Desde que arrancó el periodo escolar en septiembre, los estudiantes de un centro educativo se han visto obligados a depositar sus dispositivos móviles en casilleros específicos habilitados en cada salón. Con esta medida, el Instituto Gabriel-Fauré, situado en Francia, intenta erradicar las trampas en los exámenes, elevar los niveles de atención y mitigar la subordinación a las herramientas digitales. No obstante, esta normativa no ha sido recibida con agrado por la totalidad del alumnado.
El director de la institución, Nicolás Solana, explicó que esta determinación fue el resultado de varios meses de análisis. Según comentó al medio La Déspêche, los motivos principales fueron la falta de concentración en clase y las constantes tentativas de fraude académico. Esto cobra mayor relevancia considerando que la evaluación continua representa actualmente el 40% de la nota final en el Bachillerato. Pese a las restricciones, Solana admitió un reto emergente: los relojes inteligentes.
“Por el momento no tenemos una solución. Sigue siendo un problema que seguro que irá en aumento”
, señaló la autoridad educativa.
La implementación de la norma se fundamentó en un sondeo realizado en abril de 2025. Los resultados arrojaron que el 81% de los padres de familia brindó su apoyo a la restricción. En contraste, la visión de los jóvenes es distinta: el 61% de los alumnos sostiene que el teléfono no interfiere en su enfoque académico, si bien el 50% acepta poseer algún nivel de dependencia y un 13% confiesa una adicción severa.

Para el director Solana, este fenómeno de dependencia es alarmante y lo calificó como un problema de salud pública. Además, la investigación reveló datos sobre el impacto en el descanso nocturno: un 39% de los matriculados admitió que el uso del terminal móvil afecta parcialmente su calidad de sueño, mientras que el 14% calificó dicho impacto como considerable.
Desde la perspectiva estudiantil, la imposición de las taquillas es vista como un síntoma de falta de fe en ellos y un quiebre en el vínculo pedagógico.
“No confían en nosotros”
, manifestó un joven del instituto. Otro compañero añadió:
“Solo usamos el móvil para ver la hora”
. Asimismo, hubo quienes criticaron la utilidad de la norma asegurando que
“Es inútil porque, aunque lo tuviéramos en el bolsillo, los profesores podrían ver si hacemos trampa, pero les da más tranquilidad”
.
Balance positivo tras meses de aplicación
Transcurrido un periodo de cinco meses, la administración del centro escolar reporta resultados que consideran sumamente favorables. Nicolás Solana destacó que tanto el cuerpo docente como los estudiantes coinciden en que la presencia de las taquillas ha fomentado una atmósfera de mayor concentración.
“Todos se sienten un poco más relajados”
, puntualizó el directivo.
Una experiencia similar se vive en el instituto profesional de Montsoult, que alberga a 600 estudiantes, donde se optó por cajas colectivas para el resguardo de los equipos. Una alumna de 18 años de dicho centro relató que el proceso de adaptación fue complejo:
“Soy adicta al teléfono. Pero me ayudaba a concentrarme”
. La estudiante también destacó una mejora en su desempeño académico, señalando que sus calificaciones subieron de un promedio de 4 o 5 a un 7 actual.
Por su parte, la directora Françoise Rossi subrayó que el éxito de la regla radica en su aceptación como un acuerdo común.
“Fue aceptado globalmente desde el momento en que la norma se volvió colectiva”
, indicó. En esa misma línea, la docente Christine Antunes enfatizó que anteriormente
“Muchos altercados se debieron al uso de los teléfonos”
, y que ahora se percibe un alumnado mucho más enfocado.

El reto persistente de la adicción digital
Pese a las restricciones exitosas dentro del aula, la dependencia tecnológica sigue siendo un problema fuera de las instalaciones. Algunos jóvenes reconocieron pasar entre 11 y 12 horas diarias frente a las pantallas. La logística también representa un obstáculo para una prohibición total en centros grandes; Rossi cuestionó cómo gestionar 600 casilleros individuales si la norma se extendiera a toda la escuela, sugiriendo que se requeriría un modelo organizativo distinto.
Finalmente, existe el temor de que políticas extremadamente rígidas incrementen el ausentismo escolar. La prioridad, según la directora Rossi, debe centrarse en la prevención y el aspecto formativo, ya que el riesgo real ocurre fuera del control institucional.
“El problema es que, al volver a casa, vuelven a caer en sus viejos hábitos”
, concluyó la directiva.
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