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Impacto del trauma acumulado en el riesgo de demencia y ACV

Una investigación reciente liderada por especialistas de la Universidad de Harvard, junto con otras instituciones académicas, ha determinado una conexión significativa entre el hecho de enfrentar vivencias traumáticas durante la infancia y la edad adulta y un incremento en las probabilidades de sufrir demencia o un accidente cerebrovascular (ACV) en etapas posteriores de la vida.

Este descubrimiento pone de manifiesto la urgencia de priorizar la estabilidad emocional y el entorno social de los individuos desde sus primeros años hasta la senectud como una medida preventiva fundamental.

La suma de cuatro o más experiencias adversas en la infancia aumenta en un 64% el riesgo de demencia, según la investigación (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio profundiza en el mecanismo de estas patologías, señalando que la depresión actúa como un factor mediador crítico en el vínculo entre los eventos adversos experimentados y el desarrollo de trastornos cerebrales.

De acuerdo con la publicación científica en la prestigiosa revista JAMA Network Open, el equipo de expertos sostuvo que:

“la exposición a experiencias adversas a lo largo de la vida se asocia con riesgos aumentados de demencia y ACV, con la depresión mediando estas asociaciones”.

El origen invisible de las enfermedades cerebrales

La depresión funciona como un puente clave entre las adversidades vividas y la aparición de enfermedades cerebrales como el ACV y la demencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Actualmente, tanto la demencia como los ACV representan las principales causas de mortalidad y discapacidad funcional en la población de adultos mayores a nivel global.

Las proyecciones epidemiológicas son preocupantes: se estima que la prevalencia mundial de la demencia podría escalar de los 57,4 millones de casos registrados en 2019 hasta alcanzar los 152,8 millones para el año 2050, a menos que se implementen estrategias de salud pública contundentes.

Los investigadores plantearon la premisa de que las situaciones traumáticas vividas en diversas etapas dejan una marca profunda tanto en la estructura cerebral como en la salud psicológica.

Dentro de las experiencias en la niñez se incluyeron factores como el maltrato doméstico, la inestabilidad familiar o el fallecimiento de seres queridos. En la adultez, se consideraron eventos estresantes como la discriminación, patologías crónicas graves o el desempleo derivado de problemas de salud.

La meta central de este análisis fue establecer si la acumulación de estas vivencias negativas a lo largo del tiempo guarda una relación proporcional con el diagnóstico de demencia y ACV en personas de mediana edad y adultos mayores.

Las personas expuestas a adversidades tanto en la infancia como en la adultez presentan un riesgo de demencia un 228% mayor (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sumado a esto, los científicos evaluaron cómo variables adicionales, tales como el tabaquismo, la calidad del sueño y los trastornos depresivos, incidían en esta conexión. El propósito final es generar evidencia que respalde nuevas políticas de prevención para disminuir el impacto de estas afecciones en la sociedad.

La huella del pasado en el cerebro contemporáneo

La investigación identificó una relación directa entre la depresión y la incidencia de demencia y ACV tras experiencias adversas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para este estudio se contó con la participación de 11.601 individuos adultos, con una edad media de 59 años. Los voluntarios completaron evaluaciones detalladas sobre situaciones de adversidad vividas, síntomas depresivos y hábitos de vida cotidianos.

Se categorizó como «alta exposición» a aquellos que reportaron haber pasado por cuatro o más eventos traumáticos en cualquiera de las fases de su vida. Durante un seguimiento de casi un lustro, 458 sujetos fueron diagnosticados con demencia y 777 presentaron un accidente cerebrovascular.

El procesamiento estadístico ajustó factores como el género, nivel educativo, edad, consumo de alcohol, tabaquismo, diabetes, patologías cardíacas y antecedentes oncológicos. Los hallazgos revelaron que sufrir cuatro o más traumas en la niñez eleva en un 64% el riesgo de demencia.

Por otro lado, vivir la misma cantidad de eventos adversos durante la adultez incrementó ese riesgo en un contundente 141%.

