Durante una audiencia ante el Senado de los Estados Unidos, el secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que la transición democrática de España posterior al fallecimiento del dictador Francisco Franco en 1975 es uno de los referentes históricos fundamentales para el debate sobre el porvenir político de Venezuela. En su intervención, destinada a exponer la estrategia de la administración de Donald Trump hacia la nación sudamericana, el diplomático sostuvo que existen casos previos donde la salida gradual de sistemas autocráticos permitió la consolidación de democracias estables.
“Hay precedentes. Puedo mencionar varios ejemplos, como España o Paraguay, lugares donde hubo una transición de un régimen autocrático a una democracia y llevó tiempo”
Rubio explicó a los senadores que estos procesos no suelen resolverse de forma inmediata, pues demandan periodos extensos y transformaciones progresivas en los estamentos del poder. El titular de la diplomacia estadounidense enfatizó que, si bien las transiciones no deben ser improvisadas, tampoco pueden mantenerse estancadas sin mostrar logros concretos.
Plazos y expectativas para el cambio
Aunque el funcionario evitó comprometerse con un cronograma estricto para el caso venezolano, reconoció que no es posible brindar “un plazo exacto” sobre la duración de la transición que, según su criterio, debe iniciarse en el país caribeño. No obstante, estableció una referencia temporal al indicar que en un lapso de “tres, cuatro o cinco meses” se deberían observar avances evidentes que demuestren un cambio respecto a la situación actual. De lo contrario, advirtió que el escenario permanecería en un estado de bloqueo.
La alusión al modelo español no fue un comentario menor. Marco Rubio utilizó este ejemplo para ilustrar una transformación política que, tras décadas de autoritarismo, logró amalgamar reformas en las instituciones, consensos entre sectores opuestos y una apertura progresiva. Recordó que dicho proceso no estuvo exento de tensiones ni de incertidumbres, pero consiguió establecer las bases de una democracia duradera. Para el secretario de Estado, la clave radica no solo en el cambio de gobernantes, sino en la modificación profunda de las reglas de juego.
Respecto a la realidad de Venezuela, el secretario admitió que el dominio real de las fuerzas armadas y de las instituciones clave sigue siendo un obstáculo mayor.
“Nos guste o no, el control de las armas y de las instituciones gubernamentales está en manos del régimen”

A pesar de esta realidad, Rubio manifestó su esperanza de que en un periodo de seis meses se logre constatar un progreso sustancial si se presentan las condiciones necesarias. Estas expectativas están ligadas al despliegue total del personal diplomático estadounidense, incluyendo a la embajadora, lo cual permitiría obtener información de primera mano para ajustar la estrategia política según la evolución de los hechos.
Hacia una nación próspera y democrática
El objetivo final de la administración Trump es alcanzar una Venezuela que sea “amigable, estable, próspera y democrática”. En este marco, Rubio mencionó que la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, tiene el potencial de formar parte de este proceso de transición, aunque no especificó el rol particular que desempeñaría.
El secretario defendió que la coyuntura actual representa una oportunidad sin igual tras años de parálisis. Según sus declaraciones, la política de Estados Unidos hacia Venezuela estuvo “estancada” por más de una década, acumulando 14 años de esfuerzos infructuosos.
“Esta es la primera vez en más de una década que vemos la posibilidad de cambiar las condiciones de la sociedad”
Durante su discurso, Marco Rubio aludió al nuevo contexto político derivado de la captura de Nicolás Maduro y su cónyuge, Cilia Flores. Basándose en este escenario, insistió en que la prioridad actual de Washington es impedir que se genere un vacío de poder y promover una transición organizada que resulte en la creación de instituciones legítimas.
La sesión en el Senado se vio brevemente interrumpida por un manifestante que, desde la tribuna, exclamó “manos fuera de Venezuela” mientras mostraba una pancarta. El individuo fue retirado por el personal de seguridad. Tras el incidente, el presidente del Comité de Exteriores, Jim Risch, advirtió que el manifestante enfrentará un veto de un año para asistir a las actividades del comité.
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