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Bután: el único país del mundo que rechaza los semáforos por tradición

En las cumbres del Himalaya, el reino de Bután se destaca a nivel global por preservar una costumbre que rompe con la lógica de las metrópolis contemporáneas: se trata de la única nación en el planeta donde no existen los semáforos. Mientras que en el resto del mundo estas señales lumínicas son fundamentales para el orden vial, este territorio asiático ha decidido apostar por un gestión basada en su legado cultural y en el bienestar de sus habitantes.

Un sistema vial con rostro humano

Ubicado geográficamente entre India y China, este país posee una población aproximada de 800.000 ciudadanos y cuenta con una infraestructura de caminos que alcanza los 8.000 kilómetros. Aunque ciudades como la capital, Thimphu, gozan de una atmósfera más apacible que Nueva Delhi o Pekín, la cantidad de vehículos requiere un control estricto para evitar el caos. No obstante, la solución butanesa no es tecnológica, sino humana.

En las principales intersecciones de Thimphu, la labor de dirigir el flujo de autos y peatones recae en oficiales de tránsito. Estos agentes se ubican en cabinas de madera con decoraciones tradicionales y ejecutan movimientos manuales con gran elegancia. Para cumplir esta labor, cada policía atraviesa un entrenamiento especializado de una semana en señalética gestual y opera en turnos de 30 minutos para mantener la concentración y precisión en sus indicaciones.

El sistema de tránsito en Bután promueve el respeto y la cortesía como base para la convivencia vial diaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta particularidad se ha consolidado como un emblema de la identidad nacional y un imán para los viajeros. El sistema de circulación en Bután se fundamenta en la cortesía y el respeto mutuo entre conductores. A diferencia del estrés que generan los semáforos automáticos en grandes ciudades, aquí se privilegia la comunicación no verbal y el sentido común, fortaleciendo los vínculos sociales. Además, el reino ha implementado algunas rotondas en puntos estratégicos, pero siempre evitando la automatización.

El fallido intento de modernización en 1995

La carencia de tecnología vial en el reino no es una cuestión de pobreza o falta de infraestructura, sino una elección consciente y fundamentada. En el año 1995, el gobierno intentó modernizar el tránsito instalando el primer semáforo en un cruce neurálgico de Thimphu. La reacción de la ciudadanía fue de rechazo inmediato, considerando al aparato como una “presencia impersonal y perturbadora” que rompía con la armonía del entorno y era incapaz de sustituir el vínculo humano.

Debido a la presión social y la incomodidad generada, el dispositivo electrónico fue retirado apenas 24 horas después de su puesta en marcha. Este evento, documentado por guías especializadas como OMSHA Travel, demuestra cómo la sociedad de Bután prioriza la flexibilidad y el contacto humano por encima de la automatización rígida. Las autoridades reafirmaron tras este suceso su compromiso con un modelo de comunicación directa entre los ciudadanos.

Filosofía de vida, valores y Felicidad Nacional Bruta

 Hasta 1999, la televisión y el acceso a internet estaban prohibidos (Crédito: Grosby Group)

La negativa a usar semáforos es solo un reflejo de la cautela con la que el país adopta influencias externas. Es importante recordar que hasta 1999, tanto la televisión como el internet estaban restringidos en el país. Fue el Cuarto Rey Dragón, Jigme Singye Wangchuck, quien permitió el acceso a estas herramientas tras estudiar en el exterior y evaluar su utilidad para el desarrollo. Asimismo, la llegada de los cajeros automáticos ha sido un proceso pausado.

El budismo, presente desde el siglo VIII, orienta las decisiones sociales y políticas del reino. Este marco filosófico se traduce en la adopción de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) como indicador primordial de progreso, donde el bienestar colectivo está por encima del crecimiento económico neto.

  • Un 91% de la población afirma sentirse feliz, según los censos nacionales.
  • Se promueve una vida menos acelerada y más conectada con los valores de la comunidad.
  • El gobierno aplica impuestos elevados a la compra de vehículos para limitar el parque automotor.
  • Existen restricciones estrictas sobre la importación de autos usados.

Finalmente, la protección de sus tradiciones se extiende al turismo, según destacan reportes de entidades como AOL. Solo se permite el ingreso de un máximo de 150.000 visitantes anuales, quienes deben viajar acompañados de un guía local certificado para asegurar una convivencia sostenible y evitar la masificación en este rincón único del mundo.

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