La misión Artemis II se posiciona como un momento crucial en la era moderna de la exploración del cosmos. Este proyecto representa el primer vuelo con tripulación de la NASA hacia el entorno lunar desde la finalización del histórico programa Apolo, permitiendo que seres humanos orbiten nuevamente nuestro satélite natural tras una pausa de más de cincuenta años.
En este escenario de relevancia global, Argentina tendrá una intervención sin precedentes. El satélite ATENEA, un CubeSat de carácter científico de clase 12U (12 unidades) gestado en territorio nacional, ha sido seleccionado como parte de las cargas útiles que acompañarán a la cápsula Orión en su travesía hacia la Luna.

A través de documentos oficiales, la NASA ha pormenorizado el procedimiento de despliegue de los cuatro CubeSats integrados en el cohete Space Launch System (SLS). Un dato de gran relevancia para el ecosistema científico argentino es que ATENEA será el primer dispositivo en ser liberado al espacio una vez que el adaptador de etapa de Orión se desprenda de la nave principal.
Esta secuencia resulta fundamental, ya que el orden de eyección establece las trayectorias críticas, los cronogramas de encendido y los márgenes de seguridad operativa en las condiciones hostiles del espacio profundo.
El ATENEA se encuentra resguardado en el adaptador de etapa de la nave Orión, denominado OSA. En este compartimento, comparte lugar con otros CubeSats desarrollados por las naciones de Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita. Tras concretarse la separación de dicha etapa, la unidad de aviónica dará inicio a la fase de liberación.

La NASA ha confirmado que la maniobra de despliegue comenzará aproximadamente cinco horas después del despegue inicial. El proceso será secuencial, estableciendo intervalos de un minuto entre cada satélite para asegurar que cada CubeSat mantenga una trayectoria individualizada y libre de interferencias técnicas.
La administración espacial de Estados Unidos ha subrayado que estos satélites de pequeña escala fueron proyectados para ejecutar experimentos de alto riesgo y elevado valor científico.
Las operaciones en el espacio profundo demandan el uso de sistemas de alta resistencia, una notable tolerancia a los niveles de radiación y una autonomía operativa superior. La inclusión del ATENEA en este selecto grupo evidencia la complejidad técnica y la confiabilidad de la ingeniería argentina dentro de una misión internacional tripulada de tal magnitud.
Hitos en la construcción y funciones del satélite ATENEA

El dispositivo argentino fue diseñado primordialmente como una misión de validación tecnológica. Su meta principal es poner a prueba tecnologías fundamentales que serán requeridas para futuras expediciones espaciales de mayor envergadura.
Dentro de sus responsabilidades principales se encuentran el monitoreo de radiación en órbitas de gran altitud y espacio profundo, la captura de datos de navegación satelital GNSS desde alturas mayores a las convencionales y la verificación de enlaces de comunicación para largas distancias.
Los resultados de estos experimentos proporcionarán información vital para el desarrollo de futuras plataformas espaciales de nueva generación.

El origen de ATENEA se encuentra en el programa SARE de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), una estrategia pensada para la creación ágil y económica de satélites compactos. Este proyecto ha logrado amalgamar el talento de universidades públicas, centros de investigación y compañías del sector tecnológico.
En su desarrollo han colaborado entidades como la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la firma VENG.

“La participación argentina en este proyecto de retorno lunar nos llena de orgullo. Es increíble ser parte de una misión que significará el regreso de tripulaciones que orbiten la Luna, desde las míticas Apolo 8, 9 y 10. Pasó mucho tiempo desde aquellas misiones, más de cinco décadas. Y ahora estamos volviendo como humanos y además con una participación nacional”
Estas fueron las palabras del ingeniero Marcos Actis, decano de la Facultad de Ingeniería de la UNLP. El profesional, que ha estado vinculado al desarrollo satelital desde el histórico SAC-B en los años 90, también comparó este proyecto con hitos previos: “Para nosotros ATENEA es el hermano mayor de USAT 1, desarrollado en la UNLP, ya que es un escalamiento de este y es un retorno a la colaboración conjunta entre NASA y CONAE, como lo fue con la serie de satélites SAC”, explicó Actis, remarcando que la universidad platense gestionó la creación del contenedor, los sistemas de navegación y de telecomunicaciones.

El CubeSat ATENEA presenta medidas de 30 por 20 por 20 centímetros y tiene un peso total de 15 kilos. Pese a su formato compacto, integra subsistemas de alta complejidad creados íntegramente en Argentina. El Centro Tecnológico Aeroespacial de la UNLP coordinó la ingeniería de sistemas, la gestión térmica y la producción de los componentes estructurales.
Por su parte, el equipo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones se encargó del diseño de la computadora central, los sistemas de enlace y el receptor GNSS, abarcando tanto el hardware como el software propietario.
Durante el transcurso de 2025, los especialistas técnicos llevaron a cabo la integración en ambientes controlados o salas limpias, donde se procedió al ensamblaje de la estructura y el cableado.

