Con la llegada de un nuevo año, es habitual que miles de personas retomen la actividad física con el objetivo de mejorar su salud y bienestar. No obstante, este impulso inicial suele verse truncado por la aparición inesperada de lesiones o molestias físicas que fuerzan a interrumpir el entrenamiento. Estos incidentes no son fortuitos, sino que responden a mecanismos fisiológicos que pueden ser anticipados y prevenidos.
De acuerdo con el experto en biomecánica y movimiento Ash Grossmann, entender las raíces del daño físico y aplicar un sistema de adaptación progresiva es vital para mantener la constancia deportiva a largo plazo. Según el especialista, el cuerpo humano requiere de una gestión inteligente de las cargas para evitar el colapso de sus estructuras.
La raíz del problema: La sobreexposición del tejido
Para Ash Grossmann, casi todas las dolencias físicas comparten un origen idéntico.
“Todas las lesiones surgen de lo mismo, y es la sobreexposición del tejido”
, puntualizó el experto. En términos técnicos, una lesión se manifiesta cuando un músculo, tendón, ligamento o hueso es sometido a un nivel de estrés que sobrepasa su capacidad de resistencia, ya sea por un evento único o por una carga acumulativa.

Esta sobrecarga puede ser el resultado de un traumatismo agudo, como un accidente, o derivar de esfuerzos repetitivos y constantes, como sucede con el uso excesivo del mouse en entornos laborales. En cualquiera de los dos escenarios, el tejido alcanza un punto de ruptura al exceder su límite de aguante.
Un factor agravante es el sedentarismo prolongado. Cuando el organismo pasa mucho tiempo sin estímulos físicos, los tejidos se debilitan y su capacidad de adaptación disminuye drásticamente, lo que dispara el riesgo de sufrir daños al intentar retomar ejercicios intensos de forma repentina.
La relevancia de la tolerancia tisular
El concepto fundamental en la metodología de Grossmann es la llamada tolerancia tisular. Esta se define como
“la cantidad de estrés, fuerza o carga que un tejido o parte del cuerpo en particular puede soportar”
. En el momento en que se traspasa ese límite específico, la lesión se vuelve inevitable.

Es importante destacar que la tolerancia tisular no es uniforme para todos. Aquellos individuos que mantienen un historial de entrenamiento de fuerza suelen poseer tejidos más densos y resistentes, capaces de absorber impactos o esfuerzos inesperados. Por el contrario, en personas con un estilo de vida sedentario, un esfuerzo menor puede desencadenar consecuencias clínicas graves debido a la baja resiliencia de sus tejidos.
El peligro de la impaciencia en el deporte
La fisiología humana posee una capacidad de adaptación asombrosa, pero esta requiere tiempo.
“Tu cuerpo puede acostumbrarse a casi cualquier cosa si vas con la suficiente lentitud”
, sostiene Ash Grossmann. El experto utiliza la analogía de los callos en la piel: una fricción violenta y súbita genera una herida, mientras que una fricción constante y moderada endurece la superficie.
El error más frecuente entre los entusiastas del ejercicio es la búsqueda de gratificación inmediata.
“Como las personas están impacientes por obtener resultados, quieren correr lo más rápido posible o levantar el máximo peso posible de inmediato”
, advierte. Es precisamente en esa búsqueda del límite máximo sin preparación previa donde el riesgo de lesión alcanza su punto más alto.

Acondicionamiento para las demandas de la vida real
La clave para blindar el cuerpo radica en incrementar la tolerancia tisular por encima de los requerimientos de la vida cotidiana o deportiva. Aunque existen accidentes fortuitos, muchas de las tensiones a las que sometemos al cuerpo son perfectamente previsibles.
El entrenamiento específico es la herramienta principal para este fin. Grossmann menciona cómo los boxeadores trabajan la musculatura del cuello para absorber los golpes. Este principio se aplica a acciones mundanas:
- Subir escaleras: Una actividad que genera miles de hospitalizaciones y que requiere potencia en rodillas, caderas y tobillos.
- Levantar objetos: Preparar la zona lumbar para cargas pesadas.
- Caminar distancias largas: Fortalecer la resistencia de los tejidos de las extremidades inferiores.
Para mejorar la respuesta ante las escaleras, por ejemplo, se sugiere empezar con ejercicios simples como sentarse y levantarse de una silla, evolucionando progresivamente hacia el uso de escalones bajos y, finalmente, peldaños más altos con peso adicional.

Hacia una movilidad tridimensional
El especialista hace hincapié en que el fortalecimiento no debe ser lineal. Es crucial trabajar el cuerpo en sus tres planos de movimiento: sagital, frontal y transversal.
“Si realizamos movimientos corporales tridimensionales, podemos aprender a mover nuestro cuerpo con mayor eficacia como un sistema integrado”
, explica.
Esta estrategia protege al individuo ante movimientos accidentales. Muchas personas sufren espasmos en la espalda simplemente por realizar un movimiento fuera de la postura ideal.
“Pueden sufrir un espasmo en la espalda porque nunca antes levantaron un peso ‘mal’”
, señala el experto. Someter al cuerpo a posiciones no perfectas bajo control fortalece los tejidos y amplía el margen de seguridad.

Guía de ejercicios para corredores
Para quienes practican el running, una disciplina de alto impacto, Ash Grossmann sugiere una rutina enfocada en la resiliencia de las piernas. Los ejercicios recomendados incluyen:
- Alcance del tobillo: Fundamental para desarrollar estabilidad articular.
- Estocadas multidireccionales: Para optimizar la movilidad y la coordinación de la cadera en distintos ángulos.
- Subidas de escalones: Un ejercicio que combina potencia y estabilidad necesaria para la carrera.
Estos movimientos deben ejecutarse con un volumen bajo de repeticiones y una progresión meticulosa. El objetivo principal es que el tejido se adapte antes de incrementar la carga de entrenamiento, garantizando que el cuerpo esté listo para soportar el impacto y la fatiga propios del atletismo sin desarrollar dolores crónicos.
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