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Psicólogo explica por qué vigilamos las redes de una expareja

La práctica de la observación compulsiva en plataformas digitales tras el fin de una relación no es solo un acto de masoquismo, sino una respuesta a la necesidad de encontrar calma ante la duda constante. El psicólogo Fran Sánchez explica, a través de un análisis compartido en TikTok (@minddtalk), que el cerebro humano, bajo situaciones de crisis emocional, tiende a priorizar el alivio momentáneo por encima de la recuperación afectiva a largo plazo.

“Tu conducta no está orientada a ejecutar aquello que te va a hacer sentir mejor a largo plazo, sino a tratar de resolver lo que tu cerebro interpreta como necesidades inmediatas”

Esta dinámica se ve potenciada por el acceso ilimitado a la información personal en el entorno digital, lo cual dispara la tentación de monitorear la vida del otro de forma permanente. La inmediatez de las redes sociales y la exposición de pormenores cotidianos hacen que el impulso de buscar explicaciones sea extremadamente difícil de controlar para quienes atraviesan un proceso de duelo.

La dualidad entre la ansiedad y el alivio temporal

Antes de que una persona decida entrar al perfil de su antigua pareja, suele presentarse un estado de ansiedad acompañado de múltiples cuestionamientos internos. El especialista Fran Sánchez describe con precisión este escenario previo:

“Casi siempre antes de revisar las redes del otro aparece ansiedad u otra emoción desagradable, sumado a un montón de preguntas abiertas: ¿Qué estará haciendo?; ¿Por qué me trató así?; ¿Me habrá olvidado ya?”

. Según el experto, esta acción no se origina en la curiosidad, sino en la baja tolerancia a la ambigüedad.

Tras una ruptura, muchas personas continúan con expectativas de que su expareja se dé cuenta de lo que ha perdido. Esta dinámica impide avanzar (Freepik)

El sentimiento de satisfacción que surge al encontrar un dato, aunque este sea doloroso, termina reforzando el comportamiento. Cuando se visualiza una imagen o una publicación, el cerebro logra una certeza, a pesar del daño que esta información pueda causar. Tras este breve respiro, suelen aparecer sentimientos de comparación, rechazo y una notable caída en la autoestima, pero la mente ya ha aprendido a vincular la revisión digital con una reducción efímera del malestar.

Para Sánchez, este proceso se convierte en un mecanismo automático de gestión emocional que resulta engañoso. El ciclo se repite de la siguiente manera: incomodidad inicial, revisión de perfiles, microalivio y, finalmente, un incremento del dolor que reinicia la secuencia de forma invariable.

Las consecuencias del autoengaño

Uno de los mayores riesgos de esta conducta es la creación de relatos ficticios y el autoengaño. El psicólogo sostiene que, durante el duelo, la mente busca desesperadamente una coherencia lógica:

“Durante el duelo, de forma automática, tu cerebro tratando de encontrar una realidad coherente […] busca que aquella información que recibe del otro confirme alguna de sus hipótesis o de sus miedos: me sustituyó, fue todo una mentira, nunca signifiqué nada para él o para ella… Y haciendo esto, muchas veces crea irrealidades”

.

Finalmente, existe la falsa creencia de que obtener más detalles sobre el otro facilitará el cierre de la etapa sentimental. El profesional advierte que las personas se pierden rastreando señales bajo la idea de que entender más calmará el dolor. No obstante, Sánchez es enfático en que el cierre emocional

“rara vez viene del otro, lo construyes tú”

.

En conclusión, aunque esta vigilancia ofrezca un consuelo momentáneo, su impacto real es nocivo. Como bien apunta el experto:

“Quizá te calme cinco segundos y te abra una herida para cinco días”

. Es una herramienta que parece efectiva en el presente, pero que termina por destruir el bienestar en el futuro próximo.

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