El canciller afgano, Amir Khan Muttaqi, ha asegurado que ningún ciudadano de Estados Unidos se encuentra bajo custodia con fines de manipulación política. El alto funcionario enfatizó que su gobierno tiene la firme voluntad de resolver el estatus de estos detenidos de manera ágil y sin dilaciones innecesarias. Con este posicionamiento, la administración liderada por los talibán intenta distanciarse de las acusaciones internacionales que sugieren el uso de prisioneros extranjeros como herramientas de presión en la mesa de negociaciones. No obstante, estas declaraciones surgen ante la presión de Washington, que ha establecido la liberación de sus connacionales como un paso previo y obligatorio para cualquier acercamiento diplomático o diálogo formal.
En las últimas horas, las autoridades norteamericanas han reforzado su exigencia hacia los talibán para que cesen lo que denominan como “diplomacia de rehenes”. Desde el Departamento de Estado se ha comunicado que el tema ha sido tratado frontalmente con los delegados afganos, dejando claro que la libertad inmediata de los estadounidenses es una condición innegociable. Para el gobierno de Estados Unidos, no podrá existir una relación bilateral constructiva mientras estos ciudadanos permanezcan privados de su libertad en territorio afgano.
Riesgos de viaje y advertencias oficiales
Además de las gestiones diplomáticas, el portavoz gubernamental de EE. UU. exhortó a la población a evitar viajes hacia Afganistán. El funcionario advirtió que existe un historial documentado de detenciones de ciudadanos estadounidenses que se ha extendido por varios años, y reconoció que Washington no cuenta con las garantías para asegurar la integridad de quienes decidan ingresar al país asiático. Los detalles específicos sobre los canales de comunicación utilizados para estas gestiones se mantienen bajo reserva oficial.
Reportes recientes indican que la administración afgana ha puesto sobre la mesa una propuesta de intercambio. Los talibán estarían dispuestos a excarcelar a dos ciudadanos de EE. UU. a cambio de que se permita el retorno de Muhamad Rahim, un ciudadano afgano que permanece recluido en la base de Guantánamo. Zabilulá Mujahid, portavoz de los talibán, ha confirmado que esta petición representa la primera solicitud formal de este tipo por parte de su actual gobierno.
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“Queremos que estos dos detenidos estadounidenses sean liberados y, al mismo tiempo, que se aclare el destino de nuestro detenido en Guantánamo. Nuestro prisionero debe ser liberado”, manifestó Zabilulá Mujahid.
Puntos de conflicto en la negociación
Por su parte, la gestión del expresidente Donald Trump ha señalado previamente que cualquier pacto de esta naturaleza debe contemplar obligatoriamente a Mahmood Habibi. El FBI reportó el arresto de este tercer ciudadano estadounidense en 2022. Las conversaciones encaminadas a un posible intercambio recíproco se han mantenido activas durante varios meses, formando parte de los compromisos públicos asumidos por la administración Trump en materia de rescate de ciudadanos en el exterior.
El núcleo del estancamiento actual reside en la insistencia del régimen afgano por incluir a Rahim en el acuerdo, frente a la postura inflexible de Washington de exigir la liberación de todos los estadounidenses sin condiciones previas. Por el momento, ninguna de las dos partes parece dispuesta a ceder en sus requerimientos iniciales, lo que mantiene las gestiones en un punto muerto.
En este escenario de tensión, el gobierno afgano busca desesperadamente el reconocimiento de la comunidad internacional. Actualmente, Rusia se posiciona como una de las pocas naciones que ha mostrado algún nivel de apertura hacia las autoridades de Kabul, quienes retomaron el control del país hace dos décadas, tras la salida de las fuerzas lideradas por Estados Unidos.
Avances limitados y objetivos futuros
A pesar del clima de confrontación, se sabe que en el transcurso del último año cinco ciudadanos estadounidenses lograron salir de las prisiones de Afganistán. Sin embargo, los casos remanentes enfrentan obstáculos significativos debido a la contrapropuesta talibán centrada en el prisionero de Guantánamo y la firmeza del Departamento de Estado.
El anhelo de los talibán por normalizar sus relaciones exteriores se evidenció también el año pasado con la recepción en Kabul de Adam Boehler, enviado especial para temas de rehenes durante la era Trump. Entre los objetivos estratégicos del régimen afgano se encuentran:
- La reapertura de la embajada de Estados Unidos en la capital afgana.
- La reactivación de programas de cooperación en seguridad.
- El reconocimiento oficial de su estructura de gobierno.
Pese a estos aparentes gestos de voluntad política, la administración estadounidense sostiene que Kabul emplea los arrestos de extranjeros como una táctica de extorsión diplomática. Esta situación ha generado un bloqueo donde ambos bandos se responsabilizan mutuamente por la falta de progreso, dejando el futuro de los detenidos en una incertidumbre prolongada.
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