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¿Por qué el cerebro que más aprende envejece antes? Nuevo estudio

Las habilidades para adquirir nuevos conocimientos, ajustarse a transformaciones del entorno y actuar velozmente ante amenazas dependen directamente de la plasticidad cerebral. Este proceso biológico permite que el cerebro reconfigure sus vínculos internos basándose en las vivencias acumuladas. Sin embargo, un reciente hallazgo científico propone que esta capacidad de adaptación conlleva un precio elevado a largo plazo para la salud neurológica.

Un grupo de especialistas de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, trabajando en conjunto con la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas, detectó que los circuitos neuronales con mayor grado de plasticidad muestran una tendencia a volverse más vulnerables conforme avanza la edad.

Dicha investigación, que ha sido difundida a través de la revista científica PLOS Biology, se fundamentó en pruebas realizadas con moscas de la fruta (Drosophila). Este organismo es un modelo recurrente en el ámbito de la biología debido a que sus procesos neuronales guardan una notable similitud con los de los seres humanos. A pesar de tratarse de un estudio en animales, los expertos sostienen que estos mecanismos básicos son fundamentales para comprender el proceso de envejecimiento en el cerebro humano.

El estudio en la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia revela que los circuitos más plásticos son los primeros en deteriorarse con la edad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para explicar este fenómeno, se puede utilizar la analogía de un camino de alto tráfico. Una ruta que se utiliza frecuentemente por ser versátil y permitir múltiples desviaciones tiende a sufrir un desgaste mucho más acelerado en su superficie. Por el contrario, un sendero rígido y de poco uso conserva su integridad por un periodo más extenso.

En el sistema nervioso central ocurre un proceso análogo: aquellas conexiones que se reajustan de forma constante para facilitar el aprendizaje y la modificación de conductas se encuentran mucho más expuestas al deterioro por el paso de los años.

Análisis del procedimiento experimental

Con el objetivo de determinar qué sectores cerebrales presentan mayor flexibilidad y vulnerabilidad, los científicos analizaron un reflejo instintivo en las moscas: al detectar una sombra o un movimiento repentino, el insecto asume la presencia de un depredador y ejecuta una respuesta inmediata de salto y vuelo.

Esta acción automatizada es coordinada por un grupo reducido de células nerviosas. En este circuito intervienen específicamente las neuronas visuales denominadas LC4, las cuales captan la información del ambiente y la transmiten a una fibra nerviosa de gran tamaño que activa los músculos responsables del movimiento.

Hallan que el desgaste en la plasticidad cerebral afecta la capacidad de reaccionar ante peligros, aun cuando el estado físico sigue intacto (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo de investigación, bajo la dirección del profesor Carsten Duch, examinó cómo este sistema desarrolla la capacidad de diferenciar entre un peligro real y una falsa alarma. Cuando un estímulo se presenta de forma repetitiva sin generar daño, la mosca cesa su respuesta, un proceso de aprendizaje llamado habituación. Este comportamiento es muy similar a cuando un humano se acostumbra a un sonido de fondo y deja de prestarle atención.

Para localizar el punto exacto de este aprendizaje, se intervino un mecanismo interno de las neuronas LC4 que gestiona su actividad eléctrica. Tras la modificación, los ejemplares perdieron la facultad de “acostumbrarse” a los estímulos inofensivos, reaccionando ante cada movimiento como si se tratara de una amenaza inminente.

Este hallazgo confirmó que esa conexión específica es el núcleo de la plasticidad: la destreza del sistema nervioso para modular su comportamiento según lo aprendido.

La vulnerabilidad asociada a la vejez

El estrés oxidativo y la falta de alimento aceleran el deterioro de los circuitos neuronales más adaptativos, según la investigación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados mostraron que, con el envejecimiento de las moscas, la conexión flexible entre las neuronas empezaba a fallar. Un dato relevante es que, mientras otras zonas del sistema nervioso y la musculatura permanecían funcionales, ese punto neurálgico del circuito perdía su capacidad operativa.

Consecuentemente, las moscas dejaban de responder de forma adecuada ante peligros potenciales, aun cuando todavía poseían la fuerza física necesaria para desplazarse.

El estudio también reveló que estas conexiones son sumamente sensibles a factores externos negativos, tales como:

  • El estrés oxidativo.
  • La carencia de nutrientes o falta de alimento.

Esto sustenta la hipótesis de que los circuitos más adaptables son, por naturaleza, los más frágiles. Al respecto, el profesor Duch señaló:

“El costo de la plasticidad funcional es una mayor fragilidad durante el envejecimiento”

El investigador también mencionó que ya se están observando patrones similares en estudios realizados con cerebros de mamíferos.

Consecuencias para la medicina humana

Los científicos sugieren que entender la vulnerabilidad de los circuitos cerebrales flexibles es clave para prevenir enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si bien estos hallazgos no pueden aplicarse de forma automática a los seres humanos, la investigación plantea una teoría relevante: los sistemas del cerebro que nos permiten aprender y cambiar con rapidez podrían ser los primeros en sufrir el desgaste cronológico.

Esta premisa ayudaría a esclarecer por qué ciertas facultades, como la velocidad de respuesta, la coordinación motriz o algunos tipos de memoria, suelen presentar deficiencias antes que otras funciones biológicas.

Finalmente, profundizar en qué factores vuelven vulnerables a estos circuitos específicos podría trazar el camino para nuevas estrategias médicas destinadas a retrasar el deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas. El estudio concluye que el cerebro vive en una tensión constante entre la estabilidad y la flexibilidad, un equilibrio vital que, paradójicamente, acelera el desgaste en el tiempo.

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