Durante sus últimos días de vida en 1961, el célebre escritor Ernest Hemingway enfrentaba un complejo cuadro de salud mental marcado por la depresión, la paranoia y delirios. En este contexto, fue ingresado en la Clínica Mayo, donde recibió cuidados de un equipo de enfermeras de la orden católica, bajo la supervisión directa de sor Inmaculada.
A pesar de que los detalles cotidianos de su convivencia se han desvanecido con el tiempo, el vínculo entre el autor y la religiosa fue lo suficientemente significativo para que el ganador del Premio Nobel le obsequiara un ejemplar de su obra maestra, El viejo y el mar. El libro incluía una dedicatoria cargada de una esperanza inesperada, fechada el 16 de junio de 1961.
«A la hermana Inmaculada: este libro, con la esperanza de escribir otro igual de bueno para ella cuando mi suerte para escribir vuelva a funcionar bien. y lo hará».
Lamentablemente, ese anhelo no se materializó. Apenas 16 días después de redactar esas líneas, el 2 de julio de 1961, Hemingway terminó con su vida en su residencia ubicada en Idaho. El mensaje en el libro quedó como uno de sus últimos registros escritos.
Un tesoro literario que sale a la luz
Por más de seis décadas, las Hermanas de San Francisco de Rochester, en Minnesota, custodiaron este ejemplar único. Tras años de reserva, la congregación decidió donar la pieza al Museo del Premio Nobel de Estocolmo, institución que preserva el legado de más de 900 mentes brillantes. Este volumen representa el primer objeto personal de Hemingway que se incorpora a dicha colección sueca.
Ulf Larsson, curador jefe del museo, destacó la relevancia histórica del artículo, que será exhibido a la brevedad posible tras una ceremonia oficial de entrega. «Este objeto es una maravillosa incorporación a nuestra colección porque está repleto de historias», señaló el experto, enfatizando que es la pieza ideal para profundizar en la vida y el destino del autor.
La decisión de la orden religiosa de desprenderse del libro nació del deseo de compartirlo con el mundo. La hermana Marisa McDonald, integrante del consejo de liderazgo de la orden franciscana, explicó que consideraban inapropiado mantener una obra de tal magnitud guardada en una bóveda privada donde nadie pudiera apreciarla.
Autenticidad y contexto histórico
Aunque la verificación se basó inicialmente en fotografías, Larsson confirmó que la caligrafía y los signos de puntuación son consistentes con otros documentos auténticos de Hemingway de esa misma época. Además, el hecho de ser una donación sin fines de lucro refuerza la legitimidad del hallazgo. Cabe recordar que el autor obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1954, reconocimiento que destacó precisamente su maestría narrativa en El viejo y el mar.
Hacia 1960, el escritor sufría por su incapacidad para alcanzar la excelencia literaria mientras redactaba sus memorias, publicadas posteriormente como París era una fiesta. Esta frustración lo llevó a internarse en la unidad psiquiátrica del Hospital Saint Marys en dos ocasiones durante 1961, donde fue sometido a terapias de electroshock.
El vínculo con sor Inmaculada
El centro hospitalario donde Hemingway fue tratado tenía una larga tradición franciscana desde su fundación en 1889. Sor Inmaculada, cuyo nombre de nacimiento era Helen Hayes, contaba con 37 años cuando asistió al autor. Sus compañeras la recuerdan como una mujer de profunda compasión y ternura, cualidades que parecen haber resonado en el escritor.
Sandra Spanier, editora del Proyecto de Cartas de Hemingway, sugiere que este gesto revela un lado humano y cálido del autor que a menudo es opacado por su fama de hombre rudo. «Creo que fue muy amable y considerado por su parte decir algo positivo a quien se había preocupado por él», afirmó la académica.
El redescubrimiento del ejemplar
El libro permaneció en las estanterías de la biblioteca del hospital durante años, accesible para las religiosas pero prácticamente olvidado por el mundo exterior. Fue hace cinco años cuando Curtis DeBerg, profesor jubilado y experto en la vida del autor, supo de su existencia gracias al comentario de una de las hermanas mientras realizaba investigaciones para sus libros Traveling the World With Hemingway y Wrestling With Demons.
DeBerg considera que las palabras finales de la dedicatoria son particularmente conmovedoras y plantean interrogantes sobre el estado mental de Hemingway. Se cuestiona si el autor realmente creía en su recuperación tras los tratamientos o si el tono optimista era una estrategia para obtener el alta médica otorgada por el psiquiatra Howard Rome el 26 de junio de 1961.
Finalmente, tras la sugerencia de DeBerg, la orden accedió a la donación. Durante la ceremonia en Suecia, se programó la lectura de fragmentos de su obra por el actor Isa Aouifia, celebrando así el legado de un hombre que, según Larsson, estuvo «todavía esperanzado, todavía escribiendo, todavía intentando atrapar una historia más» hasta el final.
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