Cada 24 de enero, el mundo conmemora el Día Internacional de la Educación, una efeméride establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esta fecha subraya que la enseñanza no es solo un derecho humano fundamental, sino también un bien público y una responsabilidad compartida a nivel global. El objetivo primordial es revitalizar los compromisos de la Agenda 2030, la cual busca garantizar una formación inclusiva, equitativa y de alta calidad para todos los ciudadanos.
Para la edición actual, la consigna establecida es “el poder de la juventud en la cocreación de la educación”. Este enfoque resalta la capacidad de los jóvenes para actuar como motores de innovación y cambio dentro de las estructuras educativas. Se trata de una transición necesaria que busca empoderar a niños, niñas y adolescentes, dejándolos de ver como simples receptores pasivos para reconocerlos como los verdaderos protagonistas de sus propios trayectos formativos.
La visión de los organismos internacionales
Sobre esta premisa, Stefania Giannini, quien se desempeña como subdirectora General de Educación de la UNESCO, ha manifestado una postura clara sobre la integración estudiantil en el diseño pedagógico:
“los sistemas educativos son más sólidos cuando se diseñan junto con aquellos a quienes sirven: los jóvenes y los estudiantes”
Asimismo, la funcionaria enfatizó que:
“Las y los jóvenes deben ser reconocidos no como observadores, sino como socios activos y cocreadores del cambio en todos los niveles: en las escuelas, a nivel nacional y en los programas de cooperación internacional para el desarrollo. ¡Nuestro futuro depende de ello!“
Cifras que exigen acciones urgentes
A pesar de los esfuerzos internacionales, la realidad estadística presenta desafíos alarmantes. En la actualidad, aproximadamente 244 millones de niños y jóvenes se encuentran fuera del sistema escolar. A esto se suma que 771 millones de adultos padecen de analfabetismo. Estas vulneraciones al derecho educativo impiden que las naciones alcancen objetivos críticos como la igualdad de género o la ruptura de los ciclos de pobreza que afectan a millones de familias.
La formación académica es el pilar que facilita la inserción social y el acceso a empleos dignos y estudios de nivel superior. Aprender habilidades prácticas para la vida cotidiana permite a las personas tomar conciencia de su entorno y obtener las herramientas necesarias para modificarlo, siempre bajo la premisa de disfrutar el proceso de adquisición de conocimientos.
Transformar la práctica docente y escolar
Bajo la perspectiva planteada en la obra Escuelas ondulantes. Aprender a enseñar para enseñar a aprender, es imperativo que la sociedad se cuestione el propósito de la educación actual y las metodologías empleadas en el contexto contemporáneo. Si se acepta que la juventud debe ser cocreadora, el reto es inmediato y profundo.
No basta con consultas simbólicas o menciones en documentos oficiales que no impactan en la realidad del aula. Escuchar verdaderamente a los estudiantes exige que las instituciones estén dispuestas a ceder cuotas de poder y a flexibilizar currículos cerrados y estructuras rígidas que, históricamente, han operado bajo una lógica de desconfianza.
- Investigación activa: Fomentar que los alumnos exploren problemas de la vida real.
- Autonomía pedagógica: Permitir que los estudiantes formulen sus propias interrogantes.
- Sentido del aprendizaje: Entender que el conocimiento genuino surge donde existe el deseo.
En este escenario, el docente adquiere un rol renovado. Ya no se trata de una figura de control o vigilancia, sino de un mediador cultural y un guía que acompaña desde la ética del cuidado y la hospitalidad. Ejercer la pedagogía hoy implica confiar en las capacidades del otro y orientar sin anular la voz del estudiante.
El Día Internacional de la Educación debe trascender la celebración para convertirse en un espacio de reflexión crítica. Lograr sistemas más democráticos y justos requiere de políticas públicas sólidas y de adultos que no teman aprender junto a las nuevas generaciones. En un entorno marcado por la incertidumbre tecnológica y la desigualdad, apostar por el potencial de la juventud es una decisión política estratégica para el desarrollo humano.
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