La presencia constante de cielos cubiertos y lluvias ha comenzado a marcar el panorama en diversos puntos de la Costa Atlántica. Los reportes meteorológicos confirman condiciones de nubosidad persistente en localidades como Mar del Plata y Pinamar, además de precipitaciones en Punta del Este. Esta situación, que limita el disfrute de las playas y las actividades al aire libre, genera una repercusión directa en el estado de ánimo de las personas, un fenómeno que la ciencia ha logrado validar rigurosamente.
Diversas investigaciones han corroborado que la escasez de radiación solar tiene un impacto significativo en el equilibrio emocional. Este efecto no solo se manifiesta durante estaciones específicas del año, sino que también aparece tras una seguidilla de jornadas grises.
La recepción de luz natural durante las primeras horas de la mañana es un factor crítico para la regulación del reloj biológico. Este proceso permite que el cuerpo se active correctamente y garantiza un descanso profundo durante las horas nocturnas. Ante la ausencia de sol, el organismo disminuye la producción de serotonina, la hormona fundamental vinculada al bienestar. Esta caída hormonal es la responsable de la sensación de desánimo que muchas personas experimentan en días opacos, incluso si ocurren en pleno verano.
Sobre este tema, el doctor Diego Golombek, reconocido investigador superior del Conicet en la Universidad de San Andrés y la Universidad Nacional de Quilmes, ha señalado que existen múltiples evidencias sobre la relevancia de un ciclo lumínico adecuado.
“Pero lo novedoso es que esta sincronización repercute en muchos ámbitos de la salud, no solo en el sueño, sino también en el metabolismo, el sistema inmune, el sistema cardiovascular y hasta en el estado de ánimo”
, indicó el experto.
¿Por qué los cielos grises impactan el bienestar?

La psicóloga Estefanía Vieites, especialista en terapia cognitivo conductual, sostiene que las condiciones climáticas adversas y la falta de sol pueden condicionar y alterar el ánimo debido a una combinación de factores biológicos y conductuales.
Para la especialista, la imposibilidad de realizar actividades en entornos naturales,
“que impliquen una mayor interacción social con personas con las que hablar, pasar el rato o ir a la plaza es un aspecto muy limitante”
, lo cual deriva en una disminución del entusiasmo y el humor.
Adicionalmente, Vieites identifica tres elementos biológicos determinantes en este proceso:
- La vitamina D
- La melatonina
- La serotonina
La carencia de vitamina D, que se sintetiza principalmente mediante la exposición solar, es un factor clave detrás de la falta de energía. Por otro lado, la serotonina necesita de la luz para activarse; sin ella, el cuerpo no logra liberar los niveles habituales necesarios para el bienestar emocional.

En contraste, la melatonina —encargada de regular el sueño— puede dispararse durante el día si la luminosidad es baja, provocando síntomas de somnolencia y desgano. Estas sensaciones suelen revertirse cuando la claridad natural vuelve a niveles normales, permitiendo que el equilibrio emocional se restablezca.
Vieites detalla que la melatonina es una hormona que se activa cuando la luz solar disminuye, facilitando el sueño, pero aclara que inevitablemente
“va acompañado a un cuadro de tristeza o depresivo”
. Según la experta, su exceso provoca que las personas se sientan más fatigadas, adormecidas y con menos vitalidad, lo cual reduce drásticamente la motivación para emprender actividades.
Asimismo, existe una relación inversa entre estas sustancias: cuando los niveles de melatonina suben, los de serotonina descienden de manera automática, afectando la estabilidad emocional del individuo.
El fenómeno del Trastorno Afectivo Estacional

El denominado Trastorno Afectivo Estacional (TAE) es una variante de la depresión vinculada a los cambios de estación, siendo más común en otoño e invierno. Sin embargo, la comunidad científica advierte que no es exclusivo de los meses fríos, pues también puede manifestarse en primavera, asociado a la astenia primaveral, o incluso en verano durante periodos de días soleados muy extensos.
Respecto al tratamiento de este trastorno (conocido en inglés como SAD), el doctor Golombek puntualizó que
“se trata con psicoterapia, farmacología, etc., pero a diferencias de otros tipos de depresión también se la puede tratar con luz, fototerapia, luminoterapia, que si bien no cura, sí puede hacer que los síntomas disminuyan hasta que vuelva la luz natural y desaparezcan al menos por un tiempo, porque es una enfermedad periódica”
.
También se han registrado casos de TAE inverso o veraniego, donde el exceso de calor y luz afecta negativamente a ciertos individuos. Para este grupo específico, los días nublados representan un alivio y una mejora en su condición anímica, lo que demuestra que la percepción del clima es subjetiva.
Recomendaciones para proteger el ritmo biológico

Para contrarrestar estos efectos, el doctor Golombek sugiere las siguientes pautas:
- Exposición a la luz solar: Se considera el combustible del reloj biológico. Es vital respetar los ritmos cronobiológicos personales, ya sea que se tenga una tendencia matutina o vespertina.
“Es la nafta del reloj biológico y para mantenerlo bien, sincronizado, escuchar el tic tac del reloj, hay personas más matutinas y más vespertinas y cuanto más uno pueda respetar estos mandatos, estos mandatos cronopios o mandatos cronobiológicos, mejor le va a ir”
, afirmó.
- Actividad física diaria: Realizar ejercicio durante las horas de luz.
- Higiene lumínica nocturna: Prescindir de las pantallas antes de dormir.
- Entorno de descanso óptimo: Dormir en habitaciones oscuras, templadas y sin ruidos.
- Organización de comidas: Mantener un intervalo saludable entre la cena y el momento de ir a la cama.
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