Factores como la violencia doméstica, la disfunción familiar y la enfermedad mental en la familia se asocian especialmente con enfermedades cerebrales./Archivo Freepik

Al evaluar el impacto acumulado de ambas etapas, el panorama es aún más serio: el riesgo de demencia se disparó un 228% en quienes tuvieron alta exposición traumática tanto en la infancia como en la edad adulta. En este mismo grupo, las probabilidades de sufrir un ACV aumentaron un 150%.

En cuanto al rol de la salud mental, se determinó que la depresión justifica el 34% del vínculo entre el trauma infantil y la demencia, y el 21% cuando los traumas ocurren en la adultez. Respecto al ACV, la depresión fue responsable del 17% de la conexión con las adversidades de la vida adulta.

El informe también identificó detonantes específicos de alto impacto, como la presencia de enfermedades mentales en el núcleo familiar, la violencia intrafamiliar o periodos prolongados de postración por enfermedad.

Los científicos enfatizaron en su informe que:

“estos resultados resaltan la importancia de implementar intervenciones a lo largo de la vida que aborden tanto el trauma psicológico como la salud mental para reducir la carga de las enfermedades neurovasculares”.

Los científicos destacan que la detección temprana y el cuidado de la salud mental desde la niñez son claves para reducir la incidencia de demencia y ACV (Freepik)

Pese a la relevancia de los datos, los autores mencionaron ciertas limitaciones, como el hecho de que no todos los diagnósticos de demencia fueron validados por neurólogos y que el reporte de traumas pasados dependió de la memoria de los participantes, lo que podría acarrear sesgos informativos.

No obstante, la conclusión es clara: es vital gestionar el estrés psicosocial y establecer protocolos de prevención de la depresión en grupos vulnerables para mitigar la incidencia de estas patologías neurovasculares.

El neurocientífico Agustín Ibañez coincidió en la importancia de considerar factores sociales, vasculares y ambientales en el riesgo de demencia y ACV desde la niñez (Freepik)

El doctor Agustín Ibañez, destacado neurocientífico, director del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral (BrainLat) de la Universidad Adolfo Ibáñez y académico en el Trinity College de Irlanda, analizó estos hallazgos.

“En base a la evidencia científica actual, hoy es necesario considerar un modelo de los factores de riesgo de demencia y ataques cerebrovasculares que abarquen toda la vida. Se deberían tener en cuenta los aspectos sociales, lo vascular y el ambiente, que pueden impactar a través de procesos como la inflamación, el estrés y el envejecimiento”.

El especialista sostiene que es imperativo identificar tempranamente la adversidad infantil y los cuadros depresivos, a la par de un control riguroso de la salud vascular. Según su visión, estos elementos deben tratarse de forma integral y no como problemas aislados.

El consumo de productos con tabaco o nicotina también es un factor de riesgo para el desarrollo de ACV y demencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el ámbito de la consulta médica, Ibañez recomienda indagar sobre el historial de traumas del paciente para mapear riesgos. Asimismo, subrayó la necesidad de tratar el estrés y la depresión como pilares del riesgo cerebrovascular, sin descuidar factores como la actividad física, el sueño y la diabetes.

Para fortalecer la atención primaria, el experto sugiere:

“utilizar cuestionarios cortos para saber si una persona tuvo experiencias difíciles durante la infancia y, según los resultados, ofrecer apoyo psicológico, mejorar el sueño, fomentar la actividad física y optimizar la salud vascular”.

A nivel comunitario, se propone la creación de redes de apoyo que combatan la soledad y ayuden a detectar traumas tempranos, mientras que las políticas públicas deben dejar de trabajar en compartimentos estancos para integrarse en un enfoque preventivo global.

El vínculo familiar y el estilo de vida influyen significativamente en el desarrollo de enfermedades neuropsiquiátricas, según investigaciones recientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Finalmente, Alejandra Doretti, psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, aportó su perspectiva sobre el tema:

“Los resultados del nuevo estudio coinciden con trabajos previos que muestran la fuerte relación entre la mente, el cerebro y el cuerpo”.

Doretti explicó que los duelos o crianzas complejas generan un estrés que eleva el cortisol, afectando la fisiología orgánica. Concluyó señalando que, aunque no existe un factor único para estas enfermedades, el entorno familiar y los hábitos de vida son determinantes en su desarrollo.

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