Posteriormente, la unidad fue enviada al Centro Espacial Teófilo Tabanera, ubicado en Córdoba, para ser sometida a pruebas rigurosas de vibración, termovacío y compatibilidad electromagnética. Cada uno de estos tests ratificó la resistencia del sistema ante los exigentes parámetros que la NASA impone para misiones con astronautas.
Tras su envío a Estados Unidos el pasado 26 de septiembre, el ATENEA fue integrado satisfactoriamente al conjunto de instrumentos del cohete SLS. Su lanzamiento se espera dentro de una ventana temporal que abarca desde febrero hasta abril de 2026. El interés generado trasciende el plano técnico.
Para los científicos locales, formar parte de Artemis II es un avance cualitativo en la posición internacional de Argentina respecto a proyectos de exploración en el espacio profundo.

“Estamos viviendo esto con mucha ansiedad y expectativa de poder recibir los datos de la misión y que todo salga bien. Obviamente estamos acá viviendo esta misión de dos formas diferentes: una como simples humanos e ingenieros que están esperando poder volver a la Luna. La misión Artemis es gigante por eso. Y, por otro lado, por supuesto, como responsables de una misión pequeña pero importante para nosotros que es ATENEA”
Así lo manifestó Sonia Botta, ingeniera aeroespacial formada en la UNLP y con maestría por la Universidad de Leicester en Inglaterra. “Para nosotros que Estados Unidos y la NASA confíe en nosotros para poder subir a un cohete tripulado una carga argentina y haber aprobado nuestra misión, es muy bueno. No solamente confiaron, sino que también pasamos todas la pruebas, validaciones y certificaciones necesaria para subir un microsatélite en una misión espacial con personas arriba. Tener esa experiencia de que NASA confió en nosotros es gigante tanto para la universidad como para la CONAE”, concluyó la ingeniera, quien se desempeña en el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA).
Cooperación y ciencia: El camino hacia Artemis II

El objetivo central de Artemis II es comprobar en condiciones operativas reales el desempeño de los sistemas de la cápsula Orión con humanos a bordo. Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen realizarán una travesía de diez días que contempla órbitas terrestres y un acercamiento lunar.
Esta vivencia es el paso previo indispensable para Artemis III, la misión que tiene como meta el retorno de la humanidad a la superficie de la Luna.

Dentro de este marco operativo, los CubeSats asumen un papel estratégico. Al activarse antes de la aproximación final a la Luna, utilizan el trayecto inicial para obtener datos en zonas que los satélites pequeños apenas han explorado. Cabe recalcar que ATENEA no aterrizará en la Luna, pero funcionará en un entorno que validará tecnologías aplicables a futuras misiones de largo aliento.
Un componente destacado del satélite es su sistema energético. Los paneles solares fueron producidos en el Área Limpia de la Comisión Nacional de Energía Atómica, un sitio bajo normas estrictas de control de partículas y temperatura.
Estos paneles poseen una eficiencia que dobla a los de uso terrestre y están compuestos por materiales aptos para soportar la radiación ultravioleta extrema. Su fabricación implicó el montaje manual celda por celda sobre soportes rígidos protegidos por vidrios especiales.

La Universidad Nacional de San Martín aportó los ingenieros encargados del diseño y ruteo de estos componentes. Aprovechando la experiencia en proyectos como el SAOCOM, el equipo adaptó sus conocimientos al formato CubeSat. Asimismo, este grupo trabaja en paneles para remolcadores espaciales, destinados al transporte de satélites menores a distintas órbitas.
La presencia en Artemis II incrementa el nivel de madurez tecnológica nacional. La medición de radiación profunda ayudará a probar materiales de blindaje comerciales. Igualmente, el uso de fotomultiplicadores de silicio generará datos valiosos para sensores y telecomunicaciones, mientras que la captura de datos GNSS a grandes altitudes servirá para futuras maniobras en órbitas de transferencia geoestacionaria.
La naturaleza de Artemis II es la colaboración global. Junto al ATENEA, orbitarán CubeSats de las agencias espaciales de Alemania, Corea y Arabia Saudita. Estos proyectos fueron elegidos mediante convocatorias internacionales de la NASA para socios del programa. La presencia argentina en este grupo consolida la reputación del sistema científico y tecnológico del país.

Más allá de lo inmediato, esta misión genera un aprendizaje estructural. Integrar un dispositivo en una misión tripulada conlleva cumplir estándares de calidad de máximo nivel y una documentación sumamente rigurosa. Superar estos retos fortalece la industria local y abre puertas a nuevas iniciativas comerciales y científicas.
Cuando el SLS parta desde el Centro Espacial Kennedy con la Orión y sus cuatro tripulantes, ATENEA comenzará su propia historia. Se convertirá en el primer CubeSat argentino en operar en una misión lunar tripulada y en el ambiente del espacio profundo, dejando atrás las órbitas bajas tradicionales. En su estructura lleva el esfuerzo colectivo de universidades, empresas y organismos públicos, demostrando que Argentina posee la capacidad de operar en la frontera tecnológica del espacio profundo.
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