Durante décadas, e incluso a lo largo de los siglos, prevaleció entre las familias la costumbre de otorgar a los recién nacidos el nombre de pila basado en la festividad religiosa correspondiente a su fecha de nacimiento. Esta tradición se mantiene vigente tanto en la fe católica como en la ortodoxa, donde es habitual extender felicitaciones a las personas en el día de su santo. De hecho, esta práctica está tan arraigada que se refleja en canciones populares como las tradicionales “Mañanitas”, que en una de sus estrofas recita:
«Hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí…»
Es fundamental aclarar el término onomástico, el cual se refiere específicamente al día en que se celebra la festividad de un santo determinado. Aunque en el lenguaje coloquial muchas personas lo empleen erróneamente como un sinónimo de cumpleaños, su significado real está estrictamente ligado al santoral y a los nombres que lo integran.
Cada jornada del calendario es una oportunidad para recordar a hombres y mujeres que destacaron por su profunda conexión espiritual, sus actos de caridad hacia el prójimo y una conducta moral y ética ejemplar. Estas virtudes son las que finalmente les permitieron ser canonizados o beatificados por la institución eclesiástica. Para este martes 03 de febrero, la Iglesia rinde homenaje a diversas figuras de la fe.
Figura central del día: San Blas
La conmemoración principal de hoy está dedicada a San Blas, quien fuera obispo y mártir. Debido a su firme convicción cristiana, sufrió el martirio durante el mandato del emperador Licinio en la localidad de Sebaste, situada en Armenia.
Además de San Blas, el santoral para este martes 03 de febrero incluye a los siguientes santos y mártires:
- Santa Olivia, mártir
- San Tigrido
- San Celerino de Cartago (siglo III)
- San Adelino de Celle (siglo VII)
- Santa Berlinda de Meerbeke
- Beato Helinando de Froidemont (siglo XIII)
- Beato Juan Nelson (siglo XVI)
- Beata María Ana Rivier (siglo XIX)
- San Leonio de Poitiers (siglo IV)
- Santa Wereburga de Chester (siglo VIII)
- San Lupicino de Lyon (siglo V)
- Beata María Elena Stollenwek (siglo XX)
- Santa María de San Ignacio Thévenet (siglo XIX)
El proceso de santidad en la Iglesia Católica

Tanto la iglesia católica como la ortodoxa emplean el proceso de canonización para elevar a los altares a personas fallecidas que, en vida, realizaron sacrificios significativos o fueron protagonistas de eventos divinos en beneficio de la fe. Este acto implica la inscripción formal del individuo en el canon, que es la lista oficial de santos reconocidos, permitiendo así que la comunidad de fieles pueda venerarlos como intercesores ante Dios.
En los inicios del cristianismo, el reconocimiento de la santidad no requería de trámites burocráticos; no obstante, a partir de la Edad Media, esto se formalizó. Actualmente, el catolicismo exige una investigación exhaustiva sobre la trayectoria de vida de la persona que se pretende santificar.
Existen cuatro rutas principales para alcanzar este nombramiento en el Vaticano: la vía de las virtudes heroicas, la vía del martirio, la de las causas excepcionales (respaldadas por culto antiguo y documentos históricos) y la del ofrecimiento de la vida.
Para ser considerado, se evalúa si el candidato practicó las virtudes cristianas en un grado heroico o si fue víctima de martirio por defender su fe. Asimismo, se establece como requisito indispensable la comprobación de al menos dos milagros, o uno solo en el caso específico de los mártires.

Panorama actual del catolicismo
El catolicismo se posiciona como una de las confesiones religiosas con mayor alcance global. Según los reportes del Anuario Estadístico Eclesial del Vaticano, la cifra de fieles supera actualmente los 1.360 millones de personas en todo el planeta.
El continente americano concentra la mayor proporción de esta población, albergando casi la mitad del total mundial; de esa cifra, más del 25% se localiza en Sudamérica. Por otro lado, la Santa Sede ha observado un crecimiento demográfico religioso notable en África y en Asia, con especial énfasis en el Medio Oriente.
En contraste con este crecimiento, las estadísticas muestran que el número de religiosos en Europa ha mostrado una tendencia a la baja, mientras que en la región de Oceanía los números se han mantenido en una fase de estabilidad.
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