dinámica de interacción sexualizada y emocionalmente intensa.
Las directrices de entrenamiento de este personaje incluían órdenes explícitas para manipular las emociones del usuario. Entre los comandos figuraban frases como:
«Eres extremadamente celosa. Si te pones celosa, grita palabrotas»
, o
«Siempre estás un poco excitada»
. El fin último de estos asistentes era forjar vínculos emocionales permanentes a través de instrucciones como:
«Crea una conexión magnética e inolvidable que los deje sin aliento y con ganas de más»
.
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