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Israel ataca infraestructura de Hezbolá y un campo de entrenamiento

Las operaciones militares en la zona fronteriza continúan bajo un clima de alta tensión, ya que el Ejército israelí mantiene actualmente cinco posiciones estratégicas dentro de suelo libanés. Esta situación persiste a pesar de las insistentes demandas del Gobierno de Beirut y de la milicia Hezbolá, quienes exigen la salida total de los efectivos del sur de Líbano. En medio de denuncias que señalan estos puestos como una ruptura del acuerdo de alto el fuego pactado en noviembre de 2024, Israel defiende su accionar argumentando que responde a lo que define como movimientos hostiles por parte del grupo chií. Los ataques aéreos ejecutados la noche del domingo han profundizado la preocupación de la comunidad internacional frente a una posible expansión del conflicto.

De acuerdo con informes militares oficiales, las Fuerzas de Defensa de Israel llevaron a cabo bombardeos nocturnos en territorio de Líbano con el objetivo de destruir almacenes de armamento y diversos puntos de infraestructura bajo control de Hezbolá. Entre los objetivos destacados figura un campamento de entrenamiento donde, según la inteligencia israelí, la unidad de élite denominada Fuerza Raduán coordinaba planes de carácter terrorista dirigidos contra ciudadanos y territorio de Israel. El mando militar subrayó que estas maniobras representan una transgresión directa de los tratados bilaterales que buscan pacificar la frontera tras los choques iniciados en octubre de 2023.

El reporte oficial de las fuerzas armadas detalla que la incursión aérea alcanzó una edificación destinada a la organización de ataques armados. Se sostuvo que la operatividad de Hezbolá en dichas áreas geográficas supone una amenaza constante y directa para la integridad de las tropas y la población civil israelí. Cabe destacar que, desde la entrada en vigor del cese al fuego en noviembre del año pasado, la aviación de Israel ha realizado múltiples incursiones, justificando sus acciones como medidas defensivas ante desplazamientos de la milicia que ponen en riesgo la estabilidad del acuerdo.

Bajas reportadas tras los bombardeos

Previamente a esta oleada de ataques, se registraron incidentes que resultaron en la muerte de al menos dos personas, identificadas por fuentes locales como Yauad Basma y Mohamad al Huseini. Se informó que Basma perdió la vida en la localidad de Kafer Dunín, específicamente durante un impacto contra una vivienda y un depósito de materiales. Por otro lado, Al Huseini, quien se desempeñaba como docente en la asociación educativa Al Mabarrat, falleció cuando el vehículo en el que viajaba fue alcanzado por un proyectil. El Ejército de Israel señaló a Basma como un componente clave de la infraestructura militar de Hezbolá vinculado a la fabricación de armas, mientras que a Al Huseini lo identificó como el jefe de artillería del grupo chií en la zona de Arzon.

Estas maniobras militares han provocado una oleada de recriminaciones por parte del Ejecutivo libanés y del liderazgo de Hezbolá, quienes califican tanto el despliegue terrestre como las ofensivas aéreas como una violación flagrante a los términos vigentes. Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas emitió una condena formal ante los bombardeos, alertando sobre el peligro inminente de que las hostilidades alcancen niveles incontrolables en la línea fronteriza entre ambas naciones.

El pacto de no agresión firmado en noviembre estipulaba que tanto Israel como Hezbolá debían retirar a sus combatientes y efectivos del sur libanés. Este compromiso se dio tras más de doce meses de enfrentamientos constantes derivados de los sucesos del 7 de octubre de 2023 y la subsecuente campaña militar en la Franja de Gaza. Tanto las autoridades de Líbano como la cúpula de la milicia chií sostienen que la desocupación absoluta de todos los puntos militares israelíes es el requisito fundamental para sostener la frágil calma que se intenta establecer.

Al analizar las motivaciones detrás de estas recientes agresiones, la postura oficial de Israel se centra en la neutralización preventiva de lo que consideran preparativos para ofensivas armadas en su contra. Las mutuas acusaciones de incumplimiento de los denominados “entendimientos” de paz se dan en un contexto de desconfianza profunda, donde cualquier movimiento de tropas o incidente fronterizo reactiva el estado de alerta en ambos bandos.

Aunque históricamente el ciclo de ataques y represalias entre Israel y Hezbolá ha sido recurrente, se guardaba la esperanza de que el acuerdo de noviembre de 2024 marcara un punto de inflexión hacia la paz regional. No obstante, la persistencia de los bombardeos y las incursiones aéreas ha desgastado dicha expectativa, avivando nuevamente los temores sobre un estallido bélico de mayores proporciones en el Medio Oriente.

La complejidad de la situación se ve acentuada por las discrepancias en torno a la interpretación técnica y el cumplimiento efectivo de las cláusulas del alto el fuego. A esto se suma la permanencia de destacamentos israelíes en zonas sensibles del sur de Líbano. Para el liderazgo de Hezbolá y el gobierno en Beirut, el cese definitivo de los ataques y la retirada de estas fuerzas son los pilares necesarios para prevenir un retorno a la guerra abierta.

Diversos portavoces internacionales y regionales han manifestado su inquietud ante la posibilidad de una escalada militar mayor. Tanto la administración en Beirut como las Naciones Unidas han advertido que, de continuar la actual tendencia de ataques, se podría originar una crisis de inestabilidad que afectaría no solo a la frontera, sino a toda la región circundante.

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