La escalada de tensiones entre Ecuador y Colombia hay que analizarla desde dos aristas: la seguridad y el ámbito comercial, de acuerdo con Eduardo Egas, presidente ejecutivo de la Corporación de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Corpei), exministro de Producción y exviceministro de Comercio Exterior.
El impase, que se inició como un tema de seguridad, ha tomado matices comerciales después de que los Gobiernos anunciaran recargas del 30 % para sus respectivas importaciones. Colombia ya emitió el listado de 23 productos ecuatorianos, contenidos en 73 subpartidas arancelarias, que serán objeto de la medida.
Para Egas, la decisión del presidente Daniel Noboa de imponer una tasa de seguridad del 30 % a las importaciones colombianas desde el 1 de febrero más bien está dirigida a ese tinte, el de la seguridad, y a la necesidad de reclamar una mayor definición, colaboración y resultados en la frontera contra el crimen organizado y el narcotráfico.
En esta línea, Egas reconoce que los aranceles son una forma de llamar la atención, pero también advierte el riesgo de desviar la concentración del control al crimen organizado a un nuevo elemento de conflicto, que ahora va a ser la relación comercial.
No ve duda de que existe un malestar tanto por los resultados de los últimos años de la relación comercial con Colombia, que resulta deficitaria para Ecuador, como también por el lado de la falta de contribución o coordinación para tratar de frenar la inseguridad generada por el crimen organizado y el narcotráfico con su presencia en Ecuador.
“Ecuador se ha visto sometido en los últimos años a una situación bastante crítica al convertirse en el, llamémoslo, puerto de exportación o canal de comercialización de las drogas que van dirigidas hacia mercados externos, principalmente Europa, pero también Estados Unidos”, apunta Egas.
Las rutas del narcotráfico
Identifica dos rutas para el ingreso de la droga a Ecuador: la ruta del mar, que baja desde México, pasa por Colombia y llega al Ecuador para utilizar su red de puertos, y la ruta de la comercialización, que es la que sale de los puertos o aeropuertos ecuatorianos y llega al mercado europeo o norteamericano principalmente.

Para el experto, detener esta ruta del mar, la de aprovisionamiento, requiere una alta cooperación por lo menos entre los dos países vecinos, Ecuador y Colombia. Y aparentemente aquello no se ha dado y, como consecuencia, en los últimos años se ha incrementado la penetración de drogas desde Colombia a Ecuador, mucho a través de la frontera, que es totalmente violable, desde el Pacífico hasta la Amazonía.
Además, agrega que Ecuador también sufre, porque en algún momento la política de seguridad colombiana determinó o favoreció a que los cultivos de coca se posicionen en la parte sur del país, es decir, en la frontera con Ecuador. Y hoy las mayores producciones de coca se encuentran a lo largo de ella con niveles de producción que se han multiplicado por dos y por tres veces a lo que se tenía hace algunos años, según Egas.
“Y lo que ahora el Ecuador está reclamando es una cooperación efectiva, decidida, para ponerle un freno a esta penetración por frontera, que está prácticamente incendiando el país, porque no solo es un tráfico de drogas, sino todo el crimen que viene acompañado con esto, como son las ‘vacunas’, los secuestros, los actos terroristas, la trata de mujeres y también el contrabando de los productos de las minerías ilegales”, sostiene.
Aranceles altos alimentan el contrabando
Volviendo al tema comercial, Egas asegura que no hay ganador en estas luchas arancelarias, que no tienen sentido, principalmente entre dos países vecinos que tienen un historial comercial que complementa cadenas productivas, que tienen su propio mercado a lo largo de la frontera, del cual viven miles de familias de lado y lado y que, de una otra manera, se verán afectadas.
Otro factor a analizar es que esa cercanía también determina que al imponer aranceles elevados se alimenta el contrabando. “Y las fronteras ecuatorianas, así como son muy permeables para los estupefacientes, las drogas, también han sido siempre muy permeables al contrabando de productos como tal”, subraya el titular de Corpei.
Destaca que Ecuador importa desde Colombia una serie de productos, muchos son materias primas, otros son elementos de la industria del cosmético, de la medicina, del plástico, del cartón, los cuales —de una u otra manera— generan un complemento productivo en el país.
Y aumentar los costos a través de la materia prima va a generar un perjuicio para la industria ecuatoriana, aunque, asimismo, señala que muchos de esos productos comprados a Colombia pueden tener un origen sustituto; por ejemplo, la medicina podría traerse de China, India, etcétera. Sin embargo, puntualiza que, aunque buscar estas alternativas es posible, no deja de ser cierto que no se aprovecharían los encadenamientos productivos que se han venido desarrollando en los últimos años con Colombia.
“En un momento en que todos los mercados externos están inestables, que hay que luchar metro cuadrado por metro cuadrado de los mercados que uno ha conquistado para que no se los lleven otros, estas situaciones crean muchas más inestabilidades e incertidumbres en el sector productivo ecuatoriano, en el sector exportador”, lamenta.
Añade que no hay que olvidar que Ecuador es miembro de la Comunidad Andina. De tal manera que hay un compromiso de apertura total desde el mercado entre estos países que se debe respetar.
Para concluir, Egas señala que la subida de aranceles lleva un mensaje que hay que rescatar: Ecuador y Colombia deben sentarse a resolver el problema del narcotráfico permeando la frontera, que se presta para el lavado de activos y que, de una u otra manera, está deteriorando la economía ecuatoriana. (I)
Fuente: El Universo