Las treponematosis representan un conjunto de patologías infecciosas que comprenden afecciones como la sífilis, el pian, el bejel y, con gran probabilidad, el mal de pinto o pinta. Estos padecimientos dañan fundamentalmente los huesos, las mucosas, la piel y diversos tejidos en los seres humanos, siendo provocados por bacterias del tipo espiroquetas pertenecientes al género Treponema.
Recientemente, un equipo multidisciplinario de científicos internacionales logró recuperar el genoma más longevo registrado en el continente americano del patógeno Treponema pallidum. El hallazgo se produjo en la Sabana de Bogotá, Colombia, tras analizar restos humanos con una antigüedad de 5.500 años.
La investigación, que ha sido difundida a través de la prestigiosa revista científica Science, puso de manifiesto que la diversidad genética de estos microorganismos era considerablemente más amplia de lo que se estimaba previamente. Además, el estudio sitúa en América un linaje bacteriano hasta ahora ignorado, el cual ya existía mucho antes del arribo de las expediciones europeas.

De acuerdo con el análisis filogenético efectuado al genoma, denominado técnicamente como TE1-3, este se posiciona como
“una rama hermana que diverge tempranamente de todas las subespecies modernas de T. pallidum”
.
Un esfuerzo de colaboración científica internacional
En el desarrollo de esta investigación participó un equipo de alto nivel conformado por Davide Bozzi y Anna-Sapfo Malaspinas, procedentes de Suiza, junto a Miguel Delgado, integrante de la Universidad Nacional de La Plata y el Conicet en Argentina.
Asimismo, el estudio contó con la intervención de especialistas de la Universidad de Lausana en territorio suizo y de la Universidad de California en Santa Cruz, ubicada en los Estados Unidos. En el proceso también brindó su colaboración el científico de origen argentino Nicolás Rascovan, vinculado al Instituto Pasteur en Francia, entre otros expertos de diversas instituciones mundiales.
Davide Bozzi, autor principal de la investigación y miembro del Instituto Suizo de Bioinformática y la Universidad de Lausana, puntualizó sobre el descubrimiento:
“Este hallazgo revela la existencia de un linaje de Treponema pallidum muy divergente y previamente desconocido. Esto sugiere la presencia de una gran diversidad de T. pallidum en Sudamérica ya hace milenios»
.

Tras los resultados obtenidos, los investigadores pueden sostener con rigor científico que esta bacteria afectaba ya a las poblaciones de cazadores-recolectores hace unos 5.500 años. Según indican, es viable que su presencia se remonte incluso hasta el Pleistoceno Tardío, coincidiendo con la última Edad de Hielo.
Respecto a la evolución de la relación entre el patógeno y el ser humano, Bozzi destacó:
“Esto retrotrae la asociación de este patógeno con las poblaciones humanas por miles de años, lo que sugiere un origen antiguo para este patógeno. Aunque este linaje recién descubierto pudo haberse extinguido en algún momento de la historia humana, también podría representar un ancestro de un linaje moderno que aún no se ha muestreado, como el responsable de la enfermedad llamada pinta o mal de pinto”
.

Por otro lado, el experto mencionó que este hallazgo es fundamental para calcular que la diversificación de las subespecies actuales ocurrió hace aproximadamente 6.000 años antes del presente. Estos datos en su conjunto revelan que diversos linajes de subespecies ya se encontraban en proceso de diversificación en el continente americano durante los últimos milenios.
No obstante, el investigador aclaró que, si bien se ha arrojado luz sobre la cronología evolutiva del microorganismo,
“aunque aclaramos la historia evolutiva del patógeno, nuestros resultados no resuelven las preguntas sobre el surgimiento de las enfermedades modernas específicas, una cuestión que, por ahora, sigue sin respuesta”
.
Detalles sobre el linaje TE1-3: El ancestro hallado en Tequendama

El nombre TE1-3 fue asignado por los especialistas al genoma de la bacteria del grupo Treponema pallidum extraído de un individuo que habitó el refugio rocoso conocido como Tequendama I, en la Sabana de Bogotá, hace más de cinco milenios.
El doctor Miguel Delgado aportó detalles sobre la naturaleza de este descubrimiento:
“Los análisis genéticos y filogenéticos muestran que TE1-3 es una rama hermana que se separó antes que todas las subespecies modernas conocidas de T. pallidum, como las que hoy causan sífilis, pian y bejel»
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Bajo esta premisa, el TE1-3 no se clasifica dentro de ninguna de las variantes contemporáneas de la enfermedad, sino que constituye una variedad sumamente arcaica y distintiva dentro de la especie global de T. pallidum. Por ello, la comunidad científica ha determinado que este linaje es, con alta probabilidad, una subespecie hasta ahora no documentada.

Un dato relevante es que los genes vinculados a la virulencia —es decir, los componentes que dotan a la bacteria de la capacidad de enfermar al huésped— ya se encontraban activos en este linaje prehistórico, confirmando su potencial para infectar a los seres humanos de aquella época.
Finalmente, Bozzi subrayó que estos resultados no determinan el origen exacto de la sífilis como patología clínica, sino que ofrecen datos valiosos sobre el periodo en que las subespecies comenzaron a separarse.
“Se sabe poco sobre la biología de estos microorganismos y los mecanismos que explican su capacidad para causar enfermedades. Para entender completamente cuándo surgieron los síndromes actuales, se necesitan más experimentos que permitan comprender mejor los genes implicados en las diferentes manifestaciones de las enfermedades treponémicas”
, concluyó.

A pesar de los avances, la ciencia aún busca responder interrogantes sobre el momento preciso en que el T. pallidum inició su adaptación al Homo sapiens, así como el rol que jugaron los reservorios animales en la persistencia de estas infecciones y qué factores socioecológicos impulsaron su diversificación en el pasado.
Fuente: Infobae