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Demencia antes de los 65 años: Identificando señales y retos médicos

Frecuentemente, la demencia es percibida como una condición exclusiva de la tercera edad y estrechamente ligada al olvido. No obstante, este concepto ignora la realidad de miles de individuos que enfrentan la enfermedad durante su etapa de mayor productividad laboral, manifestándose incluso en jóvenes que atraviesan la veintena o la treintena de edad.

En estos escenarios clínicos, las señales de alerta iniciales difícilmente encajan con el patrón tradicional. Esta discrepancia no solo posterga el acceso a un diagnóstico certero, sino que agrava el sentimiento de soledad y desprotección de los pacientes y sus familias.

La problemática de la detección tardía y la carencia de acompañamiento ha sido analizada por el doctor Nick Fox, experto neurólogo consultor vinculado al Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres, quien se destaca como una autoridad en demencias raras y de aparición precoz.

De acuerdo con las experiencias compartidas por Fox, el paciente con menor edad que ha recibido en su consulta tenía apenas 23 años. Este dato evidencia la gravedad de una patología que permanece, en gran medida, invisibilizada dentro de las estructuras de salud pública.

Una condición poco visibilizada

Se clasifica como demencia de inicio temprano a aquella que manifiesta sus primeros síntomas antes de cumplir los 65 años. En regiones como el Reino Unido, se estima que entre 70.000 y 100.000 ciudadanos conviven con variantes raras o precoces, lo que equivale aproximadamente al 15% del universo total de casos. A pesar de estas estadísticas, los esfuerzos en investigación, presupuesto y asistencia social suelen volcarse casi exclusivamente hacia la demencia senil convencional.

Los síntomas iniciales de la demencia temprana suelen no vincularse a la memoria, lo que dificulta el diagnóstico precoz (Crédito: Freepik)

La evidencia presentada por Fox señala una brecha preocupante: las personas menores de 65 años tardan, en promedio, 4,4 años en ser diagnosticadas, una cifra que contrasta con los 2,2 años que requieren los adultos mayores. Durante este largo intervalo, los síntomas suelen ser confundidos erróneamente con cuadros de estrés, ansiedad, depresión profunda, procesos de menopausia o agotamiento profesional (burnout), lo que deriva en una cadena de evaluaciones médicas fallidas.

Alteraciones en la conducta y la personalidad

En el espectro de las demencias precoces, los indicadores tempranos rara vez involucran la memoria. Por el contrario, uno de los signos predominantes es la transformación de la personalidad. El neurólogo ha documentado casos donde los afectados empiezan a utilizar vestimentas inusualmente llamativas, establecen rutinas obsesivas o rígidas, y muestran comportamientos sociales que resultan inapropiados para el contexto.

Testimonios recopilados exponen situaciones críticas de descontrol conductual, que van desde emitir comentarios hirientes a desconocidos hasta mostrar actitudes intrusivas. Nick Fox explica que ciertos pacientes pierden la capacidad de procesar las normas de convivencia básicas, una alteración directamente vinculada al daño en los lóbulos frontales del cerebro.

La apatía y el quiebre de la empatía emocional

Otro síntoma prematuro es la ausencia de motivación. En cuadros como la demencia frontotemporal (DFT), los individuos pierden la iniciativa para realizar cualquier acción, incluso si un tercero gestiona la organización. Por su parte, en el Alzheimer de inicio temprano, aunque la apatía es persistente, los pacientes suelen mostrar una respuesta más activa ante estímulos externos.

La pérdida de empatía y apatía, es un reflejo del deterioro de las áreas cerebrales responsables de la comprensión emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Quizás uno de los golpes más duros para el entorno familiar es la pérdida de empatía. El especialista describe cómo personas que históricamente fueron cariñosas dejan de reaccionar ante el dolor de sus seres queridos.

En un relato desgarrador, una mujer describió que, mientras lloraba desconsolada en el piso de su cocina debido al agotamiento por los cuidados, su esposo “simplemente la pasó por encima” para continuar con su camino, reflejando el grave deterioro en las zonas cerebrales encargadas de la gestión emocional.

Déficit en la toma de decisiones y el juicio de riesgo

La incapacidad para evaluar peligros es otra señal determinante. Según el experto, sujetos que antes manejaban sus economías con precisión pueden terminar endeudados o siendo víctimas de fraudes cibernéticos debido a la pérdida de criterio.

Alteraciones en la toma de decisiones y la evaluación de riesgos se reflejan en comportamientos al volante, como incorporarse a rotondas a gran velocidad sin reconocer el peligro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este declive cognitivo impacta severamente en tareas cotidianas como la conducción. Fox detalla que existen pacientes que mantienen una técnica de manejo correcta, pero que ingresan a rotondas o intersecciones a velocidades peligrosas, sin percibir el riesgo inminente, lo cual es una clara señal de pérdida de juicio crítico.

Impacto en el lenguaje y la percepción visual

Para otros pacientes, el inicio de la enfermedad se manifiesta mediante trastornos del lenguaje. El habla puede tornarse dificultosa y pausada, con errores constantes en las sílabas, o mantenerse fluida pero carente de sentido debido a la pérdida del significado de las palabras.

El neurólogo citó la situación del actor Bruce Willis como un ejemplo público de alguien cuyos síntomas iniciales fueron problemas comunicativos que, inicialmente, no se asociaron con un proceso demencial.

Asimismo, existen variantes que afectan la visión y la orientación espacial, conocidas como atrofia cortical posterior (ACP). El doctor relata el caso de un hombre que compró múltiples lentes nuevos y se operó de cataratas sin éxito, dado que el problema no residía en sus ojos, sino en la corteza visual del cerebro.

Bruce Willis ejemplifica cómo las dificultades iniciales para hablar pueden ser un síntoma temprano de demencia y pasar desapercibidas durante años (AP)

Finalmente, la pérdida de destrezas previamente aprendidas —como operar el control remoto o seguir una receta de cocina— es un indicador fundamental. Esto no se debe a un olvido puntual, sino a una disfunción en los sistemas neurológicos de planificación y secuencia de tareas.

Hacia un modelo de atención especializado

Con el fin de mitigar estas deficiencias, el profesor Fox coordina la inauguración para el año 2026 del Centro de Apoyo para la Demencia Rara Hilary y Galen Weston en la ciudad de Londres.

Este proyecto, impulsado por la University College London y The National Brain Appeal, tiene como objetivo proporcionar atención clínica de alta especialidad, soporte psicológico e investigación avanzada. Se proyecta que el centro asista a unas 10.000 personas durante su primer año de funcionamiento, ofreciendo una alternativa integral en un sistema de salud que actualmente se encuentra fragmentado para quienes padecen demencia a edades tempranas.

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